Música

El "crooner" perfecto B. J. Thomas (1942-2021)

Al repasar la vida y el arte de Thomas, hallamos a un hombre sencillo y simpático que abrazó con su canto los estilos más diversos, yendo desde los himnos religiosos góspel, pasando por el ritmo y blues, a la bossa-nova.
domingo, 13 de junio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El pasado 29 de mayo falleció de cáncer pulmonar el crooner texano Billy Joe Thomas, mejor conocido como B. J. Thomas, quien a finales de 1968 logró un jitazo mundial gracias a su disco de oro 45 R.P.M. “Hooked on a Feeling”, balada traducida en la radio mexicana como “Prendado de un sentimiento”.

Al repasar la vida y el arte de Thomas, hallamos a un hombre sencillo y simpático que abrazó con su canto los estilos más diversos, yendo desde los himnos religiosos góspel, pasando por el ritmo y blues, a la bossa-nova.

“Prendado de un sentimiento” fue su sello. Esta pieza de rock ligero, compuesta por su amigo de la infancia Mark James (quien le diera al rey Elvis la muy pegajosa “Suspicious Minds”, ésta de 1969, y “Always on my Mind”, de 1973) se caracterizó por su comienzo de requinto deslumbrante que resuena a cítara eléctrica, ejecutado por Reggie Grimes Jr., seguido de la voz suave y perfectamente afinada de B. J. Thomas. 

En realidad, el delgado y bien parecido Thomas gozaría de otros tres momentos gloriosos, antes de clavarse al túnel de las pastas y el alcohol.

Por enero de 1970, grabó la anticlimática “Raindrops Keep Falling on my Head” (“Gotas de lluvia cayendo sobre mi cabeza”), escrita por la melosa dupla Burt Bacharach/Hal David para el film western protagonizado por Paul Newman Butch Cassidy and the Sundance, que le mereció un Óscar de Hollywood al mejor tema original de cine. 

En junio de ese año, volvió a sonar con la romanticona “I Just Can’t Help Believin”, que Elvis Presley atrajo inmediatamente a su repertorio en vivo y, finalmente, la rolita de fácil audición y larguísimo título que en 1976 ganó el Grammy del country pop: “(Hey Won’t You Play) Another Somebody Done Somebody Wrong Song”. 

En realidad, B. J. Thomas no era texano; había nacido el 8 de agosto de 1942 en Hugo, Oklahoma, pero pasó su niñez en el pueblo de Rosenberg, Texas, donde solía cantar góspel en la iglesia. Houston lo vio crecer con una banda de rock con la que grabó su primer disco de oro, una pieza del legendario cantante campirano Hank Williams, “I’m So Lonesome I Could Cry”, escrita en 1949, y distribuida por el sello independiente Scepter de Nueva York (apareciendo aquellos créditos del vinilo en 1966 con los Thriumps).

La gran fama le pegó duro, y cuando se hallaba en la cumbre por 1976 realizando giras extensas año tras año, la paranoia de actuar como crooner de variedades en Las Vegas o para públicos conservadores en hoteles de Nueva York lo detuvo, llegando a consumir cerros de anfetaminas y pastillas para dormir como si fueran dulces. Estos hábitos acompañados de bebidas alcohólicas los superó en los años ochenta con la generosa ayuda de una mujer, su esposa de siempre Gloria Richardson, cuando ambos se convirtieron al cristianismo para salvar una familia modelo con tres hijas y un chamaco (todos músicos).

Thomas poseía un carácter nada pretencioso y disfrutaba no hacerla de emoción, simplemente subía a los escenarios a sonreír y cantar. Eso sí, su mirada azul era felina y penetrante, desarmaba a públicos femeninos y masculinos por igual. Grabó a dueto con Ray Charles “Rock’n’Roll Shoes” (1984) y firmó en la disquera Myrrh para la cual realizó varios discos de góspel, un género que conocía al centavo. Artista de personalidad amable y dueño de una enorme proyección sentimental en el escenario sin hacer alardes histriónicos, es posible encontrar algunos videos de sus presentaciones en Brasil, donde fue muy famoso. Por ejemplo, de 2009 es su álbum Once I Loved, que registró en tierras sudamericanas como O Amor em Paz. B. J. Thomas in Brazil, acompañado de Ivan Lins, João Bosco, Ana Carolina, Leila Pinheiro e Ivette Sangalo B. 

Para la generación jipiteca Thomas era fresa, un crooner parecido a Bing Crosby, Frank Sinatra, Elvis en Las Vegas, Paul Anka o Dean Martin (la palabra crooner viene del verbo “to croon”, cantar suavecito o con murmullos). Lo que no podemos pasar por alto es que la máxima influencia tanto de B. J. Thomas como de Elvis Presley proviene de los cánticos religiosos góspel y de una estrella negra: el fabuloso Jackie Wilson. Después, otras figuras que fueron sus amigos como James Brown, Chuck Berry, Ricardito, Elvis… o sea, la crema y nata de la música afroamericana. Aquí una probadita para quien piense que todos los crooners están cortados por la misma tijera:

Destaca el análisis certero que realizó el joven músico británico Fil en su programa Wings of Pegasus de YouTube en torno a la prodigiosa manera de “microfonear” por B. J. Thomas, su magníficos rango y técnica vocal de barítono a tenor, pocos días después de su muerte, desmenuzando un concierto de 2002 del artista.

Su buen humor lo mantuvo hasta el final, como su voz formidable. Al preguntarle durante la pandemia qué recomendaría a los jóvenes artistas, dijo:

“La música para mí siempre ha tenido que ver con la emoción. Yo la logré por Jackie Wilson y él de Ray Charles, Bobby Blend… Si tienes el sentimiento en tu alma y en tu corazón, sólo posesiónate de él. Mucha música de hoy es idéntica, tú nada más debes mantener esa emoción personal, no tratar de sonar a alguien, sino ser tú mismo y hacerlo como eres.

“Forma tu grupo, comienza a tocar, a presentarte, a subir a un estrado y experimentar cómo reaccionan la gente y tus músicos, qué se siente formar parte de una banda. Es un trabajo de equipo en el que te debes involucrar.”

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