Literatura

Dostoievski y la serie fotográfica "Los Hermanos Karamazov", de Alexei Vassiliev

Hoy se cumplen 200 años del natalicio de Fiodor Mikhailovich Dostoievski. Para conmemorarlo, reproducimos el texto publicado en el número 1896 del 3 de marzo de 2003, a propósito de la exposición en París del fotógrafo ruso y colaborador de Proceso Alexei Vassiliev, inspirada en la obra del escritor
jueves, 11 de noviembre de 2021

¿Cómo la cámara de Alexei Vassiliev pudo sorprender esa evanescente aparición de Dostoievski? ¿Qué extraña sesión de espiritismo permitió que el escritor fallecido en 1881 accediera a dejarse fotografiar en pleno siglo XXI? ¿Cómo explicar la presencia tan tangible de Dmitri, Iván, Alexei Karamazov, de Smerdiakov y de algunos de los protagonistas de Los Hermanos Karamazov? ¿Cómo lograron materializarse? ¿Qué hizo Alexei Vassiliev para ser testigo de esa encarnación y darle forma artística? Estas son las interrogantes que plantea la exposición del fotógrafo ruso en el Museo-Casa de Víctor Hugo en París. Al mismo tiempo, se narra la profunda admiración que Dostoievski tuvo por la obra del novelista francés y el momento en que estuvieron a punto de conocerse.

PARÍS, FRANCIA (Proceso).- El nombre de la muestra, inaugurada el pasado 19 de febrero, suena insólito: Victor Hugo invita a Fiodor Dostoievski. Los Hermanos Karamazov fotografiados por Alexei Vassiliev. Y más insólitas aún son las obras expuestas en la Casa de Victor Hugo que se encuentra en el número 6 de la Place de Vosgues, la más antigua y la más armoniosa de la Ciudad Luz. Quince retratos difuminados y espectrales parecen surgir de un más allá de angustias y tormentos.

El de Fiodor Mijailovich Dostoievski es el único retrato de cuerpo entero a tamaño natural. Expuesto solo, se impone, tenebroso e hipnotizante. A su derecha, en otro muro aparecen los rostros de Fiodor Pavlovich Karamazov y de sus tres hijos legítimos: Dmitri, Iván, Alexei, junto con el de Pavel Fiodorovich Smerdiakov, el hijo bastardo maléfico. En una tercera pared se observan tres mujeres: Gruchenka, Katerina Ivanovna y Lisaveta La apestosa, que Alexei Vassiliev retrata a la vez como personajes femeninos de la novela y figuras arquetípicas de la creación dostoievskiana. A su lado se encuentra el ambicioso Rakitin.

El salón contiguo al dormitorio de Victor Hugo alberga cinco fotos más: un retrato de grupo y otro que representa al Starets Zosima. Personificación de las inquietudes religiosas, espirituales y metafísicas de Dostoievski, el sabio monje luce más fantasmagórico incluso que todos los demás personajes. De su rostro descarnado, bañado en una luz tenue, emana un magnetismo casi sobrenatural. Contrastan con ese retrato tres fotos conmovedoras de niños: las de Iliucha Sneguirov, Lisa Khokhlakova y Kolia Krasotkin. Son imágenes frágiles de la inocencia todavía preservada del mal que gangrena al mundo.

Tanto Fiodor Mijailovich como sus personajes vibran con una intensidad cautivadora y suscitan múltiples preguntas:

¿Cómo la cámara de Alexei Vassiliev pudo sorprender esa evanescente aparición de Dostoievski? ¿Qué extraña sesión de espiritismo permitió que el escritor fallecido en 1881 accediera a dejarse fotografiar en pleno siglo XXI? ¿Cómo explicar la presencia tan tangible de Dmitri, Iván, Alexei Karamazov, de Smerdiakov y de algunos de los protagonistas de la última novela escrita por Dostoievski? ¿Cómo lograron materializarse? ¿Qué hizo Alexei Vassiliev para poder ser testigo de esa encarnación y darle forma artística?

El fotógrafo, nacido en Moscú, radicado en París desde hace 20 años y colaborador de Proceso, confiesa que la génesis de su serie fotográfica sobre Fiodor Dostoievski y Los Hermanos Karamazov sigue siendo bastante misteriosa para él.

Según cuenta, todo empezó en 2002 cuando estaba trabajando sobre una serie fotográfica titulada Des-Apparitions. Se trataba de retratos de desconocidos tomados en un lugar público poco iluminado con paredes rojo oscuro.

