Festival Internacional de Cine de Morelia

Festival de Morelia: “El eco”, de Tatiana Huezo, los niños y la pobreza rural

Después de una ya probada y fulgurante carrera como documentalista, la cineasta llegó al evento mexicano más importante precedida del premio en la Berlinale, y se lo llevó también. Califica su filme de “remolino emocional” y explica a Proceso por qué.
domingo, 5 de noviembre de 2023 · 06:00

MORELIA, Mich. (Proceso).- La cineasta mexicana-salvadoreña Tatiana Huezo, después de la gran recepción que tuvo su largometraje de ficción “Noche de fuego” (2021), regresa con éxito al documental con “El eco”, tras una investigación de cuatro años y, por primera vez, sin guion en más de un año.

El resultando fue de 200 horas de grabación, y con la edición de Lucrecia Gutiérrez y ella misma quedó en 102 minutos.

“La película fue un remolino emocional para mí y un reto. Es la más difícil que hecho en mi vida”, relata en entrevista.

“El eco” (México/Alemania, 2023) ya obtuvo Mejor Documental y Mejor Dirección en la sección Encuentros del Festival Internacional de Cine de Berlín, Alemania, 2023; el reconocimiento del Público en Largometraje Documental del Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz, Francia; Mejor Documental Experimental en The Nechama Rivilin Award for Best International Film, y ahora el Premio del Público a Documental y Mejor Largometraje Documental en el Festival Internacional de Cine de Morelia, efectuado del 20 al 29 de octubre.

La realizadora. Intimidad / Foto: Cortesía Pimienta Films

Huezo ha realizado también, con igual aceptación, los documentales “El lugar más pequeño (2011) y “Tempestad”, y acentúa que en “El eco” aborda la vida íntima de familias campesinas a través de niñas y niños, “y por primera vez no parto de un hecho trágico como en los demás filmes”. Sigue:

“Ahora es la vida íntima de cualquier familia. Es una película que honra a la muerte, la cual es una parte natural de la vida. Además, habla de lo que es México”.

El Eco es un pequeño pueblo a más de 3 mil metros de altura, ubicado en el municipio de Chignahuapan, Puebla. Ahí, donde habitan unas 15 familias, Huezo registró las dinámicas sociales de un lugar en donde el viento parece llevarse todo, hasta las palabras. Muestra cómo enfrentan la realidad los menores de edad, donde las oportunidades carecen.

En la cinta aparecen Montserrat Hernández Hernández, María de los Ángeles Pacheco Tapia, Luz María Vázquez González, Sarahí Rojas Hernández, William Antonio Vázquez González, Uriel Hernández Hernández, Ramiro Hernández Hernández, Berenice Cortés Muñoz y Andrea González Lima, entre otros intérpretes.

Montserrat Hernández / Foto: Cortesía Pimienta Films

Huezo aclara que es un documental puro:

“¡No es una docu-ficción!... De hecho en algún momento para la programación de Berlín, los agentes de ventas mundiales, que son The Match Factory, me decían que en la ficha de la Berlinale debíamos poner como género docu-ficción. Yo les dije que no estaba de acuerdo porque es un documental puro y duro. La historia está contada con una serie de elementos de lenguaje cinematográfico y montaje que lo acerca mucho a la ficción.

“Yo decidí que no llevara entrevistas, ni voz en off. Ya sólo quitar esos dos elementos e intentar atrapar momentos de la vida con enorme pureza, que fue el reto más grande de esta película, te da una mirada diferente de la cinta. Afortunadamente hay muchos tipos de documentales, periodísticos, antropológicos, etnográficos y de creación. Yo me siento ubicada en la última etiqueta, que odio las etiquetas”.

La escuela. Secuencia especial / Foto: Cortesía Pimienta Films

Los agentes de venta le argumentaron que si ponía docu-ficción, el filme iba a tener más visibilidad. Ella les especificó que no le importaba, y narra:

“No hay una sola palabra puesta en la boca de mis personajes que no le pertenezca a ellos. No puse un solo diálogo en sus bocas. Todas las situaciones que vemos en la película les pertenecen total y profundamente. El largometraje posee algo que te jala. Las cosas van sucediendo por sí mismas. Es imposible poner a actuar a niños campesinos”.

Reitera:

“Son ellos interpretando sus propias vidas y a sí mismos en situaciones cotidianas. ¿Qué hay detrás de eso?, una investigación de cuatro años por mi parte, de vincularme con ellos, de dormir en sus casas, meterme hasta el fondo de la cocina, a lo más íntimo, de presenciar sus discusiones, sus desencuentros, sus cuentos de las brujas en la noche, de verlos lavarse los dientes afuera, en el campo, bajo la luna y las estrellas, de dormir en una cama donde duermen ellos.

“Ver cuándo nace una oveja, cómo llega la sequía y la vida de las familias y animales se ponen en peligro. Que tiene que ver con el cambio climático, y no lo quise enfocar así, pero hay una línea”.

