Espectáculos

Tania Libertad: "Indudablemente, Carmen Salinas fue la mejor"

La cantante nacida en Perú evocó la estatura artística de la actriz recién fallecida, pilar fundamental que impulsó su carrera musical en nuestro país y a quien apoyó para debutar en el Teatro Blanquita.
sábado, 11 de diciembre de 2021 · 17:12

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La intérprete peruana Tania Libertad se hallaba fuera de esta gran urbe mexicana cuando se enteró de la partida de su amiga, colega y mentora, la popular Carmen Salinas, quien falleció el jueves 9.

Localizada telefónicamente, la nacionalizada mexicana Tania Libertad evocó la estatura artística de Carmen Salinas, pilar fundamental que impulsó su carrera musical en nuestro país y a quien apoyó para debutar en el Teatro Blanquita, donde Tania alcanzó a cumplir exitosas temporadas a finales de los años setenta.

He aquí la conversación transcrita literalmente tras el deceso de Carmen Salinas con Tania Libertad (nacida en Zaña, Perú, el 24 de octubre de 1952), en algún lugar de la República Mexicana.

El encuentro


“Bueno pues qué triste, es muy triste porque Carmen Salinas es parte de mi historia por muchas razones, porque la conocí yo siendo muy jovencita en el Perú. La conocí más bien en Ecuador, a mí me contrataron desde Perú y ella iba a cantar en una feria en Guayaquil, en Ecuador, y llegaron Marco Antonio Muñiz, ella, otro grupo que se llamaba Los Arriagada y desde ahí pa´l real…

“Yo iba con mi papá, no tenía más de 13, 14 años, y ella fue siempre muy amorosa conmigo. Después de ese encuentro, cuando me dio su tarjeta con sus datos de aquí de México, yo la guardé con muchísimo cariño por supuesto, y luego volvió a ir al Perú, a un festival de cine mexicano que iba a haber en el Perú.

“Fue con muchos, muchos artistas, con muchos actores y directores de cine, Alberto Isaac, Arturo Ripstein, fue Helena Rojo, Pancho Córdoba, era mucha gente quien iba en esa caravana digamos de artistas de cine. ¡Y me buscó!, yo ya vivía en Lima y la invité a mi casa a comer ceviche peruano, de eso se acordaría ella mucho siempre. Recuerdo que me volvió a dar su tarjeta y en un momento cuando yo quise ya irme del Perú, porque estaba yo ya muy agobiada por una serie de situaciones familiares y por las problemáticas que ocurrían también en el Perú, decido ya irme y con lo único que yo contaba era con la tarjetita con la dirección y el teléfono de Carmen Salinas.”


El reencuentro

“Y es así que compro un pasaje y decido venirme a México con mi maletita.

“Y llegué a su casa; pero como el vuelo había llegado como a las 11 de la noche, me di cuenta de que estaba completamente sola en un país que no conocía bien; porque yo nada más había estado en un festival aquí [Jornadas de la Cultura Uruguaya en México 1977], llegué al aeropuerto Benito Juárez del D.F. y que me siento a llorar allí, con mi maleta, pero me dije: ‘Pues no, no saco nada con llorar’, así que tomé un taxi y le di al chofer la tarjetita con la dirección de Carmen.

“Yo llegué a la casa de Carmen y estaba todo apagado, tocaba el timbre y nadie salía, entonces me senté a llorar otra vez en mi maletita ahí, en su casa en la colonia Anzures, en Bahía Caracas. Y de pronto, estaba yo llorando arriba de mi maleta, y llegó un coche, se estacionó ahí, y era el esposo de ella, el doctor [Carlos] Paulín, en esa época, y él me reconoció porque él había ido con ella al Perú también, la había acompañado, por eso me conocía: ‘¿Pero qué haces aquí, Tania?’, ‘Pos nada, vine, vine huyendo del Perú’…”

Tania Libertad suelta una carcajada. La artista de la UNESCO por la paz y Embajadora Iberoamericana de la Cultura, prosigue:

