Cultura en la Mira

Los mejores discos de Beethoven (III y final)

Con esta entrega finalizamos la triada total de 33 grabaciones con obras de Ludwig van Beethoven, recomendadas por el libro 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir.
lunes, 4 de enero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con esta entrega finalizamos la triada total de 33 grabaciones con obras de Ludwig van Beethoven, recomendadas por el libro 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir (Grijalbo, Random House Mondadori, 2008), edición dirigida por Matthew Rye y adaptación española a cargo de Luis Suñén. 

“Patética” (1798)

Solo hay que oír el primer acorde de la Sonara para piano en Do menor, opus 13, para darse cuenta de que el título alude al espíritu del pathos griego, más que a un sentido de lo “patético”. Vladimir Ashkenazy (Gorki, 1937) aporta un lirismo fluido en sus secciones exteriores y su rondó en el tercer movimiento está muy equilibrado, pero con una calidad vibrante y un encanto caprichoso adecuados para un movimiento que, al parecer, Beethoven tocaba “con muy buen humor”. Dos CDs, año de grabación 1981, en sello Decca.

“Primavera” (1800)

Aunque Beethoven consideraba que sus sonatas para violín eran primero para piano y después para violín, los violinistas del siglo XIX utilizaron varias de ellas, en especial la “Primavera” y la “Kreutzer” como vehículo para demostrar su virtuosismo. Parece extraño que se elija una grabación de 1933, pero la realidad es que esta famosa interpretación, en discos APR, jamás ha sido superada, con Adolf Bush (Westfalia, 1891-1952) al violín y Rudolf Serkin (Bohemia, 1903-1991) al piano. Como dijo Serkin: “Desde la primera vez que tocamos juntos, fuimos como uno solo”. Otros discos:

Henryk Szeryng e Ingrid Haebler (“Una interpretación lírica y bellamente equilibrada”), Philips Eloquence; Augustin Dumay y Maria Joâo Pires (“La recopilación completa más recomendable, con una encantadora ‘Primavera’”), en Sonatas Completas, de Deutsche Grammophone; Itzhak Perlman y Vladimir Ashkenazy (“Estos intérpretes alcanzan su máximo nivel en la sonata ‘Primavera’”), Sonatas Completas para discos Decca.

“Sinfonía número 1” (1800)

George Szell (Budapest, 1897-1970) convirtió la Orquesta de Cleveland en la sinfónica más inmaculada y precisa de la década de 1960. Su grabación de la Primera Sinfonía de Beethoven es una maravilla de oficio y perfección orquestal que sintetiza la energía infecciosa y la elegancia refinada sobre un fondo de diestro control y aplomo aristocrático. Discos Sony SBK, año 1964.

“Cuartetos de cuerda, opus 18” (1800)

Beethoven tomó los cuartetos de Hayden (y en menor medida, los de Mozart) y desarrolló la forma en espectaculares direcciones. Tanta innovación exige un cuarteto que esté atento al desgarrado drama de este periodo de la música de Beethoven técnicamente supremo. El Cuarteto Takács (Dusinberre, Fejér, Schranz y Walther) no tiene rival entre los cuartetos modernos. En cada audición parecen revelarnos algo nuevo. Doble CD Decca, años 2002 y 2003. 

“Razumovsky” (1806)

Los tres magistrales cuartetos conocidos como “Razumovsky” llevan el nombre del conde Andrei Razumovsky (Ucrania, 1752-1836), embajador ruso de Viena, que pidió a Beethoven que le compusiera unos cuartetos que incluyeran melodías rusas. El propio Razumovsky era un músico competente que solía tocar como segundo violín en los cuartetos. Esta mezcla de lo frenético y lo pausado cobra vida brillantemente en manos de The Lindsay (Briks, Cropper, Ireland, Gregor-Smith), que tuvieron estos cuartetos como parte central de su repertorio. La pura crudeza de su modo de tocar en algunos momentos incrementa la excitación visceral de las interpretaciones para los dos discos ASV de 1984. 

“Sonata para piano en La bemol mayor, op. 110” (1921)

Beethoven pasó gran parte de 1821 enfermo, y aunque completó en el otoño de 1829 la primera de las tres sonatas para piano proyectadas (opus 109), la partitura autógrafa del op. 110 lleva la fecha de un año más tarde. “Ahora, gracias a Dios –escribió en noviembre de 1821--, las cosas van mejor, la recuperación de mi salud me animará y podré volver a vivir para mi arte.”

Por desgracia, Emil Gilels (Odesa, 1916-1985), uno de los grandes pianistas del siglo XX, murió antes de completar su ciclo de sonoras de Beethoven para Deutsche Grammophone. “Gilels tenía un sonido propio muy especial… un sonido de oro”, decía su colega Evgeni Kissin. Otros:

grabación del inglés Solomon Cutner de 1956, remasterizada por Testament, “demuestra el aplomo y maestría de un gran artista”. Del checo Alfred Brendel (“Grabación –en CD doble—claramente concebida y luminosamente ejecutada de un maestro del repertorio austro-alemán”), y Sviatoslav Richter (“Momentos de grandeza --a pesar de un movimiento bastante moderado--, en grabación en directo de 1991”), ambos de Phillips.

