ESPECIAL DE INDEPENDENCIA

Historia del (la) Ángel

En la calle Héroes #45 de la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, está abierta al público la hermosa casa-museo donde el arquitecto Antonio Rivas Mercado soñó la emblemática columna del Ángel de la Independencia.
sábado, 25 de septiembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- En la calle Héroes #45 de la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, está abierta al público la hermosa casa-museo, donde el arquitecto Antonio Rivas Mercado soñó la emblemática columna del Ángel de la Independencia.

Su estudio estaba en esta mansión, ideada y construida por él mismo con elementos clásicos, renacentistas, árabes, de influencia azteca y art nouveau, proyectada de tal manera que siempre recibiera luz natural. Contaba con una torre-observatorio, caballerizas, una capilla y exótica fuente coronada por un cocodrilo y un pez.

Casi a finales del siglo XX la casona de dos pisos fue adquirida y restaurada por el Gobierno de la Ciudad de México, gracias al proyecto encabezado por Ana Lilia Cepeda bajo los auspicios de la Fundación Rivas Mercado. Es el Museo Casa Rivas, con los detalles y el aire único de este sitio donde nació lo que hoy es el símbolo de la capital de México.

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En 1897, cuando el arquitecto Rivas Mercado terminaba la construcción, apareció la convocatoria para construir el Palacio Legislativo. Don Antonio sabía que el gobierno porfirista prefería siempre arquitectos extranjeros. Así que metió dos proyectos a concurso, uno en inglés y otro en francés. Con ellos ganó el primero y el segundo lugares. Pero cuando se presenta y ven que es mexicano, le dan el proyecto a quien había obtenido el tercer lugar: Émile Bénard. Bénard, que era pintor, escultor y arquitecto, empieza a diseñar el Palacio Legislativo, del que sólo se terminó la fachada, el hoy Monumento a la Revolución.

Rivas Mercado no se quedó callado. Metió un periodicazo contra el presidente, por malinchismo, por favoritismo. Cuando Porfirio Díaz lanzó la convocatoria para el monumento que pretendía conmemorar los cien años de Independencia, lo primero que ordena es dársela directamente al propio Rivas Mercado. Él decía que era para callarlo, pero acepta.

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En el segundo piso de la Casa Rivas Mercado entra hoy el sol en el despacho donde se soñó este monumento.

Allí, el escultor marsellés Enrique Alciati creó La Victoria Alada. La modelo fue Ernesta Robles, una bella costurera (a la cual conoció en un salón de baile) que sólo aceptó posar cubierta con una tela. En Florencia se recubrió la escultura en bronce y oro. Terminada, llevaría en una de sus manos una hoja de laurel, para los héroes vencedores, y en la otra una cadena con eslabones rotos para simbolizar el fin de la esclavitud.

El escultor Octavio Ponzanelli trabajó el león y otras esculturas que rodean a la hoy llamada Columna de la Independencia (que mide 45 metros de altura en una glorieta del Paseo de la Reforma), como el cura Miguel Hidalgo, la ninfa que escribe la Historia, la Patria que ofrece a Hidalgo una corona de laurel. Y con ellos, José María Morelos, Francisco Xavier Mina, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero. (En 1957 un terremoto cimbró la Ciudad de México e hizo caer al Ángel del pedestal. La modelo de la nueva efigie fue la Miss México Ana Bertha Lepe).

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Pronto llegó la Revolución mexicana. Muchas familias porfiristas huyeron, pero los Rivas Mercado permanecieron refugiados en el sótano de la residencia. Incluso los soldados pidieron permiso al arquitecto para marchar en el patio de la casa, aprovechando que les quedaba frente a su centro de entrenamiento. Él aceptó.

Rivas Mercado fue también director de la Academia de San Carlos de Bellas Artes, de 1903 a 1912. Entre su legado están el Palacio Municipal de Tlalpan, la Aduana de Ferrocarriles en Tlatelolco, el Teatro Juárez en Guanajuato, y la Hacienda de San Bartolomé del Monte en Tlaxcala.

Ya en los años 20s, la casa Rivas Mercado se convirtió en lugar de tertulia y celebración con personajes como Carlos Chávez, José Gorostiza, Salvador Novo, José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo, José Vasconcelos y Xavier Villaurrutia, muchos de ellos cercanos a su hija, la artista, poetisa y mecenas Antonieta Rivas Mercado.

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