El desairado homenaje a Cabañas

jueves, 11 de agosto de 2011
MÉXICO, D. F. (apro).- En su primera aparición oficial en un campo de futbol, Salvador Cabañas acaparó la atención, arrancó de titular con la playera número 10 del América, trató de ser participativo como en sus buenos tiempos, repartió pases a sus compañeros, pero con una evidente y notoria lentitud de movimientos. Sus compañeros fueron condescendientes por igual –primero los de Paraguay y luego los americanistas-. Y así, sin nadie que ejerciera marcación alguna, fue paradójicamente el hombre más peligroso esta tarde en el juego de su homenaje en el estadio Azteca. El delantero paraguayo recibió un servicio en el vértice izquierdo del área grande. Y sin oponente alguno se acomodó en una especie de cámara lenta y lanzó un remate que por poco se cuela en el ángulo superior izquierdo del guardameta paraguayo, a los 8 minutos. Fue también la aproximación más clara de todo el primer tiempo. Inmediatamente fue sustituido cuando el cronómetro marcó los 8 minutos y 34 segundos de un juego insulso, poco dinámico y atractivo para los escasos 25 mil espectadores. Para colmo el entrenador del América, Carlos Reinoso, ordenó seis movimientos a los 18 minutos, retiró a todos sus titulares y el partido se tornó anodino y con mínimas jugadas ofensivas. Durante su primera breve participación Salvador Cabañas tocó 11 veces el balón y sólo erró un servicio como jugador del América. En el complemento, el delantero ingresó de nuevo a la cancha, esta vez con la casaca de la selección paraguaya, con la que lució el gafete de capitán. Y regaló otros 10 minutos y 50 segundos para algarabía de sus fieles seguidores, que en su mayoría lucieron camisetas, tatuajes, paliacates y mensajes alusivos al último ídolo americanista, tales como: “Todos somos Cabañas”, “Grandeza es no dejarse vencer por nada”, “Fuiste, eres y serás el más grande”, “Cabañas, el cielo puede esperar”, “Gracias Chava por tantas alegrías…”. Y como una fiel copia de su primera gran jugada Cabañas volvió a intentar la jugada justo en el sitio donde lanzó el remate que, al igual que la acción anterior también buscaba colocarse en el ángulo izquierdo. De nueva cuenta se escucharon las ovaciones. Y en otra calca más de su primera participación en el juego, Cabañas, el que ahora trota en la cancha y exhibe trazos de su clase, fue reemplazado apenas remató a puerta y después de permanecer en el campo de juego durante 10 minutos y 50 segundos. Para entonces había tocado 14 ocasiones el balón blanquiazul. Tras su salida el juego retomó a la monotonía de un homenaje donde el espectáculo verdadero estuvo en las tribunas: ante la falta de futbol las pantallas del estadio presentaron el colorido de las gradas: personas que consumían de un solo golpe un litro de cerveza, la dama de la tercera edad que bailaba un ritmo sabrosón, e incluso la infaltable rubia paraguaya que en pleno juego muestra sus encantos para deleite de los aburridos aficionados. A un año y siete meses del atentado en el interior del Bar Bar que cortó su brillante carrera, Salvador Cabañas, el jugador más rentable y clave de los triunfos americanistas en tiempos no muy lejanos, volvió al estadio Azteca para recibir un homenaje del club América y de la selección de Paraguay. La vida de Salvador Cabañas, quien estuvo aquel 25 de enero de 2010 en el sitio y en la hora inadecuada, dio un viraje completo. Hay, desde entonces, un antes y un después en la trayectoria del otrora depredador de las áreas contrarias, aquel que era capaz de intimidar a sus rivales con su fulminante mirada. Cabañas, quien aún trae el balazo incrustado en el cráneo, el que bromeaba e imponía a rajatabla su indomable liderazgo, exhibe las secuelas de la agresión: mirada casi fija, semblante inexpresivo y tampoco ya no hay más gesticulaciones en su nueva personalidad. Hoy apenas muestra una sonrisa tímida, forzada, diríase. Salvador Cabañas ya no es el mismo, aunque coordina a otra velocidad motora e incluso hasta recuerda: “fue él, lo recuerdo perfectamente. No me puedo olvidar la cara de él, no lo puedo olvidar porque lo tengo siempre en mi mente”, dijo el lunes pasado en entrevista para Televisa, la empresa que fue su patrona durante los últimos cuatro años de su carrera, en referencia a su agresor, José Jorge Alberto Balderas, el J.J. Pero la duda más grande en su juego homenaje en el estadio que atestiguó sus grandes cualidades de implacable delantero era saber si el último gran ídolo de los americanistas estaba en condiciones de jugar. Y el aguante de Cabañas apenas duró en 18 minutos en este partido homenaje después de una serie de disputas en los tribunales, al extremo que Televisa, dueña del América, acusó a su otrora gran activo del club de sufrir “discapacidad física, sensorial y mental”. El juego, por si hacía falta mencionarlo, terminó 0-0.