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“La casa oscura”: de paseo con la muerte

"La casa oscura" es una efectiva aventura de terror tradicional, con una elegante hechura visual.
sábado, 9 de octubre de 2021

MONTERREY, NL (proceso.com.mx).– Desde el primer momento La casa oscura (The night house, 2020) presenta un enigma inquietante, relacionado con la muerte repentina del esposo de Beth (Rebecca Hall), y las causas que rodean la tragedia.

El deceso la mueve a estados de crispación nerviosa, que ascienden en una escalada que la hace sentir desapegada de la realidad. Se siente aturdida, por el desconcierto, pues no hay razón para saber cómo es que el hombre partió. Y eso, a ella, la está volviendo loca.

Hasta que la reflexión la mueve a quitar los velos que cubrían algunos enigmas que se van aclarando conforme se introduce en la vida que llevaba y que, parece, era paralela a la compartían. Se da cuenta de que su residencia se ha convertido en una mansión ocupada por fantasmas y que su marido era un desconocido.

El guion de Ben Collins y Luke Piotrowski es un laberinto de terror sobrenatural, bien construido en el que, parece, todos los senderos llevan a secretos inconfesables que, sin embargo, están más allá de cualquier entendimiento.

De esta forma, se van presentando situaciones con una inteligente y bien elaborada progresión de revelaciones, que se mueven hacia un punto exasperantemente elusivo. En realidad, el enigma está tan bien elaborado que, por momentos, parece confuso e indiscernible, porque las pistas proporcionadas son minúsculas.

En este juego detectivesco, lo que realmente importa es la creación de una atmósfera sobrecogedora en la lujosa casa solariega que se encuentra a la orilla de un lago apacible, de aguas quietas que es, al mismo tiempo, inquietante, por su vastedad y la inmensa soledad que proyecta en las noches de luna llena.

Aunque no se presentan situaciones nuevas, pues el drama se concentra en la vieja historia del muerto que quiere transmitir un mensaje a los vivos, la dirección de David Buckner hace que toda la situación parezca una larga pesadilla estilizada en la que Beth se encuentra atrapada, como una víctima que está obligada, sin saberlo, a ajustar cuentas con el más allá.

El suspenso es escalofriante. Con una sobrecarga de efectos CGI (imágenes generadas por computadora), el desenlace es un sorprendente juego de espejos, en el que ella no sabe si está en la realidad o en territorios del sueño, al tener que enfrentar contra su voluntad el horror que la rodea.

Es hasta el momento último cuando descubre la solución de las dudas que la atormentan, y conoce el origen de la acechanza diabólica, en un impactante cruce de Destino Final (Final Destination, 2000) y Corazón Satánico (Angel Heart, 1987).

La casa oscura es una efectiva aventura de terror tradicional, con una elegante hechura visual.

 

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