Víctima de los promotores

jueves, 24 de diciembre de 2009

Desde hace cinco meses el boxeador Alejandro Martínez se encuentra en estado vegetativo crónico, saldo de una golpiza en un ring de Tepic. El hospital adonde fue trasladado de emergencia no contaba con médico cirujano. Fue llevado a uno de Guadalajara, a tres horas de distancia, al que la empresa promotora que encabeza Fernando Beltrán le adeuda más de 3 millones de pesos. Tampoco le han entregado a la familia del pugilista los 30 mil pesos que acordaron por la pelea y su padre ignora si hubo contrato, seguro médico y seguro de vida. No hay quién responda por esta enésima negligencia deportiva.

 

"¡Alejandro! ¡Mira, Alejandro, voltea a mirarme!”, le grita Dennis Martínez a su hermano mayor. Alejandro tiene los ojos abiertos pero no responde. Sobre la almohada menea con suavidad la cabeza de un lado a otro y mueve los labios como si estuviera pasando saliva. “Alejandro, ¿me escuchas?”, insiste con vehemencia. Hace casi cinco meses que Alejandro Martínez, boxeador profesional, yace así, sin conciencia, en la cama de un hospital.

Diagnóstico: estado vegetativo crónico persistente secundario a un traumatismo encefálico severo. Los golpes que el peleador costarricense Alejandro El Timón Martínez recibió durante 10 rounds el pasado 25 de julio a manos del mexicano Alberto El Topo Rosas –un rival superior en el número de peleas (36 por 17) y rounds que ha boxeado (229 por 87), quien aquella noche en el palenque de la feria de Tepic, Nayarit, castigó sin piedad a su oponente– provocó que se desgarrara una arteria cerebral y se formara un coágulo que, ante la falta de atención médica oportuna, creció en forma desmesurada.

Unos minutos después de haber escuchado en voz del anunciador oficial Jimmy Lennon Jr. que perdió por decisión unánime, El Timón Martínez se encontraba en su vestidor, adonde llegó por su propio pie. Súbitamente sintió un terrible dolor, como si la cabeza le estallara.

Fue trasladado a un hospital, donde el único médico disponible era un cirujano plástico. Una tomografía reveló el coágulo del lado izquierdo y la urgencia de operarlo, pero no había ningún neurocirujano disponible. A bordo de una ambulancia, Alejandro Martínez viajó durante casi tres horas rumbo a Guadalajara.

A las 4:10 de la madrugada del domingo 26 de julio, el peleador fue ingresado en el Centro Médico Puerta de Hierro por León Arturo Brito, empleado de Zanfer Promociones, la empresa responsable de organizar la función boxística en copromoción con Top Rank, del estadunidense Bob Arum, y el gobierno del estado de Nayarit (TV Azteca transmitió la pelea).

“Lo ideal hubiera sido operar rápido”, asevera Luis Herminio Rodríguez, el médico que intervino quirúrgicamente a Martínez. “Lo debieron haber operado en Tepic, pero creo que no había ni un neurólogo porque todos se habían ido a un congreso (el Congreso Mexicano de Cirugía Neurológica en Cancún), así que tuvo que viajar hasta acá. Llegó en un estado neurológico muy malo. En la escala de coma de Glasgow (que mide el nivel de conciencia y en la cual tres es el valor más bajo y 15 el más alto) estaba en cuatro, es decir, a un punto de la muerte cerebral.

“Alejandro está vivo por la fortaleza física que tiene y por las medidas que aquí se tomaron. Se desgarró una arteria cerebral cortical a nivel de la cisura silviana que provocó un hematoma subdural agudo. Un hematoma es un coágulo, en este caso muy grande, que tenía entre el cerebro y la membrana que lo envuelve (duramadre)”, explica el neurocirujano.

La traqueotomía que le fue realizada al pugilista tico permite el paso del aire a través de una cánula insertada en el cuello. Alejandro orina por medio de una sonda y come a través de otra. Su cuerpo está contracturado. La compresión del coágulo lesionó las vías motoras a nivel del tallo cerebral, donde sufrió un infarto.

