El entrenador que quiso ser piloto y policía

miércoles, 29 de diciembre de 2010

MÉXICO, D.F., 29 de diciembre (Proceso).- Cuando el entrenador de clavados Iván Bautista Vargas –Premio Nacional de Deportes 2010– era adolescente quería ser piloto en el Ejército, pero fue rechazado. Pensó en convertirse en policía federal de caminos, y si no podía, por lo menos sería judicial.

Su padre, un maestro en la minúscula comunidad de Calnali, Hidalgo, asombrado por las extrañas inclinaciones de su hijo lo ayudó a superar la incertidumbre. Lo motivó para que emigrara a la Ciudad de México. Bautista se matriculó en la Escuela Superior de Educación Física, de donde egresó en 1994, a los 23 años.

Realizó sus prácticas profesionales en el Centro de Actividades Acuáticas de Alto Nivel (CAAN), administrado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Ahí, bajo la instrucción de los profesores Roberto González y Jorge Rueda, Iván aprendió las bases de los clavados.

Durante seis años trabajó en el CAAN; los primeros sin ninguna paga y los últimos por 600 pesos mensuales, que no alcanzaban para pagar las cuentas de un hombre casado.

A pesar de que desde hace 10 años ningún otro entrenador ha cosechado más medallas que él en la Olimpiada Nacional –sólo de oro suma casi 150–, no fue sino hasta 2005 cuando recibió una oportunidad: el Consejo Estatal para el Fomento Deportivo y el Apoyo a la Juventud de Jalisco (Code) lo nombró entrenador en jefe de la escuela de clavados.

De la mano de Bautista han florecido varios atletas. Germán Sánchez se convirtió, a los 16 años, en el clavadista más joven de México en competir en Juegos Olímpicos en Beijing 2008; Iván García obtuvo la primera medalla (bronce) para el país en esta disciplina en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur 2010, y Kevin Chávez ganó oro y bronce en el Campeonato Mundial Juvenil realizado en Tucson, Arizona, en septiembre pasado.

Asimismo, sus pupilos cosecharon seis preseas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez.

El pasado 20 de noviembre, con 39 años, Iván recibió el Premio Nacional de Deportes, reconocimiento que hasta entonces sólo había ganado otro entrenador de clavados, Jorge Rueda (en 1996), quien tiene más de cuatro décadas de trayectoria.

“Aunque sé que el premio se lo dan casi siempre a quienes ganan medalla olímpica, para mí este fue un buen año con la de los olímpicos juveniles; no es lo mismo, pero fueron seis centroamericanas y otras tres en el Mundial Juvenil y en la Serie Mundial. Agradezco el premio porque me da seguridad y paz por haberlo conseguido tan temprano. Es un gran reconocimiento que me compromete más a hacer las cosas mejor, porque mi objetivo es ganar medallas olímpicas”, comenta Bautista.

Explica que sus éxitos se deben a que ha trabajado en equipo junto con otros siete entrenadores. Asegura que este esquema debería aplicarse a escala nacional para que México se convierta en un país que gane al menos una medalla en clavados en cada edición de Juegos Olímpicos.

Sin egoísmos

 

Para que México mejore en materia de clavados le sugirió al presidente de la Federación Mexicana de Natación, Kiril Todorov, que los entrenadores de distintas categorías trabajen juntos en una selección nacional con atletas juveniles y de primera fuerza. Le dijo que es preciso hacerlo con criterios unificados para que, por ejemplo, los atletas puedan hacer parejas en las pruebas de sincronizados.

“Estamos atrasados en eso. Falta sistematizar y que todos los entrenadores que competimos a nivel internacional trabajemos como un equipo mexicano coordinado por un director técnico que articule un sistema de trabajo. Además, los entrenadores deben tener un salario decoroso que se vaya aumentando en función de los resultados.

