Los dos oros de Marisol Romero

lunes, 31 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cuando la cabo Marisol Romero conquistó el oro en los 10 mil metros de los Juegos Panamericanos de Guadalajara, el lunes 24, sabía que sus pasos eran vigilados discretamente por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) desde un lugar en las tribunas. La semifondista deseaba reunirse con sus superiores y agradecerles su apoyo. No obstante, debido al protocolo del antidoping no tuvo tiempo de hacerlo. Fue por la noche, y después de finalizada la junta técnica de la Federación Mexicana de Atletismo, que la campeona panamericana pudo hablar con los militares y les explicó el motivo de su ausencia. Finalmente se reunió con ellos el jueves 27. La doble ganadora de oro en los Juegos Panamericanos –también hizo suyo el podio de los 5 mil metros– vive sujeta a la rígida disciplina castrense. Sus entrenamientos, sus participaciones en competencias, sus viajes al interior de la República así como al extranjero, el sitio donde pernocta, así como sus entrevistas de prensa, deben ser autorizados por la Sedena. En todos los lugares en que aparece, Marisol Romero, de tan sólo 1.55 metros y 28 años, se encuentra custodiada por elementos del Ejército, que se mantienen atentos a sus acciones. Prueba de ello es que el martes 25 el titular de la Sedena, Guillermo Galván, escribió en su cuenta de Twitter: “Un reconocimiento del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana al cabo Marisol Romero por el logro panamericano en la prueba de 10 mil metros”. Una semana antes, Galván no escatimó elogios para el ganador de la primera medalla de oro de la delegación mexicana en los Juegos Panamericanos: “A nombre del personal del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana felicito al cabo Óscar Soto Castillo por tan merecido logro en la prueba de pentatlón moderno”. Y agregó: “En estos Juegos Panamericanos compiten dignamente por México cuatro oficiales y 22 elementos de tropa del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana”. La relación de Marisol Guadalupe con el Ejército comenzó en 2009, movida por su interés de formar parte del equipo de atletismo. Romero, quien es licenciada en turismo, trabaja en el departamento de informática. Su ingreso a las Fuerzas Armadas también tenía el propósito de obtener apoyo económico para cubrir los gastos que requiere todo deportista de alto rendimiento. Subordinada a la disciplina militar, su incursión en estos juegos no habría sido posible sin la autorización de la Sedena. “Para conceder entrevistas o salir en televisión debe solicitar permiso al Ejército. No es que Marisol se rehúse a conceder entrevistas, sino que para todo tiene que solicitar autorización”, refiere su entrenador, Martín Núñez. Durante el campamento de altura que la corredora realizó en Xalapa, Veracruz, cuatro semanas atrás, varios militares acudieron a presenciar sus trabajos de preparación. Cuando viaja, Marisol debe acudir al cuartel de la ciudad en que se encuentre para dar aviso de su llegada y salida. En ocasiones, y por cuestiones de seguridad, debe pasar la noche en el cuartel, mientras sus compañeros de la delegación se concentran en el hotel. Cuando en marzo pasado fue a Monterrey, en cuanto llegó al aeropuerto ya la esperaban militares. No la autorizaron para que se alojara en el sitio donde estaban sus compañeros. Por esos días, y en el marco del selectivo denominado Relevos Tec de Monterrey, se produjo un enfrentamiento entre delincuentes y militares. El presidente de la Federación Mexicana de Atletismo, Antonio Lozano: dice de ella: “Habla poco, pero cuando lo hace pregunta siempre algo que le pueda servir. Tampoco es una atleta exigente, de que diga: ‘me dan esto o aquello’”. Marisol Guadalupe Romero nació en el Distrito Federal hace 28 años. Practicó la natación durante dos años, pero su entrenador le dijo que por su pequeña estatura no servía para esta disciplina. Le recomendó que trotara. Lo hizo. Después le empezó a llamar la atención el atletismo. Cambió de entrenador y comenzó a correr en maratones. En pláticas con amigos supo del entrenador Núñez, quien la invitó a participar en pruebas de pista. “Los buenos corredores de México se dan en la pista, no en la calle”, le advirtió. Al principio, a Marisol le parecían aburridas las carreras de pista, sin embargo poco a poco se fue aficionando a éstas y vinieron los triunfos: tercer lugar en el campeonato nacional de 2006; segundo lugar en el nacional de 2007, y en 2008, campeona nacional en 5 mil metros de pista, de calle y a campo traviesa. En pruebas de larga distancia participó en el Campeonato Mundial de Medio Maratón, de Birminghan, Inglaterra de 2009, donde finalizó en el lugar 37. Al año siguiente compitió en el Mundial de Medio Maratón, en China, donde ocupó la posición 22. Su entrenador consideró que Marisol debía participar en la prueba de maratón de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez 2010. El resultado no pudo ser más alentador: ganó la medalla de oro. Por el momento los 5 mil y los 10 mil metros son sus especialidades. Y en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 ya dio muestra de sus alcances, al menos así lo refieren sus dos preseas doradas. Fue también la única exponente nacional de atletismo en obtener dos medallas.

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