Cine

"Los paisajes"

De los estrenos demorados a causa de la pandemia, "Los paisajes" (México-Francia-Reino Unido, 2016), primer largometraje de Rodrigo Cervantes, llega a salas comerciales.
sábado, 29 de mayo de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– De los estrenos demorados a causa de la pandemia, “Los paisajes” (México-Francia-Reino Unido, 2016), primer largometraje de Rodrigo Cervantes, llega a salas comerciales (protocolos de seguridad por delante); se trata de una cinta rodada en tres locaciones diferentes, Ciudad de México, París y Normandía, con apenas tres protagonistas en un relato que podría leerse como simple fábula debido a su parsimonia e implicaciones morales y políticas obvias, si no fuera porque los huecos y saltos de la narrativa sugieren recovecos y complejidad psicológica en los personajes que escapan de la simple parábola. 

Expulsado del colegio donde estudiaba en Inglaterra, Alonso (Sebastián Aguirre) llega de imprevisto a buscar a su hermano mayor, Pablo (Darío Yazbek), desvinculado de la familia desde hace años y autoexiliado en París con su novia, Valeria (Pía Laborde); incómodo reencuentro, todo se siente engorroso, cada quien parece cargar con un secreto. Una fiesta por la tarde, alcohol y mota, relajan la tensión, viaje a una casa de campo donde los hermanos conviven muy de cerca. Tragedia. Regreso a México, donde Pablo sigue el camino de su padre, un político corrupto recién salido de la cárcel.

El director menciona en una entrevista la incomodidad de estos mexicanos en París, resultado de la falta de pertenencia, cierto, pero la actuación de Sebastián Aguirre y de Yazbek captan el desparpajo de estos niños bien, familiarizados con escuelas en Europa, casas y departamentos por allá; la imagen del junior mexicano de clase política es, de por sí, la del desfase cultural; las escenas de Pablo, ya en México, atendido por las sirvientas mientras come solo, no están exentas de un cierto europeísmo a la mexicana, prueba de ello es el contraste con el padre; en unas cuantas escenas la imagen del papá poderoso, aún no pulido por una educación internacional, nuevo rico y hábil político que espera que pase una reforma antes de las elecciones.

Lo terrible, en el mero nivel de la fábula moral, es que la tragedia familiar que marca el regreso de este hijo pródigo que no quería saber nada de este padre corrupto, funciona como forma inevitable de iniciación al poder político.

¿Por qué paisajes? La respuesta evidente la daría la presencia constante de los paisajes, ya sean de la ciudad de París, la vastedad de las vistas en Normandía, o la imagen urbana de la capital mexicana; el invierno en el campo, el frío y la humedad de la ciudad, pesan como plomo. Cervantes y su fotógrafo, el francés Vincent Weiler, componen un sistema visual que funciona con estos paisajes en movimiento constante, y que provocan sensaciones de errancia e impermanencia, todo con una unidad estilística bien marcada, logro enorme si se piensa que, como confiesa el realizador, el rodaje se realizó sin permisos, prácticamente a escondidas.

Pero el riesgo sería ver solamente en esta poética del paisaje, que marca el título, el simple marco de la historia, o, a lo más, como una falacia patética, esa figura que consiste en proyectar las emociones de los personajes sobre el entorno; “Los paisajes” va más allá, atisba a los protagonistas a manera de paisajes, ellos mismos, territorios que invitan a explorarse con detenimiento, campos de arbustos y grutas, bulevares parisinos, laberintos sociales y económicos de la Ciudad de México, Alonso, Pablo y Valeria, se adivinan llenos de cavernas y bosques.

Crítica publicada el 23 de mayo en la edición 2325 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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