Teatro

"Caneros", la vida en prisión

"Caneros" se presentó en primera instancia en el Cereso de Mazatlán, Sinaloa, para de ahí retomar la propuesta y escenificarla fuera, en el Auditorio Ángela Peralta de esa misma ciudad. No es una visión amarillista ni victimizante, sino una visión humana y sensible de cinco hombres presos.
martes, 6 de julio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La experiencia teatral en prisión significa para muchos una experiencia vivificadora, y la obra de teatro Caneros, con la compañía Iguana Roja y dos actores de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), muestra esta posibilidad.

"Caneros" se presentó en primera instancia en el Cereso de Mazatlán, Sinaloa, para de ahí retomar la propuesta y escenificarla fuera, en el Auditorio Ángela Peralta de esa misma ciudad, con actores profesionales. Ahora, en la sede de la CNT, dieron cuatro funciones y nos compartieron una magnífica experiencia. No es una visión amarillista ni victimizante, sino sobre todo una visión humana y sensible de cinco hombres privados de su libertad.

El director y dramaturgo de la obra Roberto Gómez Polo, que en 2018 recibió el reconocimiento Profeta en su tierra por su trayectoria en el arte teatral, se inspiró en el taller escénico que realizó en las Islas Marías para después continuar trabajando con los internos del Cereso de Maza­tlán. El equipo de actores que participarían en el montaje conoció la labor de los internos y posteriormente dio vida a los personajes para representarla en Mazatlán y en la Ciudad de México. Los actores que personifican a los cinco internos son Alejandro Careaga, Josar y José Manzanilla, originarios de Mazatlán, y dos de ellos de la Escuela de Teatro que Gómez Polo dirige allá; y Luis Rábago y José Carlos Rodríguez, integrantes de la Compañía Nacional de Teatro.

Con una estructura sencilla, cada personaje nos da a conocer gradualmente las razones por las que está ahí, su condena o sus miedos cuando su salida está próxima. En todos ellos el teatro es un acicate para soportar el encierro, un lugar de expresión, comunicación y abstracción de su vida presente. La obra ocurre después de una función, mientras se cambian y celebran, o se entristecen, por el final de su actuación. Uno de ellos no salió a recibir los aplausos y el resto de los participantes le pide una explicación. Entre bromas e ironías sus compañeros le reclaman, y poco a poco van saliendo las realidades y problemáticas de los demás. Es simple el transcurrir, pero muy eficaz. Hay humor y entusiasmo, y también amargura y desencanto, pero no autocompasión.

Dentro del penal, los personajes buscan dar sentido a sus vidas, aun cuando tengan condenas de 140 años, como es el caso del personaje que interpreta José Carlos Rodríguez y que también fue el punto de partida para el trabajo del director, autor y tallerista. Para los actores, construir los personajes que interpretan fue un reto que los llevó a investigar en el exterior y en el interior de ellos mismos y encontrar ese juego de distanciamiento e identificación.

Las actuaciones de Luis Rábago y José Carlos Rodríguez son estupendas. Brillan por su naturalidad. Tienen ritmos, cadencias y matices. Los mismo sucede con los actores de Mazatlán, quienes con su juventud imprimen a sus personajes exaltación y violencia, al mismo tiempo que ternura y soledad. El director acompaña a los actores en sus movimientos e intenciones, resultando una propuesta escénica orgánica y de gran fluidez.

El espacio escénico es apenas una mesa, sillas y un “rack” para colgar el vestuario. Al fondo, unas rejas que nos ubican en la prisión. Es la atinada iluminación de Roberto Flores Gracia la que da texturas y volúmenes al montaje, subrayando objetos y acotando zonas de acción.

Caneros, impulsada por el Instituto de Cultura de Mazatlán, Iguana Roja y la Compañía Nacional de Teatro del INBAL, es una invitación a sensibilizarnos y compartir la vida de otros que, desde la prisión, nos cuentan con honestidad su historia.

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