Alemania derrumba el mito y es tetracampeón

domingo, 13 de julio de 2014
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- No fue América para los americanos. Alemania derrumbó el mito. Un gol de hielo al minuto 113 de un partido helado le dio al equipo teutón su cuarto título mundialista. Una jugada de pizarrón: Andre Schurrle desbordó por el costado izquierdo, centró; Mario Goetze controló con el pecho y de primera intención disparó cruzado con la zurda. Anotación de manufactura alemana, obra del diseñador Joachim Low. La maquinaria perfecta, ajustada, funcionó en el momento exacto. La final de Brasil 2014 no fue el sueño de ningún aficionado. El partido estuvo trabado. A ratos dominaba uno, a ratos el otro. Puro control del balón. Aburrido. A los alemanes se les acabaron los goles en las semifinales. Y Argentina estuvo a tono con el nivel que exhibió todo el Mundial. Messi volvió a quedarse corto. El mejor jugador del mundo se sigue haciendo chiquito cuando viste la albiceleste. Nada que aplaudirle. Sí un reclamo cuando dejó escapar un gol que tuvo en su botín en el tiempo regular. Con Messi, a Argentina le dio para calificar a la segunda ronda. Después nada. ¿Dónde se fue La Pulga? Nadie sabe. Y Gonzalo Higuaín que contribuyó con un tanto para alcanzar los cuartos de final –por primera vez en 24 años– tampoco quiso figurar en el marcador. Minuto 21, disparo de derecha y el balón por un costado del poste. Rodrigo Palacio también erró ya en los tiempos extras. Las llegadas más claras fueron de los argentinos. El oxígeno con el que Argentina llegó a la final se agotó a medio juego. Al entrenador Low, como siempre, los cambios le funcionaron. Schurrle entró para sustituir a Christophe Kramer que salió noqueado antes de los 30 minutos de juego. Y Goetze, de 22 años, fue su as bajo la manga. El jugador del Bayern Munich ingresó a los 88 minutos. Entró a cazar un gol. Alemania y Argentina fueron excesivamente mesurados. Rácanos en el futbol. Un extraordinario gol premió a uno. Para el otro, manos vacías y lágrimas. En los tres duelos de finales mundialistas entre argentinos y alemanes ya dominan los europeos. No hubo Maradona ni mano de Dios. Ni Papa argentino que hiciera milagros. No se pueden pedir favores al cielo cuando los 11 en la cancha no se ayudan a sí mismos. Cuando se apuesta a llegar a la tanda de penaltis con siete minutos en el reloj. Alejandro Sabella pecó de discreto. El corolario de Brasil 2014 no pudo ser peor para los brasileños. La presidenta Dilma Rousseff le entregó la Copa del Mundo a la Alemania que le propinó la peor humillación futbolística a los suyos.

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