El boxeador tiene puestas unas botas ortopédicas o férulas que mantienen extendidas sus piernas; no obstante, la derecha está doblada. Forma un ángulo de 45 grados. Es tal la tirantez de dicha extremidad que cuando alguien intenta estirarla, El Timón, incapaz de emitir cualquier sonido, apenas alcanza a abrir los ojos en señal de dolor.

Para evitar que los pies se engarroten, además de las férulas tiene que usar unos tenis de bota modelo Converse que ayudan a mantener esta parte del cuerpo estirada. Sobre el abdomen y el pecho de Alejandro, sus brazos descansan rígidos. Inflexibles, los dedos de sus manos esconden siempre las uñas. Por ratos, en la izquierda se le coloca una férula dinámica, o sea un guante hecho con alambres y ligas que le extiende los dedos.

 

La “humanidad” de Zanfer

 

Junto con Dennis, su padre Gilberth Martínez se encarga de los cuidados de El Timón. Prácticamente desde que salieron de su natal Ochomogo de Cartago, ciudad localizada a una hora de San José, la capital de Costa Rica, viven en el cuarto 320 del hospital Puerta de Hierro. Hasta el martes 8 la cuenta por la atención médica ascendía a 3 millones 400 mil pesos, deuda de la que Zanfer Promociones se ha desentendido.

Conocida como “la mejor empresa de boxeo de Latinoamérica”, Zanfer Promociones dejó abandonado a su suerte a Alejandro Martínez. Fernando Beltrán, el dueño, ni siquiera se ha comunicado con los familiares para preguntar por la salud del boxeador. Sus empleados, Arturo y Guillermo Brito (director operativo) ya no contestan las llamadas telefónicas del señor Gilberth ni del gerente operativo de admisión del Centro Médico Puerta de Hierro, Gerardo García, a quien el 27 de julio le entregaron como depósito inicial 195 mil pesos. El 17 de agosto hicieron otro pago de 200 mil pesos y el 2 de octubre una cantidad igual, para hacer un total de 595 mil pesos.

“El hospital está en la disposición de negociar esta cuenta, no estamos cerrados, pero es importante que venga alguien de Zanfer. Seguimos dando la atención porque hay un compromiso moral con Alejandro y el papá, que ha enfrentado la situación con nosotros y no se ha dado la vuelta. Nosotros, al ver eso, tenemos que ayudarlo. No podemos negarle el servicio, tenemos que ser humanos ante todo. La parte administrativa ya la arreglaremos de alguna u otra forma con el señor Arturo Brito, que firmó como responsable”, señala Gerardo García.

Desesperado por la condición de su hijo y la deuda en el hospital, que a diario se incrementa entre 5 y 10 mil pesos, en septiembre pasado Gilberth Martínez se trasladó a Tepic. Fue a buscar a los Brito y a Fernando Beltrán, aprovechando que estarían ahí para la pelea de Julio César Chávez Jr. contra Jason Le Houllier.

Martínez sólo pudo hablar con Arturo Brito, a quien le pidió que saldara la cuenta del hospital y le solicitó ayuda para trasladar a su hijo a un centro de rehabilitación o al menos los boletos de avión para llevárselo a su país. Brito le entregó 12 mil pesos al señor Martínez con la advertencia de que todo lo que han hecho es “por humanidad”.

Le explicó que entendía su situación, pero le recalcó que no podía ayudarlo. Aunque en julio le pidió que no hablara con los medios de comunicación “porque tergiversan la información para vender más”, le sugirió que ahora sí lo divulgue para ver si así reaccionan sus patrones.

Gilberth Martínez no tiene dudas: ante la condición de salud de su hijo, la empresa Zanfer apostó a que El Timón no tardaría en morir. La muerte del pugilista Marco Antonio Nazareth el 22 de julio pasado como consecuencia de un derrame cerebral –tres días después de haber peleado contra Omar Chávez, el hijo menor de Julio César, en otra función montada por Zanfer– refuerza su teoría.

