Oaxaca

Estamos vivos, estamos vigentes, seguimos de pie y la pachanga continúa: El Tlacuilo

Con su exposición “La rosa del ecuador celeste”, el maestro Modesto Bernardo “El Tlacuilo” conduce a los espectadores a un ritual con matices místicos.
martes, 16 de febrero de 2021

OAXACA, Oax. (apro).- Con su exposición “La rosa del ecuador celeste”, que consta de ocho grabados en gran formato, elaborados en la técnica de linóleo intervenidos a color, el maestro Modesto Bernardo “El Tlacuilo” conduce a los espectadores a un ritual con matices místicos.

Ante la imposibilidad de realizar una muestra presencial debido a la pandemia de covid-19, el artista decidió presentar su obra de manera virtual, para mantener el vínculo con el espectador.

“Esta exposición tiene como objetivo lanzar un grito de aliento a la comunidad, a nuestro pueblo tan golpeado por la pandemia, y decir que más allá del sufrimiento, del dolor y de esta situación que estamos viviendo, es necesario mantener un espíritu en alto”, señaló el artista originario de Zimatlán de Álvarez, Oaxaca, en una entrevista realizada antes de la inauguración, el pasado fin de semana.

Modesto Bernardo detalló que sus ocho gráficas están inspiradas en las ocho regiones de Oaxaca “como estandarte, como un emblema para decir: estamos vivos, estamos vigentes, seguimos de pie y que la pachanga continúa, independientemente de que nos toque (el covid-19) o lo que nos tenga que tocar porque es el proceso vital.

“Obviamente no quiero decir que deseamos que suceda, pero lamentablemente es algo que no podemos evitar. Entonces, yo creo que es necesario que toda la gente, desde el mecánico o desde cualquier disciplina, sientan que es necesario estar vigente”, agregó.

En mi caso, dijo, “yo soy neófito en la cuestión tecnológica, en la cuestión de los medios, yo fui hecho como en la vieja guardia, cuando las exposiciones eran presenciales, y esta es la primera vez que intentamos que sean los medios el enlace con el gran público que sé que está ahí”.

Esta muestra que se inauguró en el Taller de Producción Artística “Tlacuilo”, ubicado en la capital de Oaxaca, “es un grito de aliento, es un aquí estamos, seguimos en la lucha, seguimos en la vida, seguimos en el jolgorio, seguimos en la fiesta eterna que es la vida”, abundó.

“Yo quisiera quedarme con esa parte. Yo quiero ver el ángulo de independientemente de que estemos o no, porque sabemos que todos somos vulnerables. Yo considero, como decía un poeta oaxaqueño: México, un zapoteco y Oaxaca morirán cuando muera el sol.

“Yo concibo que la gran herencia cultural que intenté traducir en esta carpeta de ocho imágenes, más allá de que estemos o no presentes, más allá de que esta cosa cambie o no cambie, nuestra cultura, nuestra tradición, nuestro gusto por la vida, nuestra fiesta eterna se va a mantener. Y me encantaría que este fuese un mensaje a la gente”.

A esta carpeta, señaló, le llama “La luz eterna del equinoccio”, porque el equinoccio es el momento en que el sol está en el punto más alto y no genera sombra, “entonces, en este momento yo concibo que Oaxaca debe ser luz al igual que lo ha sido en momentos trágicos de revoluciones, de guerras, de sufrimientos, de pandemias. Hay un sector oaxaqueño que ha sido un punto de lanza para mantener el espíritu en alto, y yo concibo que en este momento Oaxaca, nuestra rosa eterna del equinoccio, debe estar vigente”.

Mientras se desarrollaba la entrevista, a “El Tlacuilo” se le humedecieron los ojos y confesó: “fuimos tocados (por la pandemia), afortunadamente en la familia no, pero sí hermanos de la vida se han ido, y también esta exposición es en honor a ellos, aquí estamos, vamos a mantener la estafeta que la vida nos dio”.

Abundó: “En la tierra donde el Dios nunca muere, el arte vive. El arte que heredamos más allá de la cuestión prehispánica, porque en Oaxaca existen también pinturas rupestres. Yo elegí por cuenta propia ser el Tlacuilo (término prehispánico para designar un escriba, pintor, escritor o sabio) y regresé para ser consecuente con la visión que los propios compañeros critican de llegar a la gente y dar una esperanza, saber que en Oaxaca uno de sus grandes escaparates es la Guelaguetza, fiesta que más convoca, es la reunión de todas las regiones mostrando su riqueza cultural”.

Y ahora, en una sola carpeta, reunir a todas las regiones “es hacer una Guelaguetza plástica donde plasma elementos que son fundamentales en cada región, y los colores, porque Oaxaca es la tierra del color, y reducirlo a una escala mínima o menos cromática estaría fallando no a la plástica, sino a mis principios, a mi visión”.

El texto de sala que realizó Edgar Saavedra resalta que Modesto Bernardo ofrece en esta muestra el “gozo estético”, porque cada uno de los grabados “están impregnados de un sello personalísimo del artista que recoge aspectos simbólicos de la cosmovisión y diversidad cultural oaxaqueña (y) de paso se convierte también en breves lecciones de historia autóctona para remisos del arte”.

Añade: “La pintura es un lenguaje. La pintura es presencia. La pintura es ave de tempestades. Todo eso y más nutre, proyecta y ofrece la obra de Modesto Bernardo cuando utiliza el mejor de los pretextos: su propia tierra, Oaxaca. Oaxaca es tierra del sol y país de las nubes, sus pueblos se esconden tras una máscara de neblina o se bañan sensuales con el sudor del trópico. Nuestra gente baila como diablo y con soberbios penachos; es danza parsimoniosa de la Sierra o picaresco verso y remolino son de la costa (…) y reflejan que la fiesta no ha terminado en Oaxaca”.

Modesto Bernardo nació el 24 de febrero de 1963 y a los 22 años entró a estudiar artes plásticas en la Universidad Benito Juárez de Oaxaca, de donde partió para explorar distintas técnicas en otras instituciones, y así estudió con Shinzaburo Takeda e ingresó al Taller de artes pláticas Rufino Tamayo.

En 1987 empezó a exhibir sus obras de manera individual, primero en la ciudad de Oaxaca, después en Francia; en Florida; Palo Alto, California; Tokio, Japón, y en Phoenix, Arizona, así como en Québec, Canadá; Chicago, Washington, San Antonio, Texas, y en Ciudad de México.

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