"Todos se veían borrosos, hundidos en una sorda desesperanza, como golpeados por el destino. Pensé que tenían algo dostoievskiano. Empecé a imaginar una serie fotográfica inspirada por Fiodor Mijailovich. E inclusive me atreví a fantasear: vi estas fotos imaginarias expuestas en el Museo-Departamento de Dostoievski en San Petersburgo. Ese lugar me atrae desde mi adolescencia…", confía el artista.

Pasó el tiempo y los sueños de Alexei Vassiliev se volvieron tan difuminados como sus fotos…

"Era ÉL"

"Un día mientras revisaba fotos de mis archivos descubrí una tomada en 2004 que no había notado antes. La amplié y me quedé estupefacto. En seguida reconocí esa silueta gris que brotaba de la penumbra. Era ÉL. Sólo su frente estaba iluminada.

"Busqué retratos de Dostoievski que tengo en mi taller. Los comparé con el que había invadido la pantalla de mi computadora. Pensé que alucinaba. Decidí imprimir la foto. Recuerdo que temía que la hoja apareciera en blanco. Pero no: salió el retrato de Fiodor Mijailovich."

Renació entonces la idea de dedicar la serie fotográfica a Dostoievski y a su última novela, Los Hermanos Karamazov, que representa para Alexei Vassiliev la quintaesencia de la obra del escritor y metáfora absoluta de la condición humana.

Pero fue solamente el año pasado cuando el artista dedicó tiempo a ese proyecto, volviendo a visitar sus archivos en busca de los principales protagonistas de la novela.

"Por muy extraño que eso pueda parecer, estaba convencido de que, al igual que Fiodor Mijailovich, sus personajes se escondían entre la multitud de fotos que tomé en los 10 últimos años. Fue una búsqueda larga, tan exultante como ardua", reconoce.

Alexei Vassiliev acabó "encontrando" a 12 personajes de Los Hermanos Karamazov y "realizó" también dos retratos de grupo. Juntó estas fotos en un álbum que una amiga suya presentó al Museo de Dostoievski de San Petersburgo.

La reacción de Natalia Ashimbaeva, directora del museo, rebasó los sueños más optimistas del fotógrafo: no sólo "reconoció" a Fiodor Mijailovich y a cada uno de los protagonistas retratados, sino que propuso que se expusiera la serie en el departamento del escritor.

La muestra se inaugurará el próximo 11 de noviembre, día del aniversario del natalicio de Fiodor Mijailovich (1821), y coincidirá con la celebración de un coloquio que reunirá a los más destacados especialistas internacionales de Fiodor Dostoievski.

Natalia Ashimbaeva no fue la única en abrir las puertas de "su" museo a los fantasmas fotográficos de Dostoievski y sus personajes. También se atrevió a hacerlo Gérard Audinet, director del Museo Victor Hugo, quien descubrió las fotos singulares de Alexei Vassiliev a finales del año pasado e ideó muy pronto esa invitación insólita del escritor francés a su colega ruso.

Historiador del arte, exconservador del patrimonio del Museo de Arte Moderno de París, Audinet llegó a la Plaza de los Vosgos con la intención de crear puentes entre el genio multifacético de Victor Hugo y la creación contemporánea.

"La fotografía apasionaba a Victor Hugo y a sus hijos François-Victor y Charles. Los tres le dedicaron muchísimo tiempo durante los años de exilio en Jersey", recuerda Gérard Audinet.

Victor Hugo se encargaba de la escenografía de las fotos y dejaba la parte técnica a sus hijos. El museo tiene alrededor de 350 fotografías de muy buena factura en las que los Hugo, padre e hijos, retrataron a su familia e inmortalizaron paisajes de la isla de Jersey.

La invitación que lanzó Hugo a Dostoievski le encantó a Natalia Ashimbaeva.

"La admiración de Fiodor Mijailovich para con Victor Hugo era inmensa -cuenta a la reportera-. Le hubiera gustado sobremanera conocerlo personalmente. Pero no fue posible."

A diferencia de Honoré de Balzac, quien visitó San Petersburgo en 1844 y simpatizó con el entonces muy joven y petulante Fiodor Dostoievski, Victor Hugo nunca viajo a Rusia. Y cuando Dostoievski pasó por París durante sus recorridos por Europa en 1862 y 1863, Victor Hugo vivía exiliado en la isla británica de Guernesey.

En 1878 los dos escritores estuvieron a punto convivir en la Ciudad Luz, donde se realizó el Congreso Literario Internacional. Victor Hugo lo presidía y Fiodor Dostoievski era uno de los más ilustres invitados. Pero el autor de Crimen y Castigo no pudo participar en el coloquio, cuyo mayor atractivo para él era conocer a Victor Hugo.

