Cine

"Undine" en la Muestra

"Undine" se inspira en la leyenda de Ondina, espíritu femenino de naturaleza acuática que se enamora de un hombre mortal para adquirir un alma, obsesión romántica popularizada por el cuento de Andersen, el de “La sirenita”.
sábado, 17 de abril de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).­- El programa de esta Muestra Internacional de la Cineteca incluye la última cinta de Christian Petzold, Undine (Alemania-Francia, 2020), oportunidad para descubrir a este maestro de la Escuela de Berlín (Berliner Schule, la más reciente Nueva Ola del cine alemán), aclamado por su trilogía de Fantasmas. 

Undine se inspira en la leyenda de Ondina, espíritu femenino de naturaleza acuática que se enamora de un hombre mortal para adquirir un alma, obsesión romántica popularizada por el cuento de Andersen, el de “La sirenita”.

Como afirma un crítico de la revista del Instituto Británico de Cine Sight and Sound, en la obra de Christian Petzold la historia es el protagonista real de sus películas, comentario que delata la preocupación por definir el arte de este realizador que fusiona a sus personajes con la trama en una narración oblicua, plagada de metáforas que se superponen y se reflejan abismalmente. Acaso sea mejor definir el cine de Petzold como un trabajo de palimpsesto donde se escribe y reescribe la cultura europea de manera tan condensada que es difícil distinguir mitos y cicatrices.

Undine (Paula Beer) se especializa en la historia urbana de Berlín, ciudad construida sobre un pantano, donde las construcciones se desbaratan y resurgen; guerra, arte arquitectónico, olas de historia, se vinculan en una metáfora de agua (en latín, unda es ola, oleada). Christoph (Franz Rogowski) es un buzo especializado en trabajos industriales. La historia de amor se ancla en las ruinas de la relación entre Undine y Johannes (Jacob Matschenz) que acabó minutos antes, con la sentencia de Undine: si me dejas, te tengo que matar. Tal es el destino del hombre que traicione a esta sirena.

Al tema del amor-fusión, la mujer como deseo de aniquilación, producto de las obsesiones del alma romántica, Petzold le da la vuelta con simplemente contar la historia desde la perspectiva de una heroína que no se permite existir meramente como fantasma sexual masculino. Según el director, Vertigo (Hitchcock) sería su principal influencia, sólo que aquí no son dos mujeres, sino una sola, arraigada en sí misma, que experimenta traición y abandono, pero se abre al amor como fuerza de disolución y de transformación. Mucho antes del romanticismo, Paracelso había mencionado a estos seres de agua, y Petzold tiene claro que este médico del Renacimiento era un alquimista.

Lo más atractivo en Undine es que todos estos juegos de niveles en la historia se subordinan a una historia realista, con escenas que resultan mágicas por su composición, sin recurrir a efectos especiales, como la pecera que explota cuando los amantes se encuentran por primera vez. El palimpsesto cultural vibra con la ninfa acuática de La Motte Fouqué, la ópera de Debussy (Peleas y Melisande), o la obra de teatro de Giraudoux (Ondine); todo esto sin que el realizador exija que su espectador esté informado, sólo hay que dejarse llevar por el ritmo de historia e imágenes.

Crítica publicada el 11 de abril en la edición 2319 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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