Cine

"Olvidado"

Olvidado (Forgotten, Corea del Sur, 2017) se impone como etiqueta de culto entre los admiradores del cine coreano
sábado, 6 de febrero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El repertorio de Netflix se expande más hacia el Extremo Oriente; al igual que Old Boy (Park Chan-wook), el título en inglés de Olvidado (Corea del Sur, 2017) –Forgotten– se impone como etiqueta de culto entre los admiradores del cine coreano. Y para celebrar su regreso al cine, el realizador y guionista Jang Hang-jun no vaciló en armar un espectáculo con mezcla de géneros, feria con montaña rusa y casa del terror, que mantiene al espectador al borde del asiento.

Jin-seok (Kang Ha-neul), un joven de 21 años, despierta en medio de una pesadilla: la familia está por mudarse, junto con sus padres y hermano mayor Yoo-seok (Kim Mu-yeol), a una nueva casa, en la cual un cuarto permanece bajo llave porque el antiguo propietario no ha sacado sus cosas. Jin-seok parece ser el único que escucha ruidos extraños que salen de ahí, y una noche es testigo de cómo su hermano es secuestrado en la calle, pero cuando regresa, 19 días después, éste no recuerda dónde estuvo. A partir de aquí todo cambia, Jin-seok comienza a sospechar que su familia no es su verdadera familia, como si cada uno hubiera sido sustituido.

El título en coreano, Gi-eok-ui bam, significa literalmente “La noche de la memoria”, y de oscuridad, pesadillas, pérdida y recuperación de la memoria se trata: un thriller de terror psicológico que puede ofender a los puristas del género, pues Jang no escatima en utilizar resortes del cine de horror, tensión entre la realidad y lo sobrenatural, para manipular a su público.

La acción de Forgotten funciona como espectáculo de prestidigitador, sólo que en vez de palomas y conejos, Jang saca ratas y víboras del sombrero; de turbio, el asunto se hace más oscuro, y a diferencia de otros thrillers basados en mero suspenso y sobredosis de acción –donde el público llega a distanciarse–, la cinta de Jang explota miedos primitivos, el terror latente de la paranoia infantil al interior de la familia, la ansiedad que resulta cuando lo familiar deja de serlo. Los actores funcionan como plastilina en manos del director, el horror psicológico es orgánico, escurre de las vísceras.

Además, la historia se ubica durante la crisis financiera en Asia, con las recetas del Fondo Monetario y medidas de austeridad; la trama se las arregla para mostrar cómo las ondas 
del tsunami económico afectan el núcleo de la familia, institución sagrada en la cultura coreana; pero los miedos, a la manera 
de Hansel y Gretel, son universales, una imagen de marca del cine coreano es su capacidad de llevar las fantasías mórbidas a sus últimas consecuencias. Con Forgotten, el espectador puede estar seguro de que las cosas se van a poner peor, y por absurda que pueda parecer la resolución, el vértigo de la montaña rusa toma tiempo en quitarse.

Artículo publicado el 31 de enero en la edición 2309 de la revista Proceso, cuya versión digital puede adquirir en este enlace.

 

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