Alejandra Valencia: La competencia como juego

lunes, 31 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Unos minutos bastaron para que la niña Alejandra Valencia quedara cautivada por el tiro con arco. Sentada sobre su bicicleta, la chiquilla de escasos ocho años contemplaba fascinada a un grupo de arqueros que disparaban flechas en el campo de tiro de su natal Hermosillo. Cuando el entrenador Miguel Ángel Flores descubrió la fascinación en los ojos de la pequeña se le acercó. Le preguntó si quería unirse a su grupo. Asintió de inmediato, como si le hubieran ofrecido un cono de helado. “Primero iba feliz a ver de qué se trataba. Yo tiraba y tiraba y aunque no le diera a la paca (diana) me gustaba mucho disparar las flechas. Luego, vi que los grandes acertaban y me propuse hacerlo. Cuando aprendí dije: ‘¡qué divertido!’. Y me quedé para siempre”, relata Valencia. A los 17 años, Alejandra Valencia se convirtió en campeona panamericana en Guadalajara 2011 en las pruebas de individual y por equipos. Además, implantó dos nuevas marcas, una en los 50 metros donde sumó 338 puntos, y otra en el total con mil 363 puntos en las cuatro distancias. “He estado en tiro con arco sólo porque es divertido, pero no pensaba que podía competir”, confiesa la atleta. Para Alejandra el tiro con arco comenzó como un juego, y aunque no era una superdotada sus brazos largos la ayudaban a abrir el arco y mantenerlo estable. También era fuerte y tenía coordinación, pero tiraba igual que los demás. “Es muy dedicada y disciplinada; siempre cumplió con los horarios de entrenamiento (tres horas diarias de lunes a sábado). No sabíamos si iba a sobresalir del resto porque este es un deporte de mucho tiempo. No se perciben los resultados en un periodo corto. Pero empezó a progresar y era muy exigente consigo misma. Aprende rápido y trabaja bien”, explica Miguel Ángel Flores, exarquero que formó parte de la selección nacional durante 10 años. Siete años después de haber tenido por primera vez un arco en sus manos, Alejandra, ya convertida en adolescente, brincó a las grandes ligas. No sólo podía tirar desde 50 metros –que es la mayor distancia en las categorías infantiles– también podía hacerlo desde 70. Se despegó del resto de sus compañeros. Empezó a participar en las Olimpiadas Nacionales y a ganar sus primeras medallas con puntuaciones de más de mil 300 unidades. Todo indicaba que su futuro estaba en el tiro con arco. “Cuando entré a la selección ni cuenta me di. Nada más me preguntaron si tenía pasaporte y Miguel me dijo que me iría con los juveniles a los mundiales. Hace dos años llegué a la mayor. Tampoco me di cuenta. No me fijo en eso. Yo sólo voy a tirar y luego me avisan que ya me quedé. Mi entrenador me dijo que iría a Turquía y yo hasta le pregunté si eso era bueno. Me dijo: ‘¿conoces a Juan René Serrano y a Aída Román?, pues te vas a ir con ellos’. A René lo había visto en la tele. Cuando llegué ni les hablaba. Nada más los veía y decía: ‘¡oh, son ellos!’”, recuerda.   Por gusto   El sábado 22, Valencia derrotó en la final individual a la estadunidense Miranda Leek, con marcador de 6-2. En su último turno, la sonorense necesitaba un 10 para amarrar el oro. Ni siquiera lo pensó. La flecha se clavó en el centro de la diana y se impuso 28-27. Luego dijo que no había visto cómo iba en la puntuación, que únicamente disparó como acostumbra hacerlo. “Yo fui arquero. Sé lo que es estar parado en la línea de tiro con una lluvia de pensamientos: ‘si meto amarillo gano, si gano me dan beca o voy a ser inmortal, pero si fallo qué vergüenza, todos se me van a echar encima’. Entras en pánico y el cuerpo ya no responde. Con Alejandra desde los entrenamientos trabajamos por objetivos muy simples: tirar tres amarillos, no importa si son nueve o 10, o sumar 27 o 28 puntos. Nunca pensamos en un objetivo general, ni en