Basquetbol femenil: Entre la precariedad y la gloria deportiva

lunes, 31 de octubre de 2011
De la destacada actuación de los deportistas en los Panamericanos emergen historias que confirman la medianía de sus directivos. Sólo con corazón y talento de mujeres como las basquetbolistas, o de Marisol que tuvo la suerte de que alguien le dijera que lo suyo era el atletismo o de la inocencia de Alejandra que se maravilló como de su mejor juguete del tiro con arco, es que el deporte mexicano obtiene éxitos, pero no hace escuela. De esas tres historias, representativas de lo que ocurrió en los entretelones de los Juegos Panamericanos, hablamos ahora. MÉXICO, D.F. (Proceso).- La medalla de plata que ganó la selección femenil de basquetbol en los Juegos Panamericanos de Guadalajara es la más meritoria de las que acaparó la delegación mexicana, porque sus integrantes, salidas del retiro o en el mejor de los casos jugadoras en ligas estudiantiles, entrenaron juntas sólo seis días. No contaron con respaldo económico, tuvieron que costearse los traslados y dejaron sus trabajos y escuelas para poder participar. “Ya nos miraron. Queremos que el reconocimiento no sea momentáneo. Y que nadie se quiera poner la medallita que es resultado del esfuerzo de quienes jugamos. La gente se volcó con nosotras. México mereció ese triunfo. ¿Y luego qué? Viene la foto y todos te aplauden, pero eso pasa. Es muy triste. Te quedas con lo sentimental porque no hay futuro para quienes nos retiramos ni para las que se quedan”, lamenta la capitana del equipo, Érika La Cucha Gómez. El encono que prevalece en el basquetbol mexicano y lo ha lastrado desde hace casi una década mantiene en el olvido al baloncesto femenil que, a diferencia del varonil, no cuenta con una liga profesional. Ante la incertidumbre de si México registraría o no equipos de basquetbol en los Juegos Panamericanos, la Conade que dirige Bernardo de la Garza, acomodada en la indiferencia, no se preocupó por prever las necesidades de las jugadoras ni por tener a mano algunos recursos –de los históricos que cada año se despilfarran a discreción– para solventar por lo menos el pago del entrenador español Raimundo Santana y su cuerpo técnico. “Quitando la recompensa de la medalla (150 mil pesos por la plata), que tampoco nadie ha dicho cuándo la van a dar, las jugadoras no van a recibir nada. Se supone que mi salario va a pagarlo la Conade, pero si no es así supongo que Modesto Robledo (presidente de la Asociación Deportiva Mexicana de Baloncesto) se hará cargo. No hay el compromiso de un presupuesto por parte de la Conade para darle algo a las chicas o a mí. Nadie ha salido a decir si habrá apoyo económico por los días de concentración”, dice Santana. Las jugadoras mexicanas llegaron hasta la final panamericana con dos victorias ante Puerto Rico 76-74 y Argentina 58-57, y una derrota frente a Estados Unidos 87-58 en preliminares. En la semifinal eliminaron a Colombia 64-58 y en la final volvieron a enfrentarse a las boricuas y sucumbieron 85-67. En ese partido se mantuvieron peleando durante dos periodos y medio; incluso llegaron a estar sólo un punto abajo. Luego se desplomaron. El físico no dio para más. Estaban fundidas. No pudieron contra los meses de preparación en partidos internacionales que tuvieron las puertorriqueñas, quienes las superaron en velocidad. La Cucha jugó con una costilla fisurada. Las jugadoras traían el cuerpo moreteado. “Está claro que nos faltó una preparación más digna. Perjudicó tener el equipo completo apenas seis días antes de venir a los Panamericanos, y haber entrenado lo mínimo no ayudó. En el último partido y en la semifinal se vio que ya estaban ahogadas, y aunque las chicas lo intentaron no pudieron. Tenían el corazón, pero las piernas ya no las dejaban. Este equipo dio bastante la cara por el país”, narra entre resignado y molesto el coach. La Cucha Gómez fue el alma del conjunto, la que más puntos marcó y más rebotes recuperó. Antes de los Panamericanos, el equipo participó en el Preolímpico que se realizó en Colombia a finales de septiembre pasado. Faltaba un mes para el inicio de la justa continental y no sabían si asistirían o no.   La bujía   Junto con la profesora Blanca Vargas, exseleccionada nacional y actual presidenta de selecciones nacionales de la Asociación Deportiva Mexicana de Basquetbol (Ademeba), Gómez se encargó de buscar a sus compañeras. Unas a otras se fueron contactando para ver quién podía estar en el Preolímpico, y posiblemente también en los Panamericanos. Sonia Ortega dejó su trabajo y su bebé de apenas un año cuatro meses, Érika Gómez había estado un año sin jugar porque tuvo problemas de salud y estaba recién operada de una hernia inguinal. Aunque Brisa Silva y Abril García habían estado en ligas extranjeras, dejaron de jugar ahí desde finales de 2010. Las jugadoras empezaron a prepararse como pudieron. Entrenaron solas en las ciudades donde viven. Salían a correr e iban al gimnasio. Gómez pidió ayuda al Tecnológico de Monterrey campus Hidalgo –donde trabaja como coordinadora del basquetbol femenil y entrena al equipo representativo– y también al gobierno del estado. Consiguió que las dejaran concentrase en las instalaciones del Tec y que les pagaran los alimentos. Ahí estuvieron 15 días, pero el equipo completo quedó listo sólo un día antes del inicio del Preolímpico. Las jugadoras tuvieron problemas para gestionar permisos en sus trabajos y escuelas. A algunas se los concedieron sin goce de sueldo y otras perdieron el semestre escolar. “Hablé