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“Muerte Infinita”: angustia sin fin

Drama gore que bordea las lindes de la cordura, con formas narrativas singulares que pueden parecer recursos de videoclip, pero que aquí se convierten en un sorprendente juego de iluminación, colorido y edición, para presentar estados mentales alterados, que enfilan a la demencia del sadismo.
viernes, 31 de marzo de 2023 · 19:54

MONTERREY, N. L. (apro).– La cancelación de la muerte puede incitar a cualquier desafío. Quien sabe que permanecerá vivo por siempre, no importa el riesgo o el ataque que sufra, está dispuesto a llegar hasta puntos inimaginables para obtener placer o provocar dolor.

El que no muere puede aproximarse, aunque sea un poco, a la condición de la divinidad.

Muerte Infinita (Infinity Pool, 2023), de estreno en cines, es un drama gore, que bordea las lindes de la cordura, con formas narrativas singulares que pueden parecer recursos de videoclip, pero que aquí se convierten en un sorprendente juego de iluminación, colorido y edición, para presentar estados mentales alterados, que enfilan a la demencia del sadismo.

Brandon Cronenberg, hijo de David, escribe y dirige esta fantasía alucinatoria que se va desdoblando hacia afuera, en una búsqueda exponencial de formas de hacer cada vez más cruenta, cruel y despiadada, la práctica del homicidio como un ejercicio de diversión entre personas acaudaladas de personalidad enferma.

James (Alexander Skarsgard) y Em (Cleopatra Coleman) son una pareja perfecta que pasa sus vacaciones en el exótico resort de una isla que, se asume, es del lejano oriente, donde la cultura y la lengua son desconocidos, extraños y fascinantes. En medio de su descanso conocen a una misteriosa pareja, Gabi (Mia Goth) y Alban (Jalil Lespert), que los seduce y los lleva a un sitio en el que pasará un hecho inesperado, que compromete la seguridad de él.

Como en una pesadilla, el jefe de la policía le anuncia que le conmutará la pena de muerte por una cantidad de dinero y un procedimiento científico horripilante y descabellado, pero salvador.

Lo que parecía un procedimiento de emergencia para salvar a un turista urgido de auxilio se convierte en una práctica adictiva que conducirá a James a situaciones de excesos que jamás había imaginado. Su nueva realidad lo transformará totalmente, aproximándolo, en manías, a sus nuevos amigos que han traspasado cualquier limite saludable de moral, y legalidad.

Cronenberg escapa a las convenciones y se introduce en un universo excitante, de atmósfera emocionalmente envenenada, que mezcla ciencia ficción avanzadísima con una cultura bárbara, casi de aborígenes. Es brutal el choque entre los extremos de la modernidad científica y el comportamiento rústico de quienes la detentan. En la crítica directa, proyecta las desigualdades del planeta, en las que el que tiene el oro, puede delinquir sin castigo.

La violencia gráfica que se ve en pantalla, con detalles angustiantes, es muy similar al horror espiritual que exhiben los integrantes de la pandilla de degenerados, que arrastran al apocado James al juego en el que se alteran todos los reglamentos de la civilidad. En ese lugar apartado de las convenciones occidentales hay permiso para todo, si se tiene el suficiente dinero para obtenerlo. Ya instalados en la locura homicida cualquiera de ellos puede ser, incluso, testigo de su propia muerte.

Es una película de horrores diferentes. Más allá de las ablaciones y los juegos de sangre, escapa del divertimento convencional para los enamorados del espanto y ofrece una producción de muy buen nivel, en el que las palabras son rebasadas por un discurso visual que provoca escalofríos.

Se espera que no exista, en la realidad, un sitio como este, en el que se desarrolla la pesadilla malévola de la Muerte Infinita.

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