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"Minari": la familia debe estar unida

Una pequeña producción que tiene una densa lectura sociocultural sobre los infinitos casos de migrantes que se desarraigan de su lejano país, para llegar a territorio norteamericano, buscando la prosperidad.
viernes, 5 de marzo de 2021

MONTERREY (apro).- En los extremos de la vida, la familia Yi encuentra el equilibrio cuando más lo necesita.

Minari se ubica en la década de los 80. Los coreanos Jacob y Monica, migrantes recientes, están interpretando el significado del sueño americano. Esforzándose por trabajar duro, para independizarse en una granja de Arkansas crían a sus hijos, niño y niña, que se están adaptando al país. Pero necesitan auxilio, y para hacer funcional su estilo de vida, mandan llamar a la abuela que se les une, procedente de Asia.

El director y guionista Lee Isaac Chung mira este hogar con simpatía y se pone de su lado. En el lenguaje visual, con tomas que están muy cerca de ellos, proyecta comprensión a sus serios problemas que se basan, principalmente, en el dinero. La pareja riñe porque sus salarios no alcanzan y las deudas parecen ahogarlos. Y los niños sufren por las confrontaciones.

Aunque pasan por estrecheces, la historia, sin embargo, de manera permanente busca darles algo de esperanza. Sus sueños se van desmoronando por las enormes dificultades que enfrentan, dándole mantenimiento a una enorme hortaliza que consume rápidamente su presupuesto, pero el realizador detrás de cámara quiere ayudarlos, haciéndoles más llevadero el drama.

Son como la familia con la que creció el mismo Chung, que se proyecta como el niño que fue, recién llegado a América, y establecido en una granja en Arkansas. Como debió serlo para él, los Yi luchan con adversidades sucesivas, entre ellas, la de la barrera cultural, que pretenden romper incorporándose a un círculo social en el que angustiosamente no encajan, y tratando de entender un ambiente enrarecido que les es ajeno.

Como su aliado en la hortaliza se encuentra el desconcertante Paul, veterano, expansivo, religioso a ultranza, con arranques de inestabilidad mental, pero con un enorme corazón. El siempre excelente Will Patton regresa en plan grande en un papel secundario que lo proyecta otra vez a las grandes ligas de la actuación, de las que eventualmente salió.

La abuela busca hacer que la granja prospere con semillas de minari, una planta resistente, que crece prácticamente silvestre y que puede servir de alimento en momentos de apuro. La familia se convierte, metafóricamente, en ese vegetal que prevalece, aún en condiciones adversas, pues, pese a todas las dificultares y las calamidades más terribles, se esmeran por mantenerse de pie, conservando la unidad familiar.

Es enternecedora la actuación de la pareja de protagonistas Steven Yeun y Yeri Han, que son superados por la desesperación, pese a que se esfuerzan por mantener la calma en una situación que los coloca al borde del desastre financiero y personal.

Minari es una pequeña producción que tiene una densa lectura sociocultural sobre los infinitos casos de migrantes que se desarraigan de su lejano país para llegar a territorio norteamericano, buscando la prosperidad. Hay oportunidades, claro, pero encuentran que aprovecharlas es mucho más complicado que lo que parece.

Aunque este hogar es coreano, su situación es como la de cualquier familia que sufre, buscando una superación que tarda en llegar.

 

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