Teatro

"El buque rojo" en la Guerra Civil española

En "El buque rojo" la autora juega con diferentes espacios y va del campo, donde intentan concientizar a los trabajadores, al puerto de Veracruz, en el que sucede el Carnaval, y de ahí al barco donde, en medio del mar, se casan dos recién conocidos, una mexicana y un español.
martes, 20 de abril de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La obra de teatro El buque rojo, escrita por Bárbara Viterbo y publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura, cuenta una historia insólita sobre un grupo de jóvenes mexicanos que se embarcaron, impregnados del espíritu de justicia e igualdad universal, para ir a apoyar y solidarizarse con los colegas españoles involucrados en la guerra civil de los años treinta.

La autora escribe la obra a partir de documentos epistolares de un pariente cercano y enriquece los acontecimientos con una investigación hemerográfica, bibliográfica e in situ. Se lanza de un universo íntimo de correspondencia a construir personajes reales e inventados que hablan de una colectividad. Propone una estructura compleja, donde la simultaneidad, el juego de los tiempos y el punto de vista de un personaje que observa y recuerda, convierten la anécdota en un fenómeno netamente teatral.

El grupo de jóvenes que saltan al mar queriendo llegar a España, comparte los ideales contra la explotación capitalista y se involucra en procesos de liberación y solidaridad.

La autora juega con diferentes espacios y va del campo, donde intentan concientizar a los trabajadores, al puerto de Veracruz, en el que sucede el Carnaval, y de ahí al barco donde, en medio del mar, se casan dos recién conocidos, una mexicana y un español. En el barco hay enfrentamientos, conflictos internos y miedo a la muerte.

Como espacio escénico, propone una plataforma de madera colgante con cuerdas y escaleras donde se representarán todos los lugares en que sucede la historia; la cubierta del barco, los carros de un tren, el cuarto de un hospital o una cárcel miserable.

Al realismo crudo de la historia, la autora superpone el humor y sucesos fantásticos, como sacar a un personaje de la situación en que se encuentra para dotarlo de poder, y así modificar lo que está pasando para que el fin de los protagonistas sea más digno. Juega con el tiempo y la ambigüedad al abrir y cerrar la obra, dándonos otra visión de la historia.

En El buque rojo el protagonista es Manuel –quien tiene que decidir entre las exigencias familiares y su compromiso social–, y corre a la par la historia de Socorro, otro hilo conductor con el que redondeó la obra y le dio más alcance: vinculó a un personaje mexicano, como Socorro, con el de una española, Esther, y la llevó hasta su descendencia: su hija que mira al horizonte en el Puerto de Veracruz dentro de una elipsis que sugiere el paso del tiempo.

Socorro es una testigo que atraviesa la obra de proa a popa. Por sus inclinaciones pictóricas, dibuja lo que observa hasta ser capaz de modificar el final. A pesar de la tragedia de estos personajes, mártires de la dictadura española, Bárbara Viterbo le imprime a la obra un toque nostálgico y esperanzador que la separa de la historia original.

La historia que cuenta El buque rojo es poco conocida pues no ha sido consignada extensivamente en los libros sobre la Guerra Civil española. Nos hace ver en el teatro una época que vincula a México y a España, yendo más allá de los conocidos Niños de Morelia y los exiliados españoles.

El buque rojo es una obra de teatro de gran aliento por el que navegamos en una realidad sensible y comprometida, más allá de cualquier consigna, y somos testigos de la solidaridad de un grupo de jóvenes, cuyo idealismo sin fronteras lo trasciende y, gracias al teatro, lo salva del anonimato.­

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