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Luto entre la comunidad fotográfica por el deceso de Jesús Sánchez Uribe

Publicó su trabajo en revistas como Creative Camera, Fotozoom, Fotoguía  y Artes Visuales.
viernes, 24 de septiembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Cuatro décadas de trabajo respaldan la trayectoria del fotógrafo Jesús Sánchez Uribe, cuyo deceso, a los 73 años, enlutó a la comunidad fotográfica y a la cultura nacional.

En 2016, a propósito de la retrospectiva “Fotografía Rejega”, expuesta en la Fototeca Nacional en Pachuca, Hidalgo, e integrada por 25 de imágenes a las que llamó ‘acomodos plásticos’, Sánchez Uribe señaló:

“Procuré hacer invisible lo visible y así poder mostrar otra cosa, poder mostrar un mundo interior, algo diferente. Toda actividad creativa o expresiva es un espacio interior, todo va de adentro hacia afuera. Ahí es donde se construye, enfatiza y madura, haciendo un crisol adecuado de todas estas cosas que el ser humano trae adentro”.

Arquitecto de profesión por la Universidad Lasalle, Sánchez Uribe estudió fotografía con Alejandro Parodi de 1971 a 1974 y más tarde fue asistente e impresor de Manuel y Lola Álvarez Bravo. Realizó su primera exposición individual en la galería del Centro Médico La Raza, en 1975, y como independiente publicó su trabajo en revistas como Creative Camera, Fotozoom, Fotoguía  y Artes Visuales.

Realizó exposiciones en México, Estados Unidos, Europa y América del Sur.

Formó parte del Club Fotográfico de México y recibió la Medalla al Mérito Fotográfico por el Sistema Nacional de Fototecas en 2011.

El fotoperiodista Juan Miranda recordó que conoció a Jesús Sánchez Uribe en un encuentro cultural.  “Fue un regalo” –dijo-- que le dio la también artista de la lente Flor Garduño. “Los dos al unísono gritaron mi nombre, eran un par de amables sonrisas”.

Entrevistado vía telefónica Miranda refirió: “Fue un fotógrafo que utilizó la foto para romper la analogía y llegar a un mundo interno de creatividad. Se atrevió a conjugar las texturas con las transparencias, con las formas para dar esa idea de esa interioridad, su interioridad. Es un fotógrafo que merece todo mi respeto, porque se atrevió a romper la dureza de la imagen.

“Un artista que aprendió a hurgar en los espacios, y creo que esa cercanía que tuvo con Manuel Álvarez Bravo como ayudante e impresor le permitió entender más allá de la imagen. Y lo extraordinario de él es que logró hacer estas imágenes para entrar en mundos fantásticos”.

Subrayó: “Aparte de su legado como creador era un tipo que brindaba su amistad. Siento que no tuve tanta cercanía con él, pero las pocas veces que nos vimos siempre me dejó un buen sabor. Se queda conmigo para siempre esa alta sensibilidad de su mirada. Con él jamás vi imágenes análogas sino interiores”.

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