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“Golda”

El drama de “Golda” se apoya en un tema de fondo: la agonía y la muerte. La agonía que implicó esperar el ataque de las fuerzas árabes para no empañar la imagen americana, y la muerte de jóvenes árabes y judíos.
sábado, 9 de septiembre de 2023 · 09:10

Los colaboradores de la sección cultural de Proceso, cuya edición ya es mensual, publican en estas páginas, semana a semana, sus columnas de crítica (Arte, Música, Teatro, Cine, Libros).

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Quizá más vilipendiada en su país que en el extranjero, Golda Meir, única mujer que ha ocupado el cargo de primer ministro de Israel, gobernó entre 1969 a 1974, los años posteriores a la guerra de los Seis Días de Israel contra varios estados árabes, y enfrentó la llamada Guerra del Yom Kippur en 1974 --que acarreó la muerte de miles de soldados árabes y judíos--, conflicto que, según algunos, podría haberse evitado.

Le tocó, además, encarar, durante la Olimpiada de Múnich, el secuestro y la matanza de varios atletas israelíes, bautizada como Septiembre Negro; a falta de una condena internacional más enérgica, la primera ministra ordenó que los participantes del atentado fuesen asesinados por la Mossad, donde se hallaran.

El realizador israelita afincado en Estados Unidos, Guy Nattiv, comenta haber crecido con la imagen satanizada de Meir hasta que se desclasificaron documentos secretos y pudo revalorarse --o por lo menos replantearse-- su figura y su papel; con “Golda” (Reino Unido- Estados Unidos, 2023) intenta, por lo menos, abrir la perspectiva sobre el controvertido personaje.

El destape de Golda Meir implica poner en contexto la historia del Estado de Israel, el juego de la política americana, y la descalificación hacia el pueblo palestino, del cual Golda, citada fuera de contexto, llegó a comentar que no existía como tal.

Personaje e historia se prestan a opiniones apresuradas y comentarios burdos; de entrada, “Golda”, interpretada por Hellen Mirren, no es precisamente un biopic; la película se concentra en la Guerra del Yom Kippur, el circo político y las presiones de su gabinete formado por sionistas y no sionistas; el encuentro con Henry Kissinger (Liev Schreiber), y el apoyo de éste, condicionado al doble juego político que terminó inclinado, desde entonces, hacia Israel.

Viene al caso mencionar que el británico Nicholas Martin, autor del guion, apoyó, en su momento, el movimiento sandinista, fue testigo y reportero del golpe y de la muerte de Allende en Chile; así que experiencia directa de crisis y luchas políticas no le falta. La investigación documental de Martin tomó años de trabajo, así como muchas horas de entrevistas a figuras claves que trataron en vida a Golda Meir.

El drama de “Golda” se apoya en un tema de fondo: la agonía y la muerte. La agonía que implicó esperar el ataque de las fuerzas árabes para no empañar la imagen americana, y la muerte de jóvenes árabes y judíos; con unas cuantas secuencias de archivos documentales de los combates, posteriormente, escenificación de cadáveres almacenados en estantes bien organizados. Y, sobre todo, el cáncer, linfoma, que consumía a la primera ministra y que sería causa de su fin. Curiosamente, la sustancia de esta película no proviene de la información histórica, sino de la constante pulsión del tánatos.

Controversia gratuita, para variar, el hecho que la shakespeariana Hellen Mirren, no judía, se haya atrevido a interpretar a una judía ucraniana-americana; pero vestiduras rasgadas aparte, la actuación es magistral; la caracterización, nariz agrandada y cejas exageradas, mejillas colgantes, es lo de menos, pues como lo comentara ella misma hace años sobre su papel de Isabel II, la reina Mirren no imita, sólo pinta un retrato y ofrece un homenaje a su personaje.

 

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