Confia Natalia Ashimbaeva:

“En la carta de disculpa que dirigió a Edmond About, presidente de la Société des Gens de Lettres de Francia y organizador del evento, Fiodor Mijailovich celebró a ese poeta cuyo genio ejerció una poderosa influencia sobre mí desde la infancia…."

Hugo retrata a Fiodor

Precisa la directora del museo ruso: "En la biblioteca personal de Dostoievski había varias obras de Victor Hugo en francés, entre ellas destacadamente El último día de un condenado a muerte. Esa obra marcó profundamente a Fiodor Mijailovich."

La novela es un largo monólogo de un preso en cuyas últimas 24 horas de vida describe sus angustias, desgrana sus recuerdos, evoca su sufrimiento físico y moral. Ese formidable alegato contra la pena capital causó fuertes polémicas en Francia cuando se publicó en 1829.

En ese entonces Dostoievski tenía escasos siete años. Más tarde descubrió la novela de Victor Hugo. Se estremeció leyéndola, y no era para menos: a Fiodor Mijailovich le había tocado vivir exactamente la misma experiencia trágica que al protagonista de la novela de Hugo.

Acusados de complotar contra el zar Nicolás I, Fiodor y sus compañeros del Círculo Petrashevski -grupo de intelectuales liberales- fueron detenidos el 23 de abril de 1849. Siete meses después, el 16 de noviembre, la justicia los condenó a muerte. El 22 de diciembre los "complotadores" se encontraban de espaldas al paredón con los ojos vendados y estaban esperando los primeros disparos del pelotón de fusilamiento cuando llegó la noticia de la gracia del zar. La pena capital fue conmutada por cinco años de trabajos forzados en Siberia y cinco más de destierro.

Comenta Natalia Ashimbaeva: "Realmente le sobraban razones a Fiodor Mijailovich para temblar con la lectura de El último día de un condenado a muerte. Mijail Dostoievski, su hermano, tradujo la novela al ruso y en 1860 la publicó en la revista literaria El Tiempo, que dirigía con él. Al igual que Hugo, ambos abogaban a favor de la abolición de la pena capital."

En 1862 los hermanos Dostoievski fueron los primeros editores en publicar la traducción rusa de Nuestra Señora de París en El Tiempo. Recuerda la directora del Museo Dostoeivski:

"En la presentación de la obra, Fiodor Mijailovich se insistió particularmente sobre la fuerza del pensamiento de Hugo. Escribió: Su pensamiento es el pensamiento fundamental de todo el arte del siglo XIX. Es un pensamiento cristiano y altamente moral. Ese pensamiento rehabilita a los humillados y a los parias reprobados por toda la sociedad.

"Numerosas son las referencias a Victor Hugo en los escritos y la biografía de Fiodor Dostoievski, en cambio es difícil encontrar una alusión a éste en los escritos de Hugo.

"Hasta ahora no hemos descubierto referencia alguna al autor de Los Hermanos Karamazov en los archivos del Museo Victor Hugo", confía Gérard Audinet.

Recalca Natalia Ashimbaeva:

"Al igual que toda la inteligentsia y la aristocracia rusa de la época, Fiodor Mijailovich hablaba un francés fluido. En cambio Victor Hugo no hablaba ruso. No hay que olvidar además que no fue sino hasta 1884 cuando se publicó la versión francesa de Crimen y castigo. Se trató de la primera obra de Fiodor Mijailovich traducida a esa lengua. Victor Hugo murió un año después sin haberla leído…"

Natalia Ashimbaeva y Gerard Audinet no tienen la menor duda al respecto: de haberse conocido, Hugo y Dostoievski hubieran pasado horas conversando.

"Tenían tanto en común -insiste Ashimbaeva-. Compartían la misma empatía para con los marginados, la misma exigencia de justicia, el mismo temple espiritual, la misma ética y las mismas reflexiones sobre la naturaleza humana."

En algunas noches de luna llena una luz muy extraña envuelve la Plaza de los Vosgos. ¿Aprovecharán estos momentos mágicos los fantasmas de los dos grandes genios de la literatura universal para juntarse en el extravagante salón chino que Victor Hugo imaginó y realizó con sus propias manos para su amante Juliette Drouet? ¿Saldrán a pasearse y a platicar bajo las arcadas misteriosas de esa plaza que se detiene en el siglo XVII? ¿Estará al acecho la cámara poética de Alexei Vassiliev para sorprender furtivos instantes de su complicidad?

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