La "amnesia" de Cabañas

jueves, 26 de agosto de 2010

De acuerdo con los interrogatorios a los que fue sometido el futbolista Salvador Cabañas el lunes 2 de agosto, las razones de la agresión que lo puso al borde de la muerte seguirán siendo un misterio. El paraguayo sólo recuerda que recibió un golpe en la cabeza, pero no sabe quién lo agredió, dice. Tampoco pudo identificar a ninguna de las personas que las autoridades mexicanas le mostraron en fotografías.

MÉXICO, D.F., 26 de agosto (Proceso).- Por fin, después de un largo proceso de recuperación en la clínica Fleni,  una de las más prestigiadas de Argentina, Salvador Cabañas rindió su declaración ministerial sobre la agresión que sufrió la madrugada del 25 de enero en la discoteca Bar Bar y que lo tuvo al borde de la muerte.

La diligencia  se efectuó el pasado lunes 2 en Asunción, Paraguay, donde el futbolista pasa unos días en compañía de sus familiares antes de regresar a Argentina, para recibir la última fase de su tratamiento.

Cabañas llegó a las 7:45 horas a la sala de audiencias del juez penal de Garantías número seis, Pedro Mayor Martínez, en cumplimiento de una solicitud de asistencia legal formulada por la Procuraduría General de la República (PGR), derivada de la averiguación previa FAO/AO-4/T1/00147/10 por el presunto delito de homicidio calificado en grado de tentativa.

Antes del interrogatorio, el exseleccionado paraguayo, asesorado por el abogado Roberto Ruiz Díaz Labrano, fue sometido a una valoración médica por un experto forense de la Corte Suprema de Justicia de su país, quien dictaminó que “el señor Salvador Cabañas actualmente se encuentra dentro de parámetros normales, excepto en la función amnésica del sistema nervioso central cuya semiología clínica –subrayó– revela una memoria remota conservada y memoria reciente con amnesia parcial moderada”.

Con base en el parte médico, el juez Mayor Martínez le preguntó a Cabañas, cuya situación contractual con el América no es del todo clara, si tenía algún impedimento o inhabilidad legal que lo incapacitara a declarar válidamente. El futbolista respondió que no tenía inconveniente para declarar.

Cumplida esa formalidad, el fiscal de la PGR Álvaro Ortiz Hernández, adscrito a la Unidad Especializada e Investigación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita y de Falsificación o Alteración de Moneda de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), procedió a interrogar al jugador del América.

De las 15 preguntas que le hizo el Ministerio Público federal durante el primer interrogatorio, Cabañas sólo respondió dos: una relacionada con sus generales y, la otra, con los motivos de la agresión de que fue objeto en el baño de la discoteca Bar Bar a manos de José Jorge Balderas Garza, El JJ o El Modelo, presunto operador de La Barbie en Huixquilucan, Estado de México, y quien está prófugo.

Cabañas dijo, lacónico: “Recuerdo que recibí un golpe en la cabeza, pero no recuerdo quién me lastimó”.

En el resto de las preguntas, las respuestas fueron siempre las mismas: “no recuerdo” y “no lo ni la conozco”. En ese paquete salieron a relucir nombres de personajes de la farándula, como Silvia Irabién Milke La Chiva, Arleth Rocío Terán Sotelo y Sergio Mayer.

El segundo interrogatorio corrió a cargo de Miguel Espejel Ramírez y Raúl Valverde Niño, respectivamente fiscal de la Subprocuraduría de Averiguaciones Previas Desconcentradas y agente del Ministerio Público de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).

En esa batería de preguntas, el jugador paraguayo confió que durante su estancia en México una de sus diversiones favoritas era ir a las discotecas, aunque no mencionó los establecimientos a los que solía asistir. “Cuando tenía tiempo de vez en cuando me iba a las discotecas, pero no recuerdo el nombre de los lugares a donde iba”, dijo.

Durante la diligencia ministerial, Cabañas aceptó haber estado en el Bar Bar varias veces, aunque mencionó que no era cliente habitual. Tampoco recordó la ubicación exacta del mismo. “Acudía de vez en cuando”, enfatizó.

El fiscal de la PGJDF le preguntó después si antes del 25 de enero había tenido algún incidente o discusión con El JJ. “No tuve ninguna discusión, no recuerdo”, indicó el futbolista.