“Llevaron a mi hijo a un buen hospital (Puerta de Hierro está entre los tres más caros de Guadalajara), por lo que había pasado días atrás con Antonio Nazareth y creyendo que lo mismo le pasaría a mi hijo. Si pasaba un desenlace fatal ellos podrían decir que hicieron lo humanamente posible, pero no midieron que mi hijo lucharía por su vida, con el inconveniente para ellos que sería la parte económica, por lo que optaron por abandonarnos aquí”, acusa Gilberth Martínez.

 

La sordera de Sulaimán y Beltrán

 

La semana pasada, el señor Martínez viajó a la Ciudad de México para entrevistarse con el cónsul general de Costa Rica en México, Carlos Pantoja, quien le informó que el gobierno de su país llevará a cabo los trámites necesarios para trasladar a Alejandro a Ochomogo.

“El cónsul me dijo que ya están haciendo todo lo posible para trasladarlo y que están tratando de unir esfuerzos aquí con el gobierno mexicano. Me dice que allá también el presidente Óscar Arias se pronunció y le dijo a la ministra (de Seguridad Pública) Janina del Vecchio que hiciera los trámites necesarios, pero como es algo diplomático se lleva varios días, estoy en espera de eso. Sería mediante una ambulancia aérea por medio de la Cruz Roja Internacional, le van a poner los aparatos médicos a una aeronave para trasladarlo”, señala el padre del boxeador.

En Costa Rica, Gilberth Martínez se gana la vida haciendo mudanzas y transportando de un lugar a otro cualquier cosa que pueda cargar en un camioncito de su propiedad. La situación de la familia no es fácil: además de Alejandro, de 24 años, tiene otros siete hijos, a seis de los cuales aún mantiene. La más pequeña está por cumplir seis meses.

Desde hace tres años El Timón residía en Mexicali, donde se instaló para desarrollar su carrera deportiva. Allá quedaron, también en el abandono, su esposa Mariel y su pequeño hijo. Los 30 mil pesos que supuestamente cobraría por enfrentarse a El Topo Rosas ni siquiera se los pagaron. Su sueño de ser campeón se ha esfumado de golpe.

“No tiene contacto con el medio ambiente. Sus funciones autónomas están presentes, pero no es capaz de hacer cosas por sí mismo. Las esperanzas de recuperación son inciertas. Es difícil determinar lo que va a pasar con Alejandro porque cada persona reacciona en forma distinta, pero para optimizar su recuperación debe estar en un centro de rehabilitación neurológica, porque si no, sus posibilidades disminuyen”, advierte el doctor Rodríguez.

“Yo creía que mi hijo estaba muy bien, que estaba cubierto por seguros (médicos y de vida), por algo que lo amparara, pero estas son las horas en que yo no sé si existe un contrato. Aunque es un boxeador profesional con una licencia vigente en México, nadie da la cara. Espero que se resuelva la situación, que esta gente se concientice, que se ponga la mano en el corazón y sepan que la situación no es como ellos me dicen, que por humanidad me ayudan.

“Está en juego la vida de muchachos jóvenes que tienen ilusiones en el boxeo. Si ellos suben al ring para ganar dinero, las promotoras tienen responsabilidades morales. El gobierno, las comisiones de boxeo, están actuando mal porque dejan que pasen estas cosas, que haya peleas sin seguros de nada. Y aunque no haya nada existe la responsabilidad y la parte moral. Los promotores cobran por cada cartelera, reciben mucho dinero y ahora se hacen de la vista gorda.”

A Gilberth Martínez lo martiriza saber que su hijo, al igual que otros boxeadores, fue utilizado como carne de cañón. Considera que la pelea contra El Topo Rosas fue desigual y que Alejandro fue castigado con sólidos golpes desde los primeros rounds.