“Le dije: ‘Y como Carmen me dijo que esta era mi casa…’, ya ves que te dicen así por cortesía ¿verdad?, ‘Aquí tienes tu casa’, te dicen los mexicanos ‘aquí tienes tu casa, cuando gustes’… Y yo me fui [de Perú] creyéndome esa cortesía, llegué y entonces él me dijo: ‘No, pero Tania, no te va a abrir nadie porque Carmen cuando está trabajando en el Blanquita se lleva hasta el perro al teatro’. Él subió mi maleta a su coche y me llevó al Blanquita. Y hemos llegado justo cuando ella andaba haciendo una parte de sus sketches allí, en el Teatro Blanquita, entonces yo me puse al costado del foro y entonces ella volteaba y me decía: ‘¿Eres tú?’ y yo le asentía con la cabeza, y seguía haciendo sus sketches y todo, pero ella no daba crédito, me volteaba a ver otra vez y me decía: ‘¿Eres tú?’, y yo le decía con la cabecita: ‘Sí’.

“Estaba lleno el Blanquita. Entonces agarró y ha dicho –alza la voz--‘¡Tenemos aquí a la mejor cantante del Perú!’, y yo he terminado cantando esa noche en el Blanquita, así, yo traía una mezclilla y una playera, pasé de las lágrimas a cantar en el Blanquita, acompañada de [su hijo] Pedrito Plascencia [1956-1994], pues como Carmen se había traído mis discos del Perú, Pedrito se había aprendido al piano las canciones que yo cantaba.

“Y gracias a ellos fue que conseguí mi primer contrato allí en el Teatro Blanquita. Luego de allí me llevó a vivir a su casa, yo viví dos meses en casa de Carmen, ella de plano sacó a su hija ‘La nena’, María Eugenia, y la puso a dormir en el sofá ¡y a mí me dio la recámara de ‘La nena’!, yo me quedé dos meses allí hasta que ya gané algo de dinerito y renté un departamentito.

“Pero su generosidad no la voy a olvidar nunca y su amabilidad, su cariño, y sobre todo esto de ¿quién te aguanta dos meses y te consigue trabajo? Me acuerdo que me llevaba a una boutique donde ella compraba su ropa y me decía: ‘Escógete lo que quieras, Tania’, y le decía al empleado: ‘y me lo pones a mi cuenta’. ¡Me compraba trajes bien bonitos, era ropa fina! De una generosidad Carmen que no la voy a olvidar nunca…”

Con Chabuca Granda

“Ay, estoy sumamente triste, sumamente triste por la partida de mi querida Carmen, la verdad yo he estado en contacto con su sobrino Gustavo y a través de él fui siguiendo los avances de [la enfermedad] de Carmen, pero no imaginamos que este iba a ser el desenlace, ayer, tan pero tan triste…

“Imagínate, antes de que yo cantara en el Blanquita, como yo había entrado con visa de turista y eso, la iba yo a visitar y terminando su participación nos íbamos al King Kong [el centro nocturno “más grande de México”, en calles de Mina y Lázaro Cárdenas, con variedad continua de una a tres de la madrugada] que estaba allí atrasito del Blanquita, todas las noches acabábamos en el King Kong, así que yo viví toda esa etapa feliz de la vida de Carmen Salinas.”

Recuerda Tania Libertad que le presentó a Carmen a una de las máximas estrellas del Perú, la talentosa Chabuca Granda (María Isabel Granda y Larco, nacida en Cotabambas Auraria Apurímac, Perú, el 3 de septiembre de 1920 y fallecida en Miami, el 8 de marzo de 1983), autora de valses peruanos como “Amarraditos”, “Fina estampa” y, claro, “La flor de la canela”.

“Yo le presenté a Chabuca Granda. Porque a Chabuca le hubiera encantado cantar en el Blanquita, pero no se le dio. Y entonces ella iba allí a visitarnos al Blanquita porque en el camerino de Carmen había un sofá tipo ‘chaise longue’ de color rojo donde se sentaba Chabuca, porque me decía: ‘¡Ay, yo siempre quise estar en un camerino con un ‘cheslong’ rojo!’ ¡Imagínate tener a Carmen Salinas y a Chabuca Granda ahí juntas!, por a’i guardo la foto donde estoy con ellas dos allí en el Blanquita…

“Luego ya me casé, estuve casada solo un año con un peruano, y las dos fueron mis testigos de boda aquí en México, el acta de matrimonio la debo tener por a’i, voy a buscarla… Me llevaron con aquel juez que era el casamentero número uno, se apellidaba Lozano, ¿no?, ‘Chema’ Lozano, era un juez muy famoso aquí… Yo no me quería casar, ¡pero pos me obligaron las dos con ‘Chema’ Lozano pa’casarme!, y me dijeron: ‘¡No puedes vivir en el amasiato!’ Y me sacaron del departamento donde yo ya estaba viviendo.