Al preguntarle cómo supo de la existencia del Bar Bar, que hasta antes de su clausura era uno de los sitios predilectos de personajes del futbol profesional y de la farándula, Cabañas comentó que se enteró por las conversaciones que sostenían los jugadores del América en el vestuario.

Después del interrogatorio, y previa autorización del juez Pedro Mayor, el Ministerio Público del DF le mostró al exseleccionado paraguayo siete fotografías, entre ellas la de su presunto agresor, El JJ, y las de los empleados de la discoteca ubicada en avenida Insurgentes, para que los identificara. En todos los casos, Cabañas soltó la misma respuesta: “No lo conozco” o “no lo reconozco”.

Antes de concluir la audiencia, el representante de la Fiscalía General de Paraguay, Juan Emilio Oviedo, le preguntó a Cabañas si deseaba formular alguna denuncia contra de Francisco José Barreto García, El Paco, El Águila o El Contador.

Este sujeto es el guardaespaldas que acompañaba a El JJ durante la agresión a Cabañas y ahora está bajo arraigo. Durante su detención, en junio pasado, El Contador confirmó que la agresión al exdelantero del América fue provocada por una discusión sobre la supuesta falta de goles del equipo de Coapa.

Según Barreto, Cabañas reaccionó de manera agresiva y por esa razón El JJ le disparó en la cabeza.

En la versión pública que ofreció la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP), El Contador aseguró también que Balderas Garza y Cabañas se conocían de hace tiempo porque frecuentaban el Bar Bar. Y más todavía: que El JJ trabajaba al servicio de Edgar Valdez Villarreal, La Barbie, y que se habían quedado con la plaza del Estado de México tras la detención de Gerardo Álvarez Vázquez, El Indio.

Cabañas respondió al juez: “Solicito que las autoridades continúen con la investigación y pido que se haga justicia”.

 

“No discutió con nadie”

 

María Lorgia Alonso Mena, esposa de Cabañas, también rindió declaración  en la misma audiencia.

Asistida legalmente por Ruiz Díaz Labrano, la mujer de 32 años dijo que durante su estancia en México solía ir con su esposo al cine, de shopping y de vez en cuando a la discoteca.

Sobre el Bar Bar, dijo que lo conocía “muy bien” y que ahí iban a divertirse. “Es un lugar muy frecuentado por la farándula, según decían los compañeros y amigos de mi marido, cuyos nombres específicos no conozco”.

Al preguntarle el fiscal cuántas veces iban a esa discoteca, Alonso Mena comentó que por lo menos dos o tres veces al año. La última vez, dijo, aquel 25 de enero.

Sobre el motivo de la agresión a su esposo, dijo: “No sé, ni siquiera sé lo que pasó esa noche. En el local nadie me dijo qué le pasó exactamente hasta que el paramédico me confió, ya dentro de la ambulancia, que Salvador tenía un disparo en la cabeza. Esa noche, además de forcejear con elementos de seguridad, “al llegar al lugar donde estaba lo vi con una herida en la cabeza, pero como estaba lúcido no me asusté”, explicó.

A petición del fiscal paraguayo Juan Emilio Oviedo, Alonso Mena aportó algunos detalles más a su reseña inicial:

“Salvador vino del partido, llegó ya en la madrugada del 24 de enero. El domingo en la mañana se fue al entrenamiento, luego vino a comer. Esa tarde estuvimos en familia. A las 19:00 horas, pasamos el rato con un juego de mesa.”

Según su relato, a la una de la madrugada del lunes 25 decidieron ir a la discoteca Bar Bar en compañía del cuñado de Cabañas, Amancio Rojas Fernández. Ese día, dijo, estaba en la entrada un “señor pelado” (el gerente, Carlos Fernando Cázares Ocaña, quien se encuentra preso) quien los condujo a la entrada principal, donde personal de seguridad los revisó. Posteriormente otra persona les asignó una mesa.

“Toda la noche pasó con normalidad, bailamos, estuvimos compartiendo”, relató.

A eso de las cinco de la madrugada, Cabañas acompañó a su esposa al sanitario ubicado en la parte superior del establecimiento. Antes de entrar ahí, María Lorgia vio en el área a un hombre con una camisa llamativa.

