Teatro

"La fundamentalista": fe y pasión

La fundamentalista nos hace transitar por los pensamientos de los personajes, y nos aterriza en sus emociones sin dejar los cuestionamientos, hasta que en un giro final nos cambia la jugada.
martes, 20 de julio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En la obra La fundamentalista del dramaturgo finlandés Juha Jokela, se manifiesta, a través de dos personajes, la experiencia interna de la fe. A los personajes los une esa necesidad intensa de creer y entregarse a la religión que cada uno profesa. No coinciden en sus principios y se abocan a convencer al otro sobre la manera de vivir la religión. Creen profundamente y dudan profundamente. Y en esa paradoja se debaten dejando sobresalir las ranuras por donde escapa la fragilidad de su ser.

La fundamentalista, protagonizada por Aurora Cano y Luis de Tavira, es una obra de gran profundidad, donde no sólo se debaten ideas, sino experiencias de vida que vinculan directamente al espectador para involucrarlo tanto en sus creencias como en sus prácticas.

Un pastor con un pensamiento renovador, y una mujer que pertenece a la Iglesia de la Palabra Viva, discuten desde su dogmatismo religioso con base en una relación afectiva establecida 20 años atrás. Ella ha vuelto para liberarlo de las llamas de Satán, y él no deja de sentir ese afecto atormentado que le dejó su amistad. Las ideas se entrelazan con la pasión de una relación que se va modificando y volviéndose sumamente dolorosa. Su transformación es compleja, y lo que se creía en un principio deja de ser, para evidenciar una relación desigual llena de dudas y resentimientos. Los secretos abundan y el espectador los va descubriendo con sorpresa.

Las discusiones de las ideas religiosas, que se plantean al inicio, tratan temas religiosos desde puntos de vista distintos, aunque no distantes, porque la fe separa a los personajes y al mismo tiempo los une ineludiblemente. Discuten sobre pasajes de la Biblia desde su evidencia histórica o su simbolismo; la existencia o fabricación de la tumba de Jesús o el hecho real o figurado de su resurrección.

Lo importante en la obra es que las creencias están sostenidas por dos personas que se involucran emocionalmente. La pasión impera, pero también el desasosiego, y esa angustia existencial que provoca el dolor de una vieja herida y la culpa. Los tormentos de la mente destruyen a otros, pero finalmente se revierten contra sí mismos.

En la obra los actores tienen gran poder interpretativo y fluyen con matices y verosimilitud, asumiendo las contradicciones de sus personajes. La dirección de Ignacio García los lleva por caminos de introspección, por lo que el público se deja llevar de las ideas hacia lo más humano de los personajes. El trazo escénico que el director sugiere dinamiza el debate, y los actores se mueven con precisión, ubicándose en lugares clave para la composición estética total.

Sergio Villegas propone una atinada escenografía con ocho puertas que acotan el fondo del escenario y dos ventanales laterales que juegan un papel importante. Iluminada por Raúl Munguía y el vestuario de Edyta Rzewuska, el espacio escénico se amplía con la creación de espacios fragmentados a través de un video (de Aguachile producciones y Linda Cruz) que se deja ver cuando se abren las puertas mostrándonos distintos exteriores o interiores, o elementos que significan un estado anímico o emocional, como pueden ser las nubes o el fuego.

La fundamentalista nos hace transitar por los pensamientos de los personajes, y nos aterriza en sus emociones sin dejar los cuestionamientos, hasta que en un giro final nos cambia la jugada. La obra está concluyendo temporada en el Teatro Julio Castillo, después de haberse presentado en el Salvador Novo del Cenart y en el Polivalente de San Luis Potosí. 

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