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"Lecciones para Canallas": el legado de corrupción

Nada es lo que parece en esta comedia, transformada en crítica social sobre el legado de corrupción que se pasa entre generaciones.
viernes, 9 de septiembre de 2022 · 22:17

MONTERREY, N. L. (apro).- Para el director y guionista Gustavo Moheno, la transa está en los genes nacionales.

En Lecciones para Canallas (Lecciones para Canallas, 2022) el papá Barry (Joaquín Cosío), pillo de baja monta, se encuentra con Jenny (Danae Reinaud) la joven hija que no conocía. El tipo, auxiliado de su bella novia La Marichula (Diana Bovio), invita a la chica a integrarse a su equipo, que juega en el mundo inescrupuloso de las estafas.

Pero nada es lo que parece en esta comedia, transformada en crítica social sobre el legado de corrupción que se pasa entre generaciones, con tutores que enseñan a los chicos que la única forma de prosperar es a través de la transa y que el camino para acceder al éxito es el del engaño.

De producción pequeña y con aspiraciones hacia la reflexión, la historia va en la línea de Luna de Papel, (Paper Moon, 1973) y Los Tramposos (Matchstick Men, 2003). El trío de truhanes se pasan la vida elaborando planes para obtener beneficio de los ciudadanos honrados, sus víctimas preferidas a las que les hincan el diente, para succionarles lo que pueden.

Barry está ahogado por las deudas y tiene que saldar cuentas con un mafioso que lo tiene amenazado de muerte. Y para ello tiene que dar un golpe grande, una estafa maestra que implica defraudar a un presunto magnate para extraerle, mediante el chantaje, una gran suma.

Aunque basa su gran apuesta en una sorpresa mayúscula, Moheno, con argumentista, al igual que Barry El Sucio, es cruel con quienes se encuentran desprevenidos. Ni el público, ni Jenny pueden saber qué es lo que les espera en esta elaborada trama, en la que los bandidos aparentemente se lo están jugando todo. Pero no importa si el fracaso conduce a la ruina al tipejo, que involucra a su hija en sus turbios negocios. No importa, si queda expuesto a la ira del capo, con el que inevitablemente incumplirá.

Jenny es movida por el desamparo. No tiene a nadie en el mundo y le ofrece su amor al hombre que las abandonó, a ella y a su madre. Pero lo que queda es una amarga traición, que mueve a suponer que la humanidad ha sido rebasada por el interés pecuniario, que nadie está a salvo de la inquina ajena, aún si quien la promueve es alguien cercanísimo en la línea familiar. Lo que importa es obtener rédito de los incautos, que son quienes deben pagar tributo a los listos, que se escapan riendo con el botín. La gran triquiñuela final muestra un guiño de la taza quebrada de porcelana de Sospechosos Comunes (Usual Suspects, 1995).

Hay por ahí una interesante escena, en la que se contrasta el aparente tono apacible de Barry, que dirime una salvaje pelea en los sanitarios de una cantina, contra un temible matón, mientras en la radiola se escucha la primorosa voz de José José que canta ¿Dónde está el amor?

Lecciones para Canallas es ligera y divertida, aunque deja una sensación de incomodidad, pues presenta al delito como una opción seductora, para salir de la eterna crisis económica en la que vive el pueblo de México.

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