* * *

La abuelita / Foto: Cortesía Pimienta Films

Sin embargo, Huezo confiesa que su incertidumbre era mucha:

“Mira la contradicción, me dicen que es como una ficción y es la primera vez en mi vida que filmó sin un guion. Se rodó a lo largo de casi dieciocho meses. Se fue reescribiendo sobre la marcha. Pasaron muchas cosas que no estaban previstas, como la muerte de uno de los personajes, y la vida de otros personajes cambió. Hubo una serie de circunstancias y de cosas que había que sobreponerse emocionalmente y había que hallar las líneas narrativas.

“En toda la película tuve una gran incertidumbre de decir: ‘¿Será que la vida pequeña de cada día es suficiente para sostener una película?’. Además, mis películas anteriores siempre han girado alrededor de un hecho trágico, y a partir de ahí yo construía las líneas narrativas del personaje. En ‘El eco’ no, y un foco que tenía era: ¿con qué ojos vamos a contar esta historia?, ¿qué significa crecer? Es una película con ojos de descubrimiento, con ojos de sorpresa. Es lo que yo sentía todo el tiempo con estos niños. Es un largometraje que se refiere de la voz que se te queda guardada para siempre, la voz del lugar donde tú naces, la voz de tus papás, tus abuelos, en fin”.

Enseguida manifiesta con seguridad:

“Y decidí que eso iba a suceder en el mundo rural, porque los niños campesinos se hacen grandes muy rápido, adquieren responsabilidades desde que son muy pequeños”.

Todo es bajo la perspectiva de los infantes:

“Con ‘El eco’ cualquiera se puede identificar con las dificultades, los amores, los cariños y los desencuentros que existen en cualquier familia de México… y de otras partes del mundo. Yo me volví parte de la familia de Andrea y parte de la familia de la abuela. Ese es el secreto. Es el dispositivo más grande. Hubo un montón de cosas que son momentos de juego, de estar y seguirlos. La escuela es una de las secuencias más cercanas a la ficción a nivel del lenguaje cinematográfico”.

Señala vehemente:

“Hay un trabajo brutal de montaje. Las secuencias están montadas como si fueran ficción y están filmadas con muchas herramientas para que se alimenten, pero las situaciones son totalmente puras y documentales”.

Poblado de "El eco", en Puebla / Foto: Cortesía Pimienta Films

A “El eco” siempre la vio como “una película pequeña”, no obstante la el largo tiempo de rodaje:

“Es la película con más riesgos que he hecho en mi vida. También de salirme de mi zona de confort, de que no incluiría voz en off que me llevara de la mano en el relato. No voy a hacer entrevistas, pensaba: ‘A ver si eres capaz de atrapar un pedazo de la vida con toda su pureza’. Y fue muy difícil atrapar las cosas más sencillas. Te requiere un nivel de energía y atención, de estar totalmente inmerso y de encontrar las cosas extraordinarias en lo pequeño.

“Tuve muchas dudas, pero me pasaron muchas cosas mientras las hacía y eso me daba certeza. Se me mojaban los ojos cuando vi la mano en el cuadro de la niña jugando a la gallinita ciega, intentando tocar algo. Son imágenes simbólicas para mí. La infancia es también como el abismo, es no saber lo que hay enfrente, pero también puedes abrazar un árbol y sentir un profundo consuelo. Eso es la infancia”.

El niño Toño / Foto: Cortesía Pimienta Films

Después enfatiza que “es una película que honra a la muerte”, para continuar:

“La muerte es una parte natural de la vida. En mis películas anteriores la muerte le es arrebatada a los personajes. En ‘El eco’ es la primera vez que la muerte tiene también amor, luz y cariño. Siento que es un filme que habla desde un lugar diferente de México, que posee identidad. No es un retrato romántico… ahí también crían a sus hijos con mucho amor en esta fragilidad en la que están.

“El mundo campesino está acosado por muchos frentes: el saqueo de sus recursos naturales y el ahogo económico que define el destino de los personajes incluso”.

Para Huezo, la Berlinale “fue un regalo enorme” en su vida y su camino y a la película:

“Pienso que en el mundo de los festivales es el mejor para estrenar una película documental, porque no diferencia entre ficción y documental les da el mismo lugar, el mismo respeto. Están programados revueltos los dos formatos. ¡Y la audiencia es brutal!... ¡No cabe la gente en los cines!... Entonces fue un estreno extraordinario con la sala abarrotada, más de ochocientas personas. Fue una recepción hermosa. Y que ganara Mejor Documental, nunca pensé que eso me iba a tocar, lo cual es mucha alegría y visibilidad para el filme”.

Más alegre, completa:

“Y ahora la emoción es muy grande porque el estreno nacional fue en Morelia. Esta película es para México. La hice con todo el amor y todas las tripas. Esta película es para México porque habla de lo que también somos”.

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