Una mujer ejemplar


“Bueno, mi tristeza aminoró hoy cuando pienso en el sentido del humor de Carmen. ¡Increíble! Mis amigos todos tienen que tener muy buen sentido del humor y deben de ser sarcásticos, tener incluso su dosis de humor negro, ¡y Carmen era una artista muy completa, lo tenía todo!

“Me traía botada de la risa siempre. Yo le aprendí a ella el ser generosa, creo que lo soy gracias a ella, pues cuando uno recibe de alguien tanto como yo recibí de Carmen no tenemos de otra más que darnos a flor de piel con ese aprendizaje, ¿no? Y además no solo aprender, sino practicar la bondad. Yo soy una persona que en ese sentido he seguido los pasos de Carmen. Y su profesionalismo increíble.

“Me dio mucha pena, mucha lástima cuando ella decidió ya no hacer más sus imitaciones, porque indudablemente fue la mejor. No ha habido otra como ella. Y mira, no hay nadie como ella porque no se me olvida que se vestía con el mismo modisto incluso [que vestía a las estrellas que imitaba], los detalles los cuidaba, todo todo era fidelidad y era increíble cómo cantaba. Carmen para mí es también de las mejores cantantes que conozco.

“Siempre ella tan accesible, gentil, amable, sin desplantes de diva… Yo hablo en presente de Carmen porque me cuesta creer que no esté más aquí físicamente. Las dos, ella y yo, somos mujeres muy ubicadas y la ubicación es un don que no tiene cualquiera. Es algo que se le da solo a la persona que ha empezado desde cero, desde abajo. Y a quienes saben lo que es ganarse el pan todos los días en base a la cultura del esfuerzo, ella siempre fue una mujer muy esforzada, muy trabajadora, una artista absolutamente profesional y eso es algo que yo le admiro también muchísimo, y que le aprendí también, ¿no? Por ella yo soy completamente aterrizada, si no se me subieron los humos en el Teatro Blanquita, ya no me van a subir jamás ¡y es por Carmen!, yo soy una trabajadora del arte y la cultura, nunca me he sentido diva ni diosa, nada de esas cosas a veces ridículas.

--¿Solían comer juntas?

--Ella vivió siempre allí en Bahía de Caracas, en la Anzures. Y aunque siempre poníamos fechas para que ella viniera a comer o yo fuera con ella, casi nunca podíamos concretarlas porque cuando podía yo ella no podía, pero sí fui varias veces a su casa, sobre todo en los últimos tiempos, también con otros amigos, a comer y a visitarla, claro que sí. Y nos hablábamos mucho y nos comunicábamos a menudo por WhatsApp. Habíamos quedado de hacer un programa en su canal de YouTube, pero tampoco lo pudimos concretar.”

--Por último, Tania, ¿qué le diría hoy usted a nuestra querida Carmen Salinas?

--Que se queda en nuestros corazones. Que nos deja un maravilloso ejemplo de vida. Un maravilloso ejemplo de lo que es un verdadero talento, ¿no?, porque ella lo tenía todo: sabía bailar, ella sabía cantar, actuar, improvisar, y nos deja un gran ejemplo de su capacidad de entrega y de su generosidad. Por toda su simpatía, nosotras sus amigas le vamos a estar agradecidas toda la vida. Y por haberla tenido cerca en las buenas y en las malas, y por habernos compartido todo su tiempo con humor. Me siento orgullosa de haberla conocido desde muy chiquita, yo solo a muy pocos artistas conocí en persona desde tan chiquita y ella es mi favorita. Ella con Marco Antonio Muñiz, y con Armando Manzanero, porque yo le abría al maestro Manzanero sus conciertos cuando yo tenía 14 años allá en el Perú.

“Entonces, para mí imagínate qué orgullo haber compartido escenario con artistas de esa talla, de esa estatura artística y humana. Carmen Salinas se queda en mi corazón porque indudablemente que fue la mejor.”

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