Cine

El arte de falsificar: Una historia verdadera

El canadiense Barry Avrich logró convencer a Ann Freedman de dejarse entrevistar para el documental Una historia auténtica sobre arte falso (Made You Look: A True Story About Fake Art; Canada, 2020), ahora en el menú de Netflix.
sábado, 10 de abril de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- El escándalo que provocó la clausura y desaparición de la casa Knoedler, la galería de arte más importante de Nueva York –debido a un fraude de más de 80 millones de dólares en ventas de piezas falsificadas–, estaba en espera de un buen documental. La prestigiada casa de arte había sobrevivido a la Guerra Civil, la Gran Depresión, maniobras turbias con el gobierno soviético de tráfico de obras del Hermitage, el ataque a las Torres Gemelas incluido, pero no pudo con el dúo dinámico que formaron la guanajuatense Glafira Rosales y el gallego Juan Carlos Bergantiños, artífices señalados por el FBI del espectacular fraude.

El canadiense Barry Avrich logró convencer a Ann Freedman de dejarse entrevistar para el documental Una historia auténtica sobre arte falso (Made You Look: A True Story About Fake Art; Canada, 2020), ahora en el menú de Netflix; Freed­man, directora y art dealer de la galería, pieza clave, quizá sin proponérselo, del alucinante montaje de copias falsas de varios pintores, como Jackson Pollock, Robert Motherwell o el gran Mark Rothko, funciona como hilo conductor del largometraje, personaje digno de una tragicomedia de Arthur Miller.

El trabajo de Avrich es correcto, técnicamente: De las 80 horas de entrevistas a Ann Freedman, armó una historia coherente que explica antecedentes, sospechas, opiniones sobre arte de expertos, periodistas de The New York Times, una psicóloga, abogados, una pareja de millonarios que compraron en la galería y que decidió llegar hasta las últimas consecuencias de la demanda, pues los demás compradores se conformaron con un arreglo financiero.

Glafira Rosales, sin embargo, no se dejó entrevistar, sólo se ve material de archivo y el retrato psicológico que de ella hacen los demás; es una lástima, pues la historia de esta mexicana, enfermera de origen humilde que llega a codearse con la élite de coleccionistas de arte, de casas de subasta como Sotheby’s, se antoja fascinante. En el drama con su expareja, Bergantiños, ahora bien acomodado en España ya que el FBI no pudo extraditarlo, y que se presenta cínicamente como víctima, se adivina una novela de varios tomos.

En fin, ya sea un documental enfocado en los timadores o una ficción inspirada en los hechos, están por hacerse; un entrevistado propone una sentencia que no habrá que olvidar; un buen timador no es quien habla demasiado, sino alguien que sabe escuchar. 

Avrich intenta ser lo más objetivo con Ann Freedman, canibalizada por sus examigos y socios que destruyeron por completo su carrera y credibilidad, y deja que el espectador saque sus propias conclusiones; pero resulta obvio que Freed­man es un caso de mera insolencia, la hibris de una mujer ambiciosa cuya carrera se halla en declive y cree encontrar una nueva veta de los expresionistas americanos con la que Glafira la seduce sin presionar, apenas sugiriendo.

Clave fundamental, para otra película, es el pintor chino Pei-shen Quian, compañero en la escuela de arte de Ai Wei Wei, y maestro especializado en la copia de los expresionistas abstractos, actualmente refugiado en China y que recibía pagos irrisorios por sus falsificaciones, mientras que la pareja de timadores ganaba decenas de millones de dólares. 

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