“Ese proyecto debe quedar listo a más tardar en 2012, pues de lo contrario no habrá buenos resultados en clavados. Países como Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y otros de Europa ya tienen un coach líder que, sin favoritismos, llega a acuerdos por el bien del país. Solo así podemos asegurar una medalla por Juegos Olímpicos y no que pasen años para que tengamos otra”, sentencia. 

Insiste en que el mérito de ganar medallas debe ser colectivo y no necesariamente alguien tiene que ponerse el título de “papá de la medalla”. También dice que debe reconocerse el mérito de quien formó a ese atleta que llegó al más alto nivel, pero lo importante es desterrar del deporte mexicano la idea de que no se puede trabajar en equipo.

“En 17 años he visto cómo se forman mafias, pero esto es algo natural porque todos quieren sentir que pertenecen a un grupo o ser líder como entrenador nacional y permanecer en el puesto lo más que se pueda. Me he topado con eso y cuando ves obstáculos te tienes que ir, porque eso te frena.

“Si yo hubiese chocado con gente que hace años manejaba los clavados, mi carrera se hubiera frenado. Estar aquí (en Jalisco) es una forma de no enfrentarme con quienes manejan los clavados en México; tuve que buscar mi propio territorio para no invadir el de alguien más”, enfatiza.

Además de los triunfos internacionales, Bautista destaca el sistema que ha implementado con los 150 niños y jóvenes de entre cinco y 22 años que integran la escuela de clavados de Jalisco. Esta entidad ha arrasado en este deporte en los últimos cinco años en la Olimpiada Nacional, y es la base en más de 50% de la selección nacional juvenil y mayor. De ese grupo, entre 30 y 40 deportistas son de alto rendimiento y otros 16 cuentan con nivel suficiente para competir a nivel internacional.

El sistema Bautista, “una fabriquita que ya está funcionando sola”, consiste en reclutar a niños de entre cinco y siete años máximo y de hasta 10 sólo si antes han practicado gimnasia. Al igual que quienes se iniciaron en los clavados desde temprana edad se les someterá a evaluaciones trimestrales para medir sus capacidades y detectar a los talentos.

Casi 80% de los inscritos recibirán primero entrenamiento de tipo “recreativo”, para que desarrollen el gusto por el deporte. Los aspirantes a clavadistas tendrán derecho hasta a cuatro valoraciones antes de que se determine si serán canalizados a otras disciplinas o se les ubicará en alguna categoría para que comiencen a aprender los saltos.

“Cuando pasa a formar parte de un equipo, el niño tendrá un entrenador especialista en su categoría. Los principiantes entrenan tres veces a la semana, cuando empiezan a avanzar y sobresalen del resto realizan cinco entrenamientos; luego tendrán ocho y así, dependiendo de cómo vayan avanzando. Algunos vienen a vivir al Code, otros no duermen, pero sí comen y estudian aquí. Todos tienen evaluaciones trimestrales con el fin de que los que tienen talento se vayan separando y los que no, se den cuenta, sin que sea traumático, que pueden hacer clavados en forma recreativa, pero no en el alto rendimiento”, explica el entrenador.

A los nueve años un niño que es considerado “figura” debe estar prácticamente listo para competir en la Olimpiada Nacional y deberá someterse hasta a 10 sesiones semanales de entrenamiento.

Consciente de que su disciplina es ahora más científica que empírica, Bautista se ha pulido como entrenador gracias al material bibliográfico que ha conseguido en los viajes que ha hecho al extranjero. En México, explica, no existen libros donde se pueda aprender sobre técnica para enseñar clavados.

También dice que es “muy preguntón”, lo mismo con los entrenadores que trabajan en México como con los de otros países, a quienes plantea sus dudas en las competencias internacionales. Dice que filma todo lo que está a su alcance, luego lo estudia y analiza hasta sacar sus propias conclusiones.

–¿Se imagina su vida como policía judicial?

–Ya no, pero seguro andaría queriendo salvar a las mujeres de Juárez, porque se me hace muy feo lo que les pasa. También le pondría el corazón a esa actividad, pero tal vez ya no estaría vivo.