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"La Asistente": nadie las respalda

La escritora y directora Kitty Green toma la bandera del #MeToo para denunciar un régimen que no da opciones, y que metódicamente aplasta a las mujeres, confinándolas a la obediencia, más allá del deber, y al silencio, si es que se interesan en denunciar.
viernes, 25 de junio de 2021

MONTERREY, N. L., (apro).- En La Asistente (The Assistant, 2019) las mujeres de la oficina no cuentan con respaldo de nadie.

Tras checar tarjeta, sufren acoso y abuso, chantaje y la demanda de sexo a cambio de una posición y progreso. La cultura machista hace que las voces inconformes sean acalladas por un sistema hecho para la complicidad. No es una cuestión de primer mundo o de países subdesarrollados. El drama es universal, pues los hombres, en todos lados, son los que mayormente controlan los enormes aparatos de las empresas, y se protegen mutuamente frente a acusaciones.

Julie Garner desarrolla un trabajo magnífico como personaje protagónico, que ocupa cada una de las tomas. Al igual que lo ha demostrado en la serie Ozark, donde interpreta a la temeraria asistente del contador de la mafia, acá desarrolla el papel de Jane, también con una asombrosa precisión. Es la eficiente y sigilosa asistente del título, que observa todo, sin emitir opiniones, y es la última en dejar la oficina, con un irreprochable apego al deber. Trabaja en la industria fílmica, bajo las órdenes de un poderoso ejecutivo, y sueña con convertirse en una importante productora. Se encuentra en el sitio perfecto para hacer que su carrera despegue.

Hasta que observa que llega una nueva chica, como auxiliar. No sólo puede quitarle el trabajo sino que ocupa un escritorio propio por motivos que no son estrictamente laborales.

Su momento decisivo ocurre a lo largo de un pesado y estresante día. La escritora y directora Kitty Green toma la bandera del #MeToo para denunciar un régimen que no da opciones, y que metódicamente aplasta a las mujeres, confinándolas a la obediencia, más allá del deber, y al silencio, si es que se interesan en denunciar. Esta chica está en una posición delicada, pues acaba de dejar la escuela y busca figurar en la cinematografía. Su jefe es prepotente y la ataca cuando cree que se ha equivocado. Hasta demanda que le pida perdón, aunque sea virtualmente. Es como una esclava que busca liberarse con buenas acciones que le valgan la gracia de su superior. Sin embargo, la llegada de la nueva empleada la hace tomar otra perspectiva del sitio que ocupa como empleada. Llega a percibir que a la novata se le está demandando algo más que su trabajo administrativo, por lo que decide actuar.

Sin embargo, su impulso topa en una pared infranqueable. Cuando por fin denuncia, enfrenta con un detestable encargado de recursos humanos, el genial Matthew Macfadyen, en un pequeño pero definitivo papel, que primero la engancha haciéndola sentirse en confianza, para después dejarle caer en la cabeza todo el peso de la realidad. Ni en esa empresa ni en ninguna otra podrá denunciar al ejecutivo. Así es como funciona la cadena alimenticia y ella debe ocupar su lugar, si es que no quiere ser devorada. Lo que le conviene es el silencio, como se aprecia cuando una hoja con apuntes es arrojada sin piedad al cesto de la basura, al igual que su impulso de buscar justicia.

Toda la narración es solemne y sombría. Jane no tiene escapatoria. Es muy diferente al humor ácido que usó Steven Shainberg en La Secretaria (Secretary, 2002), una comedia en la que la relación sádico-masoquista del que ordena y la que se somete, se vuelve una pesadilla y, al mismo tiempo, un encanto.

La Asistente, actualmente disponible en Amazon Prime Video, es una historia compacta, de sello independiente, hecha con escasos recursos y muy pocas locaciones, pero erigida sobre un guion lleno de situaciones densas, y con actuaciones primorosas. Estos personajes ponen a prueba un sistema depredador que, pese a las múltiples denuncias públicas y el cambio de mentalidad en el mundo, sigue firme como una roca.

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