España ¡campeón del mundo!; gana 1-0 a Holanda en tiempos extras

domingo, 11 de julio de 2010

JOHANNESBURGO, 11 de julio (apro).- En el Mundial en el que los mediocampistas hicieron lo que los delanteros estrella quedaron a deber, tenía que ser uno de ellos, además del Barcelona, Andrés Iniesta, el que marcara el gol con el que la élite del futbol recibe a su nuevo miembro: España, que en un nido de patadas, derrotó 1-0 a Holanda en el partido final de Sudáfrica 2010.

El equipo de Vicente del Bosque precisó de 116 minutos para poder tener por primera vez en su vitrina la copa de campeón del mundo. La camiseta roja tiene ya una estrella del lado del corazón que en el campo bordaron Fernando Torres, Cesc Fábregas y Antonio Iniesta. Made in Liverpool-Arsenal-Barcelona. 

El Niño Torres que, otra vez como en la semifinal ante Alemania, se quedó en la banca, entró de cambio en el segundo tiempo extra, ya pensando del Bosque en la posibilidad de llegar a los penales.

El delantero, que se fue sin goles de Sudáfrica, desbordó por el costado izquierdo y centró para Iniesta que cerraba por la derecha, pero Joris Mathijsen alcanzó a cortar y el balón quedó a merced de Fábregas que pasó para Iniesta; Andrés disparó potente y cruzado, de derecha. El portero Maarten Stekelenburg apenas rozó con la mano derecha el Jabulani que se alojó en el fondo de la red.

Iniesta corrió despavorido mientras se despojaba de su camiseta azul. En la que llevaba debajo, blanca y sin mangas, se leía: “Dani Jarque siempre con nosotros”, en homenaje al jugador nacido en Barcelona que el 8 de agosto del año pasado perdió la vida por un paro cardíaco.

Hace un par de años, cuando Josep Guardiola llegó para dirigir al Barcelona, Andrés Iniesta le preguntó qué podía hacer para marcar más goles. El exdefensa del club blaugrana no supo que decirle más que él en 10 años sólo pudo hacerlo cuatro veces.

En Sudáfrica, Iniesta fue baja con España en el derrota 1-0 ante Suiza. Contra Chile, aún en la primera fase, marcó el tanto con el que el equipo se clasificó a los octavos de final. En la última temporada en la liga española apenas anotó uno –al Racing de Santander-. Sus dos goles en el Mundial fueron providenciales.

De la final entre Holanda y España se esperaba un futbol grandioso. De los naranjas, el tan sobado futbol total con el que ya perdieron dos finales de Mundial en 74 y 78. De los rojos, el del toque y dominio del balón. Pero durante noventa minutos no se vio ni uno ni otro.

Los holandeses cocieron a patadas a los españoles y el árbitro inglés Howard Webb se dio gusto repartiendo tarjetas amarillas, unas de más; y se guardó una que otra que evitó que Holanda se quedara con menos de 10 hombres, tras la expulsión de John Heitinga. Perdió el control del partido y exhibió carencias injustificables para un juez con gafete internacional.

España quiso imponer su estilo de juego, pero Holanda se le encimó todo el tiempo. Ya con Sergio Ramos, ya con David Villa; con Fábregas y con Navas, pero cuando no fallaban, Stekelenburg desviaba los disparos. O las patadas de Van Bommel y compañía frenaban los recorridos.

Por Holanda, Arjen Robben se lució llegando al menos en tres ocasiones para gol. En dos mano a mano con Iker Casillas el arquero se impuso casi milagrosamente. Primero en una pase de Wesley Sneijder, el del Bayern Munich le pegó fortísimo de zurda, pero el capitán de España desvió el balón con el pie derecho; después, con la defensa roja mal parada, Robben se fue solo hacia el marco de Casillas. Gerard Piqué solo se quedó mirando mientras que Carles Puyol se le colgó, lo abrazó y ni así pudo evitar que el delantero naranja tirara. El portero volvió a salvar a los suyos. Le sacó el balón de entre los pies de forma impecable.

La tensión del partido la rompió Iniesta con su gol, que de paso, terminó con el autocontrol de Vicente del Bosque. Por primera vez, en siete partidos en Sudáfrica festejó un tanto. Mientras alrededor del barcelonista se arremolinaban 21 de sus 22 compañeros (sólo Iker Casillas se quedó en su área), en la banca el míster de España se abrazaba con su cuerpo técnico. Y sí, estaba sonriendo.

Cuando el infame silbante pitó el final del encuentro, los jugadores se derrumbaron en el campo. Holandeses y españoles estallaron en llanto. Unos de felicidad, otros de tristeza. Hombres con alma de niño. Iker Casillas de hinojos hasta con espasmos de llanto. Incrédulo, el arquero aun pensaba que soñaba. Sneijder con las lágrimas de la culpa. Eljerio Elia, Robben, Van Persie también inconsolables. Emociones colapsadas.

Y Del Bosque pasó luego de los abrazos a volar por los aires. Con su rechoncho cuerpo y toda su seriedad, los jugadores lo levantaron. Lo aventaron una y otra vez hasta que los brazos cansados no dieron para más.

Ya para entonces los 23 campeones del mundo se habían cambiado la camisa azul marino con la que jugaron en calidad de visitantes por la roja, la de La Furia, el equipo de sólo garra y corazón sin mucho futbol que ya no quieren ser, pero que Del Bosque insiste en que “una cosa no está peleada con la otra”.

Durante la ceremonia de premiación, los jugadores holandeses aun en estado de negación movían la cabeza de un lado a otro. Segundo lugar por tercera vez en su historia. El entrenador Bert Van Marwijk recibió su medalla de subcampeón de manos del presidente de la FIFA, Joseph Blatter. No había caminado ni cinco metros y ya se la había arrancado.

El capitán Casillas por fin recibió la copa que momentos antes había besado de pasadita Fernando Llorente. Una lluvia de cuadritos dorados inundó el estadio Soccer City. Ya para esos momentos lo único de color naranja que quedaba en el lugar era los asientos, y un grupito de holandeses masoquistas que no quisieron moverse.

Los españoles corrían felices por todo el campo. Xavi y Puyol se agacharon para pasar de bajo de los brazos de los policías que hicieron una barda humana para supuestamente evitar que nadie pasara. Pero los jugadores se subieron hasta la grada a abrazar a sus familias.

En la cancha ya toda era chacota. Los aficionados se saltaron al terreno de juego para acercarse a los nuevos campeones. Los elementos de seguridad privada eran burlados por todos lados. Si momentos antes de que salieran los equipos para la ceremonia de los himnos nacionales el catalán Jimmy Jump volvió a hacer de las suyas y casi alcanza a tocar la copa, por qué los fanáticos españoles eufóricos no intentarían ser parte de la fiesta del primer título de La Furia Roja.