Teatro

Teatro en el Cervantino (2)

Roberto Mosqueda crea "Flores para los muertos", una pieza que emociona y deleita visualmente. Sus capacidades como bailarín se complementan con su facultad actoral de crear imágenes y trasladarnos a todos aquellos lugares que su personaje vive.
martes, 2 de noviembre de 2021

GUANAJUATO, Gto.- Del poco teatro que se pudo ver en el Cervantino, el unipersonal de danza-teatro del guanajuatense Roberto Mosqueda fue impactante y sorprendió a la audiencia que asistía al Teatro Principal con la decepción de que no verían al Theatre Studio & Marjanishvili Theatre de Georgia, porque el día anterior había cancelado.

Roberto Mosqueda crea "Flores para los muertos", una pieza que emociona y deleita visualmente. Sus capacidades como bailarín se complementan con su facultad actoral de crear imágenes y trasladarnos a todos aquellos lugares que su personaje vive:

José Daniel Martínez es un hombre con una historia llena de tristezas, pérdidas, arrepentimientos y lucha por sobrevivir; lo persiguen unos sicarios porque se ha robado un dinero de un negocio ilícito. El personaje tiene hoyos negros y puntos brillantes que vamos conociendo mientras suceden la persecución y su asesinato. Los disparos corresponden a sus recuerdos, pero también a otra realidad, a una que él anhela y a la que es guiada por un hombre para una renovación espiritual. Entre los tres disparos que lo matan sucede la obra y la historia de su madre, y las golpizas de su tío y los padecimientos de su mujer y su estar huyendo de una vida miserable.

José Daniel Martínez es representado desde la palabra y el cuerpo de Roberto Mosqueda. La palabra nos lleva a todos esos espacios que él visita y casi podemos ver, como la cascada y el lugar donde se sumerge en el agua. Su cuerpo construye ideogramas y, como el lenguaje de los sordos, vemos transformada la imagen de la montaña en el movimiento de un brazo. La emoción matiza los diferentes sucesos del personaje y el espacio es iluminado espléndidamente por Paola Arenas –catedrática en la Universidad de León–, acotando y dando diferentes tesituras donde las sensaciones están presentes.

Roberto Mosqueda, actor, bailarín, dramaturgo y director de espectáculos multidisciplinarios, se ha presentado en festivales nacionales e internacionales, y para este espectáculo ha sido apoyado por la Coordinación Nacional de Teatro. Flores para los muertos nos deja un humor amargo y la riqueza de imágenes que siguen resonando en nuestra mente después de terminada la función.

En el mismo teatro se presentó también la obra colombiana "SuperPasito". Obra en susurros, del grupo Espacio Escénica, escrita, dirigida e interpretada por Julio Escallón. Una obra snob con una buena idea subutilizada y con poco contenido. La expectativa empieza en cuanto tenemos que oír toda la obra a través de unos audífonos, porque hablan en susurros durante más de una hora, lo que propicia que se mantenga en un nivel plano. La convención está creada a partir de la ficción futurista en la que el sistema autoritario prohíbe levantar la voz y decir palabras que refieran a cualquier sentimiento humano. Por eso el murmullo que es roto al final de la obra y por tanto los personajes aniquilados.

La pareja, interpretada también por Luna Baxler, habla de nada, imitando el sinsentido beckettiano, y se dicen poco; fingen cocinar y fornicar y hasta conversar. Están en su casa, hastiados y resignados, ella con un vestido de fiesta y zapatillas de tacón, aunque no vaya a algún lugar, y él de traje porque ha vuelto del trabajo, del que no puede hablar pues forma parte del engranaje represivo. Las convenciones son un tanto chiclosas y con dificultades de verosimilitud, porque, por ejemplo, los personajes pueden saltar el cubo que delimita la casa, así porque sí, para tener un acercamiento de ellos o verlos en un lateral.

"SuperPasito" se queda corta en su intento de futurismo e innovación,­ y Roberto Mosqueda nos abre un mundo emocional con su sola imaginación a través del cuerpo y la palabra.­ 

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