Unos tres minutos después de haber entrado al baño, escuchó un “ruido fuerte” e intentó salir, pero dos mujeres –la de servicio y la fotógrafa – le impidieron el paso. Como pudo, Alonso Mena logró escabullirse. En su huida se topó con un guardia, a quien le preguntó por su esposo. Le respondió que Salvador había salido hacía unos minutos en su auto.

 Incrédula, María bajó la escaleras y se fue directo a la mesa donde se encontraba Amancio, y le preguntó por Salvador. La respuesta fue que no había bajado aún. En ese momento, la música dejó de sonar y los clientes comenzaron a abandonar el local.

Ella también salió a la calle y le preguntó al “señor pelado” dónde estaba Salvador, pero no obtuvo respuesta. Como pudo, María volvió a entrar en la discoteca. En compañía de su cuñado intentó subir a los baños, pero dos guardias lo impidieron. “Forcejeamos con ellos, uno me dijo que Salvador ya había salido, que se había pedido su auto”, detalló.

María volvió a salir y se topó nuevamente con el gerente, quien le informó que ya estaban por llegar los paramédicos. Algo pasaba: “Fue cuando pensé que algo le había pasado a Salvador”.

Junto con los paramédicos, María y el cuñado de Cabañas llegaron hasta los baños. “Golpeamos la puerta y abrió un señor –que, ahora sabe, era el cuidador–; ya dentro, pude ver a Salvador tirado en el piso, boca abajo. Los paramédicos lo colocaron boca arriba y a mí me sacaron del baño”.

Según declaró después, Amancio empezó a patear la puerta hasta que alguien abrió y María entró al baño. En ese momento, ya los paramédicos llevaban en camilla a Salvador.

“Mientras bajábamos la escalera se me acercó el pelado, que era el gerente, y me dijo que dijera que el incidente había ocurrido fuera de la discoteca. Ya en la ambulancia, Salvador me preguntó qué había pasado. ‘¿Donde estoy, adónde me llevan?’”.

Alonso Mena le respondió que le habían pegado en la cabeza, pero en eso terció el paramédico para informarle que le dispararon.

En otra parte de su declaración, la esposa de Cabañas aseguró que esa noche su esposo no discutió con nadie.

Amancio Rojas Fernández, de 22 años, también rindió su declaración ministerial sobre lo sucedido ese día. Comentó que antes del incidente había estado dos veces en el Bar  Bar, dijo que siempre los revisaban antes de entrar y negó conocer a El JJ.

En la reconstrucción de hechos, del lunes 25, refirió que llegaron al Bar Bar, que los revisaron a la entrada y que luego les asignaron una mesa. “Pedimos algunas copas y estuvimos bailando”, dijo.

Añadió que, ya entrada la madrugada, Salvador y su esposa subieron al baño y él se quedó a cuidar la cartera de María. Unos minutos después, ella regresó y le preguntó si Salvador ya había bajado. Amancio respondió que no. María le pidió entonces que lo buscara y cuando se dirigía al baño unos hombres le impidieron el paso. “Voy junto a Salvador”, les dijo. Uno de los guardias dijo que el futbolista ya se había retirado.

Justo en se momento la música cesó y se encendieron las luces. Una voz anónima informó a los presentes que había ocurrido un “pequeño accidente”, por lo que tenían que abandonar el lugar.

Igual que María, Amancio sostuvo que Cabañas nunca discutió esa noche en el Bar Bar.

En relación con el presunto desencuentro que tuvo con la cubana Diana Hernández Díaz, una de las tres “bailarinas exóticas” que se encontraban en la discoteca el día del atentado, Rojas explicó que la joven le reclamó porque pensaba que le estaba tomando fotos. “Le respondí que sólo estaba mensajeando. Le mostré incluso mi teléfono”.

Aclarado el asunto, Rojas dijo que Diana le preguntó después  quién era él y qué hacía ahí. Respondió que venía con María y Salvador, que eran paraguayos, y que su cuñado era jugador del América.

Sobre este incidente, Diana ofreció otra versión. Dijo que Rojas le tomó varias fotografías y que luego se acercó a ella para pedirle su número telefónico para invitarla a un partido del América porque su acompañante era la estrella del equipo. l

 

 

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