Cine

"El padre"

Con el título “El padre”, sellado con el actor serio Anthony Hopkins, cargado del Oscar a la mejor actuación, y que la cinta de Florian Zeller es la adaptación de su propia obra de teatro, podría esperarse un producto sólido y pesado.
domingo, 9 de mayo de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Con el título “El padre” (The Father; Francia-Reino Unido, 2020), sellado con el actor serio Anthony Hopkins, cargado del Oscar a la mejor actuación, y que la cinta de Florian Zeller es la adaptación de su propia obra de teatro, podría esperarse un producto sólido y pesado, con un tratamiento o muy severo o muy sentimental, sobre todo si se tiene en cuenta que el tema es el deterioro mental de un octogenario.

Nada de sentimentalismo en este caso ni de prédica moralista en pro del apoyo a la tercera edad, pues a diferencia de otras películas donde el drama se muestra objetivamente, desde la perspectiva del cónyugue o de la familia, Zeller confunde, a propósito, el punto de vista; el primero que se descontrola es el espectador, quien, desprovisto de referencias y certezas, participa de la experiencia de Anthony cuando defiende su derecho a valerse por sí mismo. Olivia Colman es la hija desesperada que se hace cargo del padre y de la que él duda si existe una conspiración para despojarlo de su departamento.

El tiempo y el espacio familiar se convierten en un laberinto en el que el padre, acompañado del público, se pierde más y más; la experiencia que el director propone es de terror, el pavor de sentirse perdido para siempre en esos espacios cada más inciertos a los que orilla el Alzheimer. El efecto sería un tanto parecido al de "Los inocentes", la cinta de Jack Clayton basada en la novela corta de Henry James y sobre la que Todorov trataría de demostrar que, si bien James recurre a la técnica del horror, no se trata de un relato de fantasmas, lo cual provoca aún mayor confusión y angustia en el lector.   

Seguramente que la disolución de la conciencia en el lento pero inexorable proceso de este tipo de enfermedades degenerativas debe ser una experiencia aterradora; Zeller combina la geometría y el rigor dramático, casi clínico, de Harold Pinter, pero cargado de emoción auténtica. La técnica cinematográfica facilita los cambios escenográficos, el mismo lugar siempre es diferente, y los espacios, simultáneamente familiares y extraños, el departamento, la clínica, parecen lo mismo; así, la emoción condensa diferentes personajes como si fueran uno solo.

El premio del Oscar a veces dice mucho y a veces muy poco; en este caso es un mínimo reconocimiento a una actuación portentosa, la de Anthony Hopkins, quien ni siquiera trata de impresionar (como en El silencio de los inocentes), sólo se dejó caer, empujado por el director, en su propio abismo, y ahí, mostrarse vulnerable.

“El padre”, junto con “La madre” y “El hijo” forman una trilogía sobre la familia; y justo éste es el hilo de Ariadne en esta primera cinta de Florian Zelelr, novelista dramaturgo: los vínculos familiares como causa de fatalidad y aprendizaje del amor. Olivia, la hija de este padre, vive destrozada entre la culpa y el derecho a vivir su propia vida, pero debe convertirse en madre de su progenitor para protegerlo de sí mismo. Olivia Colman (La favorita), recién oscarizada, explota su papel coestelar a manera de espejo, y en ella se adivina un individuo que decide por sí misma pero que sabe reflejar el miedo y el dolor del padre.

Crítica publicada el 2 de mayo en la edición 2322 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

 

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