De hecho, durante la transmisión de la pelea se escucha que en su esquina le dicen: “No estás ni cabeceando, no estás haciendo nada”. En el descanso entre los rounds nueve y 10, Martínez fue advertido: “Están a punto de parar la pinche pelea. No estás haciendo lo que te decimos”.

En el último episodio El Timón Martínez a duras penas se sostuvo en pie. Sin soltar golpes, con mucho esfuerzo mantuvo los brazos arriba. Con la campanada final se acercó a la esquina del adversario. Tomó un poco de agua. Desanimado, con la tristeza calcada en el rostro, escuchó el fallo de los jueces y vio el brazo de El Topo Rosas en alto.

“El mismo árbitro pudo haber parado esa pelea antes de tiempo. Le echo la culpa hasta al árbitro (Juan Lazcano, del Consejo Mundial de Boxeo): ¿para qué hace sufrir a una persona si ya sabe que la pelea tiene un desenlace a favor de otra persona?

“No le voy a echar la culpa al boxeo. Lo que camina mal son las promotoras, las leyes. Cuando mi hijo empezó a boxear me preocupé y no estaba muy de acuerdo, pero dije: es mejor que esté en el deporte para que no piense en drogas ni cochinadas de la calle; el box tiene muchas cuestiones positivas, el box no es malo. Hay personas malas que hacen las cosas mal. Son las organizaciones, la falta de leyes”, comenta Gilberth Martínez.

El padre de El Timón también lamenta que el presidente del CMB, José Sulaimán, no haya intercedido para obligar a Fernando Beltrán a asumir su responsabilidad. Se limitó a decirle que buscaría un hospital de la Secretaría de Salud al cual llevar a su hijo. “Él, tanto que habla sobre humanizar el boxeo. Mi hijo necesita terapias, no otro hospital. Me duele decirlo, pero no me quiso ayudar, le pedí que le hablara a esta gente, pero no lo hizo”, señala.

Desde que llegaron a la capital de Jalisco, Gilberth Martínez y su hijo Dennis duermen en un sofá amarillo que comparten, asean su ropa en el lavabo del baño del cuarto que Alejandro tiene asignado y la ponen a secar sobre los muebles de herrería blanca que hay en la terraza, desde donde se alcanza a ver la nueva y lujosa zona de Andares, una de las más prósperas de Guadalajara. Sus alimentos los consiguen en una tienda Oxxo, el único lugar cercano con precios accesibles para comprar, si acaso, jugos, sándwiches y comida chatarra.

En una vieja libreta de rayas, Gilberth Martínez lleva una relación de gastos. En un mes tuvo que desembolsar más de 30 mil pesos entre los tenis, unas cánulas, el viaje que hizo a Tepic, el crédito que compra para un celular que alguien le prestó, la comida (una o máximo dos veces al día), el pago a un médico del centro de rehabilitación Mundo Físico que atendió a Alejandro y las terapias que éste recibe por 400 pesos diarios.

Por su parte, Dennis Martínez ya no quiere ser boxeador. Las ganas se le espantaron al ver la condición de Alejandro. Tiene 20 años y 65 peleas amateurs. Ya no asiste a clases. Tampoco entrena en un gimnasio. Se dedica ahora a cuidar a su hermano.

Después de que cada mañana un fisioterapeuta visita a El Timón durante una hora para flexionar sus extremidades y darle masaje, las enfermeras lo sientan en un sillón. Otras veces lo sacan a la terraza a tomar el sol. Recibe los cuidados de higiene y movimiento necesarios para evitar lesiones en la piel por las horas que pasa acostado en la misma posición.

A Alejandro le urgen más y mejores terapias de rehabilitación. Dennis ha aprendido y durante todo el día repite lo que ve que le hacen a Alejandro. Dedo por dedo, despacio, luego rápido, le mueve cada parte del cuerpo. Incansable, no para de gritar: “¡Alejandro, despierta! ¡Mira, voltea a ver aquí! ¡Alejandro, Alejandro!”.