medallas ni en ganar o perder, sino en que ella tira por gusto. Si se mantenía concentrada en un objetivo alcanzable podría ganarle a cualquiera porque las otras tendrían que tirar perfecto, y nos resultó”, cuenta Flores. El entrenador asegura que saber tirar bajo presión es lo que distingue a los buenos arqueros de los que son campeones. Por eso a su alumna le ha enseñado que es bueno estar nervioso, pero hay que saber sacarle provecho a esta circunstancia. “Contra lo que todos dicen, los nervios producen un estado de alerta natural que te hace más fuerte y más ágil. Cuando se siente nerviosa ya no se asusta, sabe que es una herramienta que usa a su favor. Ha sido un trabajo muy arduo porque en este deporte es difícil mantenerse concentrado mucho tiempo. Lo que hacemos es crear situaciones bajo presión que ella tenga que enfrentar y resolver. A veces le narro como si estuviera en una final; otras, los compañeros le hacen escándalo. Hemos observado a otros arqueros en competencias mundiales para ver qué hacen y cómo reaccionan ante distintas situaciones.” Las dos medallas de oro de Alejandra no son producto de la casualidad, sino de su esfuerzo y el de su entrenador, quien no ha aceptado que la atleta se concentre en la Ciudad de México con el resto de la selección nacional. Comenta que en otras ocasiones en las que ha sido obligado a mandar a sus prospectos han regresado en condiciones deplorables, listos para el retiro. “Nos obligan a pasarles nuestros talentos a los entrenadores nacionales que tristemente casi siempre son extranjeros. Al principio lo hice. Los que empezaban a despegar se iban y todos regresaron tristes y frustrados, se retiraron. Decidí enfrentar el sistema y mantenerme con Alejandra, por eso ella no se concentra en la selección nacional. Ella y sus papás tuvieron fe en mí y los resultados nos permitieron seguir juntos. “Aquí está bien el entorno. La vida es tranquila y está con su familia. Si ya probamos que está bien hecho, no hay por qué cambiar. Cuando le dijeron que se fuera para allá, iba llegando una entrenadora coreana y yo no iba a arriesgar a este talento con alguien que no la conoce y que no sabemos si es buena o mala. O pasa lo de siempre: alguien los hace y otro los cosecha”, lamenta el entrenador. Alejandra no ve el tiro con arco como una forma de ganarse la vida, sino como una actividad extra. Aunque no le gusta ponerse metas, desde que vio por televisión a Juan René Serrano competir en Beijing 2008, tiene muy claro que quiere estar en unos Juegos Olímpicos. Intentará conseguir una plaza en el Continental de Colombia, en abril próximo. Dice que estudiar una carrera universitaria es lo que la va a sacar adelante, pues está consciente de que el deporte es una carrera efímera en la que no siempre se gana. Sabe que las lesiones provocan retiros prematuros o llegan otros arqueros mejores. Todavía no decide qué carrera estudiará, pero por sus resultados el gobierno de Sonora le ofreció una beca en la universidad que elija. También le regalará un auto. La deportista se está acostumbrando a su nueva vida. Aunque dice que sigue siendo “normal”, ahora la gente la reconoce en la calle. Se le hace raro porque antes de sus dos medallas fue campeona en el Panamericano de 2010, tercer lugar en el Mundial juvenil y también en Copa del Mundo. No salió mucho en los periódicos ni tampoco en la tele. Se queda anonadada cuando desconocidos se le acercan, la felicitan y la abrazan. Y una que otra persona “de las ya grandes” hasta lloran de la emoción, pero ella no sabe ni qué decirles. Tampoco le importa tener las manos llenas de callos, pues son sus heridas de batalla. Pide que alguien done unas dianas para el campo de tiro de Hermosillo porque hay muy pocas y los niños se pelean por ellas. Cree que eso no es justo.

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