Bajo estrecha custodia policiaca y sin Néstor de la Torre, llega el Tri a Juárez

lunes, 11 de octubre de 2010

CIUDAD JUÁREZ, Chih., 11 de octubre (apro).- En medio de un fuerte dispositivo de seguridad, y sin Néstor de la Torre, director de la Comisión de Selecciones Nacionales, el equipo Tricolor arribó a esta ciudad donde mañana martes se medirá a Venezuela en el último partido que disputará en 2010.

De la Torre se quedó en México, y personal de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) informó que se unirá a la Selección mañana lo mismo que Justino Compeán y Decio de María, presidente y secretario general del organismo.

A las 17.30 horas, tiempo local, previo al entrenamiento, habrá conferencia de prensa con los jugadores en la que se espera que den cuenta de la reunión que sostuvieron la noche de este domingo con los directivos para arreglar las diferencias que existen en el seno de la Selección por la figura de Néstor de la Torre.

Los 20 jugadores convocados, entre los que se cuentan los 11 que fueron multados con 50 mil pesos por haber participado en un festejo en Monterrey en septiembre pasado, arribaron al aeropuerto pasadas las 11 de la mañana, tiempo local, donde ya se encontraban elementos de la Policía Federal custodiando la zona, así como decenas de seguidores que fueron a recibirlos.

Sin embargo, el autobús de la Selección ingresó a la zona de pistas para que los jugadores lo abordaran sin que nadie pudiera acercarse.

“Vamos a seguir el camión y hacemos que se pare; y si no se para, pues lo paramos”, gritó un aficionado detrás de una reja a través de la cual se veía a los jugadores subir al autobús.

Entonces, los fanáticos abordaron sus vehículos y salieron, unos adelante y otros atrás del convoy policíaco que escoltó al camión del equipo hasta el hotel Camino Real.

Encabezado por un grupo de policías de tránsito, quienes con sus motocicletas iban abriendo camino, el camión fue custodiado a lo largo de la avenida Tecnológico por seis camionetas con por lo menos siete elementos de la policía federal quienes portaban armas de grueso calibre. Sin respetar semáforos en rojo, los vehículos, incluidos los de prensa y fanáticos, avanzaron en una larga fila sin detenerse hasta llegar al hotel en menos de cinco minutos.

Junto con el camión llegaron los fanáticos en sus coches que dejaron estacionados a media calle y corrieron con camisetas, fotografías, cámaras y posters en mano para tratar de acercarse a los jugadores mientras descendían del camión frente a la puerta del hotel.

No obstante, alrededor de 20 policías federales se apostaron delante del camión y personal del hotel ya había colocado vallas metálicas para impedir el paso de los aficionados, algunos incluso se metieron a una fuente para esquivar las vallas, pero los frenó el temor a acercarse a los elementos armados.

Niños, señores, jóvenes y mujeres de todas las edades se desgañitaban gritando el nombre de sus ídolos, les pedían fotos o al menos que alzaran la mano para saludarlos. Con una leve sonrisa volteó a verlos Héctor Moreno, quien jalaba una maleta y una bolsa y no pudo ni levantar la mano.

Luego apreció Carlos Salcido, quien a pesar de que se vio involucrado en un escándalo con un travesti, fue vitoreado y muy bien recibido por la afición. Andrés Guardado sacudió la mano izquierda, lo mismo Javier Hernández, y la gente estaba loca de la emoción.

Inconforme, un señor se paró delante de los federales para reclamarles que no les permitieran acercarse  a los jugadores.

“No es justo, no es justo, ¿por qué no nos dejan acercarnos? ¿Qué va a pasar por una foto, un autógrafo? Ellos (los policías) saben donde están los malos, otra cosa es que se hagan güeyes, persíganlos a ellos. Nosotros somos buenos, somos fanáticos del futbol y sólo queremos una alegría”, gritaba desesperado y casi al borde del llanto quien dijo llamarse René Vázquez.

Presa de la ira, Vázquez también arremetió contra los jugadores:

“Que vengan, que nos den una foto, un autógrafo, ¿no nos pueden dar eso? Puras cosas malas pasan en Juárez, todo malo y cuando viene algo bueno nos lo quitan. Son nuestros ídolos, ¿qué les hacemos por una foto? Gasté 9 mil pesos en boletos para llevar a toda mi familia, es el regalo que les dimos de Navidad. Con toda la seguridad que hay no creo que no puedan venir a saludarnos.

“Voy a ir al entrenamiento, voy a comer en el hotel, voy a hacer una reservación o no se qué voy a hacer, pero necesito algo de ellos porque son las alegrías que nos da el futbol, el futbol es lo único bueno que tenemos. Es lo que nos hace ser felices, es nuestra vida. Yo jugué desde niño, y no llegué (a ser jugador profesional) porque no fui bueno, pero el futbol es de lo poco que nos pueden dar en Juárez. Pido que los aficionados tengamos acceso a ellos, saludar al Chícharo, al menos para darles las gracias porque vinieron a darnos alegría; quiero hasta llorar”, sentenció el señor Vázquez, quien estaba acompañado de su hijo, un adolescente de 16 años.

Unos minutos después, los fanáticos se pararon bajo el rayo del sol a gritar frente a las ventana del hotel de ocho pisos “que salgan, que salgan”. Bastaba con que cualquier huésped se asomara para que los ahí presentes imaginaran que eran los jugadores: “es Memo Ochoa”, gritaba uno. Y la multitud enloquecida coreaba: “Memo, Memo”. “Ahí está Torrado”, señalaba con el dedo otro. Y en automático todos: “To-rra-do, To-rra-do”.

Al menos unos 30 policías federales se quedaron apostados frente a las puertas de cristal del hotel para impedir el paso, mientras que personal del Camino Real comenzó a replegar a las personas y a colocar vallas metálicas. Los fanáticos quedaron sobre la banqueta y algunos otros en el arroyo vehicular hasta que poco a poco, abrumados por el calor, comenzaron a dispersarse.

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