Cine

"Juana de Arco"

Con "Jeanne", vista como arquetipo de la niña eterna, epifanía de la puella, hija de la divinidad, Bruno Dumont accede a la psique del espectador y deja su propia huella con esta versión de la Doncella de Orleáns.
sábado, 9 de octubre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El tema de la Doncella de Orleáns es uno de los más recurrentes en la literatura y en todas las artes francesas; en el cine, Jeanne se haya presente desde sus inicios, 1900, con la Jeanne d’Arc de Georges Meliès.

La pasión de Juana de Arco, de Carl T. Dreyer, realizada en 1928, ocho años después de que esta virgen guerrera fuera, por fin, canonizada, es toda una catedral cinematográfica, insuperable frente a todas las Juanas que la heredaron en la pantalla: la de Rossellini, Otto Preminger, Jeacques Rivette y otras, incluso la notable El proceso de Juana de Arco de Robert Bresson­ (1963), emblema de todos los tribunales falsos.

El altivo profesor de filosofía Bruno Dumont no podía quedarse atrás. Jeanne (France, 2019), que exhibe la Cineteca, coincide con el centenario de la canonización, y sucede a Jeannette (2017), mirada sobre la infancia de la santa, contribuye a la serie de monumentos de este emblema nacional; el director de la austera La vida de Jesús, consciente del peso histórico, artístico y teológico de l’affaire Jeanne, realiza un trabajo que dialoga sutilmente con este mito fundador de la identidad francesa por medio de meta-discursos y anacronismos.

A la grandilocuencia de coreografías de caballos en la batalla, o la belleza aplastante de la catedral de Reims (en vez de la de Orleáns) filmada en picadas y contrapicadas vertiginosas, Dumont opone la sencillez de Juana, interpretada por una niña de diez años, Lise Leplat Prudhomme, la misma actriz de Jeannette un par de años atrás.

Esta Juana funciona como la metáfora de las Juanas anteriores, sostiene la pureza de una guerrera de Dios que nunca habría dejado de ser niña; Dumont se centra en los ojos de su actriz, una mirada que revela la intensidad de su vida espiritual, la certeza de un llamado divino, entereza frente al gran guiñol de políticos y religiosos, los borgoñeses aliados de los invasores ingleses que organizan el juicio y bombardean a esta niña campesina de argumentos teológicos, leyes de derecho canónico, para condenarla por hechicera y hereje.

Con Jeanne, vista como arquetipo de la niña eterna, epifanía de la puella, hija de la divinidad, Dumont accede a la psique del espectador y deja su propia huella con esta versión de la Doncella de Orleáns; quizá de manera un tanto oportunista, el director evoca las condiciones de abuso a la infancia, la misoginia y el desprecio de estos hombres en el poder.

Libremente adaptada de un bello texto de Charles Péguy, “El misterio de la caridad de Juana de Arco”, Jeanne combina el ambiente del misterio, género dramático en la Edad Media para representar vidas de santos y pasajes bíblicos, con la música de Christophe, recién fallecido, o los bunkers alemanes de la segunda Guerra Mundial a manera de celdas medievales; la connotación sobre el fascismo en el poder es obvia pero rica.

Crítica publicado el 3 de octubre en la edición 2344 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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