“Sonata para piano en Do menor opus 111” (1822)

Tal y como dice el profesor de órgano Wendell Kretschmar en la novela Doktor Faustus (1947) de Thomas Mann (Lubeca, 1875-Zúrich, 1955): “¿Un tercer movimiento? ¿Un nuevo enfoque? ¿Un regreso tras esta despedida? ¡Imposible!” Beethoven no obstante, insiste en su interés por la fuga con una variación muy penetrante y continuos trinos. Maurizio Pollini (Milán, 1942) capta de manera incansable el drama elemental y el espíritu tronante del primer movimiento; introduce la risueña y angulosa primera fuga con la debida violencia, y su facilidad para desenredar los hilos del contrapunto es una pura delicia. Año de grabación 1977 para Deutsche Grammophone. Otras:

Richard Goode (“Profundidad y no poco instinto por uno de los mejores intérpretes modernos de sonatas de Beeethoven”), Nonesuch; Mitsuko Uchida (“La primera grabación de Uchida de las sonatas para piano de Beethoven, son su característica riqueza de pasión y reflexión”, Phillips; Mijail Pletnev (“El impetuoso ruso, en una actuación típicamente espontánea en el Carnegie Hall”), Deutsche Grammophone. 

“Missa Solemnis” (1823)

La Missa solemnis (Misa solemne) de Ludwig van Beethoven (“¡Que vaya del corazón al corazón!”) lo mantuvo ocupado durante casi cuatro años y está considerada como una de las supremas obras corales del siglo XIX. La dinámica espiritualidad de Nikolaus Harnoncourt (Berlín, 1929-2016) se sirve de las posibilidades de las nuevas fuerzas instrumentales de la Orquesta de Cámara de Europa y los solistas Robert Holl, Marjana Lipovsek, Eva Meil, Anthony Rolf Johnson; pero los instrumentos originales (trompetas, trombones y timbales) añaden una especial penetración sonora en esta grabación para los dos CDs del sello Teldec en 1992. Otros discos:

Coro de la Radio de Leipzig y de la Radio Sueca, con Orquesta Filarmónica de Vieja, de James Levine (“Versión expansiva del Festival de Salszburgo de 1991)”; bajo la batuta de John Eliot Gardiner: Coro Monteverdi, English Barroque Soloists (“Lectura clara y poco sentimental con instrumentos originales), y Misa en Si, Coro Monteverdi, Orchestre Révolutionnaire et Romantique (“Primera Misa de Beethoven, a menudo infravalorada”), Deutsche Grammophone. 

“Variaciones Diabelli” (1823)

En 1819 el editor de música vienés Anton Diabelli (Mattsee, 1781-Viena, 1858) hizo circular un vals banal compuesto por él mismo y pidió a cincuenta compositores que realizaran sus respectivas variaciones. Parte de las variaciones de Beethoven radica en la tensión entre el trillado tema de Diabelli y el alcance imaginativo de su propia versión. Entre la abigarrada serie de grabaciones de las Variaciones Diabelli, la de Piotr Anderszewski (Polonia, 4 de abril de 1969) destaca por su permanente seriedad, rebosante de vida. En sello Virgin, grabación del año 2000. 

Sinfonía número 9, “Coral” (1824)

Desde su misterioso e indefinido inicio hasta un final poco convencional, la Novena de Beethoven es seguramente la más rica y provocadora de sus sinfonías. La interpretación del Coro del Festival de Bayreuth es impagable por su capacidad para abarcar toda la amplitud de la visión del compositor. La propuesta de Wilhelm Furtwängler (Berlín, 1886-1954), de 1951 para discos EMI, desarrollada junto con el teórico Heinrich Schenker (Ucrania, 1868-1935), une la fuerza elemental con espontaneidad dionisiaca que fluctúan los tempos siguiendo el contorno de la topografía expresiva de la obra. 

“Cuartetos de cuerda, opus 127 a 135” (1825-26)

Desde Bach no se había utilizado una forma tan estricta para un final de tanta potencia emocional. Es fácil imaginar que la sordera de Beethoven lo había llevada a tales niveles de introspección que ya no necesitaba percibir las reacciones del mundo exterior. Parece que la verdad es más importante que la belleza y es posible encontrarla de la forma más mágica en las interpretaciones del Cuarteto Takács, en estas grabaciones de 2005 para Decca. 

(Colaboraciones de Grijalbo Random House Mondadori: Deborah Calland, Jessica Duchen, Hilary Finch, Harriet Smith y Helen Wallace, et al. Algunos videos son recomendación de Proceso, quien agradece al chelista y locutor Javier Platas, de Radio Imer, la inspiración para estas tres entregas.)

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