con ellos, saben que tengo 20 años vistiendo la camiseta tricolor. Les expliqué que era mi retiro, les pedí que nos ayudaran. Eso fue clave. Si no nos hubieran ayudado no habríamos tenido ni un solo entrenamiento. Nos fuimos al Preolímpico con una mano adelante y otra atrás; pese a todo quedamos en quinto lugar. Es complicado a ese nivel contra Jamaica, Puerto Rico y Brasil, que llevaban meses preparándose”, explica Gómez, de 35 años. Cuando se confirmó que participarían en Guadalajara fue un problema que todas las jugadoras se reunieran de nuevo. Lucy Sánchez, del Tecnológico de Monterrey campus Hidalgo, no podía ausentarse otras dos semanas sin evitar reprobar el año. A Tainé Ramírez no le dieron permiso en su trabajo. Verónica Arroyos, quien todavía en mayo de este año ganó con la selección el torneo de la Confederación Centroamericana y del Caribe en El Salvador, no se integró al equipo porque estuvo en medio de un fuego cruzado cuando se encontraba de vacaciones en Seattle y recibió dos disparos. Rai Santana intentó gestionar permisos especiales, pero no fue posible. Armó el equipo con las que estuvieron disponibles. “Teóricamente el mejor equipo no vino, aunque para mí las 12 que vinieron son las mejores porque sudaron, sangraron, se tiraron por los balones”, asegura el entrenador. “Nos fuimos a entrenar al CNAR, pero en condiciones que nadie daba un peso. Íbamos a los Panamericanos a cumplir y ya. Sabíamos a lo que nos enfrentábamos. No nos quedaba más que competir con coraje, orgullo y corazón porque no teníamos la mejor preparación. No tenemos jugadoras activas, no tenemos liga profesional en México. Se ha acortado la vida de las basquetbolistas a 24 años, que es la edad límite en la que puedes jugar a nivel estudiantil. “Somos jugadoras de calidad, pero no es lo mismo después de no tener dónde jugar. Cada una entrenó por su parte, corriendo para estar listas cuando nos llamaran. Pidiendo permisos, dejando escuela, hijos. Eso no se paga con nada. Poner dinero de tu bolsa para ir a una selección es lo peor, aunque se oiga mal. Tuve que gastar en casetas y gasolina de Hidalgo al CNAR, y aunque sean 300 o 400 pesos no se vale. “Muchas jugadoras tuvieron que pagar sus boletos de avión para llegar a la concentración. En el Preolímpico igual, hasta tuvimos que pagar comida. No contamos con un doctor y debimos comprarnos nuestro material médico y los tapes para vendarnos los tobillos. Ninguna de nosotras nos podemos dar el lujo de perder el trabajo porque si no, ¿con qué pagamos para ir a la selección? Así de claro. Esa es la realidad”, relata La Cucha.   Exigencias   Por si no bastara la precariedad, las jugadoras que se lesionaron durante los Panamericanos tendrán que atenderse por su propia cuenta en los lugares donde viven. Mientras representaron a México, ninguna contó con seguro médico. Horas después de haber ganado la plata, Érika Gómez y Abril García emprendieron el regreso a sus trabajos en el Tec de Monterrey y en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde García trabajaba como diseñadora gráfica. “Son cosas del oficio. Eso no lo ves cuando estás jugando. Se te olvida el dolor y el cansancio, sólo quieres estar ahí y dejar el alma”, asegura Gómez. Ella pide que sus compañeras que aún seguirán en la selección sean apoyadas con becas y que a las que se retiran las ayuden a obtener un trabajo que les permita tener un salario digno. Aunque estudió la licenciatura en tecnología deportiva, dice que es muy complicado retirarse después de dos décadas y empezar a tocar puertas. “Estoy contenta porque hemos ganado la medalla. Retirarme aquí es bonito pero triste a la vez porque regresé a Pachuca después de 10 años de jugar en España. Llego a empezar de cero, tuve la suerte de que el Tec me diera trabajo y también a mi marido, pero no alcanza para vivir de eso. Y digo, madre mía he hecho tanto por mi país y no tengo algo seguro en la vida. Ni mis compañeras ni las que vienen detrás tampoco. Esto tiene que mejorar. Tengo el respaldo de una carrera, pero ahora busco estabilidad, quiero una familia y formar un patrimonio, pero no veo cómo”, puntualiza. Rai Santana asegura que a pesar de todas las adversidades, le gustaría quedarse con la selección femenil para darle continuidad a un proyecto que empezó hace casi un año, pero también pide que la situación cambie. Dice que en España los equipos de basquetbol reciben apoyo no sólo de las universidades, sino de los gobiernos estatales y municipales. Hay una base de jugadores en distintas categorías y en la formación de los entrenadores se invierten muchos euros. “Siempre que me llamen estaré dispuesto, pero sí me gustaría que cambien algunas cosas. Es mucho sufrir por el esfuerzo que tienen que hacer las jugadoras. Falta mucho en México, pero hay que empezar ya. Habrá un antes y un después de Érika Gómez, eso ténganlo claro. Ella es una pieza fundamental. Si se consigue reunir a todo el equipo, habrá buen nivel, pero las jugadoras no pueden llegar y estar pensando en que van a perder el trabajo, hay que avisarles con tiempo a las que residen en Estados Unidos, pedir permisos en las universidades. Si no hay esa programación esto se quedará como un hecho aislado”, sentencia el español. Las jugadoras que integraron la selección femenil son: Nadia Bibbs, Alexis Castro, Lourdes de Anda, Abril García, Mónica García, Sofía García, Érika Gómez, Fernanda Gutiérrez, Laura Núñez, Maylene Ornelas, Sonia Ortega y Brisa Silva.

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