Se desborda afición en Johannesburgo; se placean los bafana bafana

miércoles, 9 de junio de 2010

Johannesburgo, 9 de junio (apro).- Durante semanas, a través de la televisión, la población fue convocada a apoyar a los Bafana-Bafana. El día: miércoles 9 de junio. La hora: 12.00 pm. La idea: ondear la bandera nacional, hacer sonar las vuvuzelas o apoyar con cualquier expresión que estimule al equipo nacional de futbol. Y la gente de esta capital mundialista por un mes, respondió.

En Johannesburgo, los habitantes, negros y blancos, se volcaron a las calles. Apenas las manecillas del reloj se habían juntado cuando comenzaron a escucharse los primeros acordes de las vuvuzelas. El ensordecedor sonido salía de por doquier, de gente que subió a sus autos a recorrer las principales avenidas, de cientos de aficionados que viajaban en autobuses de los que se apostaron en los puentes peatonales.

El estruendo de las vuvuzelas. Gritos de ¡Ayoooooooooba¡  -expresión que en zulu significa bueno, pero que en el caló de los negros equivale a una especie de “¡Qué chido!”-, banderas con los colores negro, verde, rojo, azul, amarillo y blanco ondeando por el cielo, aficionados con pelucas multicolores y, por supuesto, la camiseta de la Selección sudafricana, sombreros makarapas, automóviles con los espejos cubiertos con la bandera de Sudáfrica convertida en funda de tela, el rugir de las bocinas de cientos de vehículos que se dirigían hacía Sandton City, la zona comercial donde se encuentra el hotel en el que los Bafana-Bafana está concentrados.

Jonannesburgo fundida en un mismo grito, lo más cercano a la “Nación del arcoíris” que Mandela soñó.

La Selección que dirige el brasileño Caros Alberto Parreira se paseó por distintos lugares de la ciudad en un autobús de dos pisos, descapotado, el “turibus sudafricano” en el que Teko Modise, Aaron Mokoena,  Steven Pienaar, Kathlego Mphela, Siboniso Gaxa, Itumeleng Khune, Matthew Booth y el resto del equipo correspondieron con saludos y sonrisas a los aficionados.

Pero no sólo en las calles los habitantes de Johannesburgo festejaron a su selección, en otras plazas, en las oficinas, en las escuelas, todos se olvidaron de sus actividades para bailar diski dance ataviados con camisetas amarillas o verdes.  

Basta con que un sudafricano se tope con un mexicano para que de inmediato les den su más sentido pésame por la derrota que adelantan para el próximo viernes en el partido inaugural en el que se enfrentarán México y Sudáfrica.

Los aficionados de los Bafana-Bafana no razonan en torno a su selección, sienten y creen que ganarán. “¿Ah, eres mexicano? Ten esta servilleta para que seques tus lágrimas el viernes”, le dice un aficionado blanco a un turista mexicano en un restaurant.

“Nosotros tenemos además la magia de Madiba”, dice el bellboy, negro por supuesto, del Hotel Michelangelo. Y sí, se ha confirmado la presencia del expresidente Nelson Mandela en el estadio Soccer City, aunque sea durante unos minutos en el arranque del partido.

Nadie le da una oportunidad a México. En este país, Parreira es Alá y los 23 jugadores sus profetas.

 

 

 

 

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