La tarde más triste de Brasil; Alemania los humilla 7-1

martes, 8 de julio de 2014
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Al minuto 28, decenas de miles de niños, mujeres y hombres que habían acudido, convencidos, a una fiesta, eran protagonistas de la tarde invernal más triste de su vida futbolera. El histórico maracanazo convertido en una tragedia menor... porque la enorme herida de este martes 8 de julio asoma infinita. Lloraban. Se preguntaban entre sí los aficionados más aficionados del mundo, qué pasaba, mientras sus ojos miraban de reojo el vendaval alemán que sin piedad desnudaba en el estadio Mineirao, en su territorio, las profundas carencias de la selección brasileña. Acababa de pasar una eternidad. Apenas seis minutos, los más largos, tristes, humillantes, caóticos, en la historia del futbol carioca. Seis minutos equivalentes a cuatro goles o, si se prefiere, para hacer menos abrumadora la cuenta, 18 minutos en que ante el estupor de una desconocida escuadra vestida de amarillo y verde, cayeron cinco goles germanos. Desolación. Dolor desgarrador. Terminaba el primer tiempo del duelo de semifinales entre Brasil y Alemania con un increíble ¡5-0! Sí, había lágrimas en la tribuna. Incredulidad. Un abrir y cerrar de ojos cruel, para sólo comprobar que no era una pesadilla, que la goliza de Alemania a Brasil, la más holgada en la historia de los mundiales en fase de semifinales, estaba ahí, taladrante... 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 goles en contra y apenas, en la agonía del juego, uno a favor. Así acabó el martirio brasileño. En Brasil el nuevo sinónimo de desgracia se conoce como mineirazo. [gallery type="rectangular" ids="376743,376742,376738,376741,376740"] Los brasileños tuvieron que esperar 64 años para intentar exorcizar sus demonios y no lo lograron. La historia del maracanazo se convirtió en un simple sueño comparado con esta pesadilla. Los alemanes fueron simplemente ellos. Un juego frío pero perfecto. Una máquina de futbol. Müller asestó el primer estacazo a los 11 minutos. Un error de la zaga brasileña en jugada de tiro de esquina. Marcelo no estaba cuidando a su hombre. Y David Luiz no alcanzó a llegar. 1-0. El gol cinco del teutón en el torneo. Hasta ahí aún la calma. Alemania no le prestaba el balón a un Brasil anestesiado. Once hombres que parecían no haber escuchado el silbatazo inicial. Entonces apareció Miroslav Klose. Disparó. Julio César escupió el balón. En el contrarremate el jugador de origen polaco marcó su gol 16 en Copa del Mundo. Se convirtió en el máximo anotador de la historia. Minuto 23 y 2-0 en contra. Un minuto después, Philip Lahm desbordó por el costado derecho. Una jugada que los alemanes ejecutan con los ojos cerrados: un centro y cualquiera que cierre la pinza. A Muller le pasó el balón a centímetros, pero Toni Kroos se lo encontró un poco más atrás, desmarcado. Con un zurdazo convirtió el 3-0. El partido entintado de tragedia. Los jugadores brasileños no podían ni respirar. De la banca ni una indicación de Luiz Felipe Scolari. El entrenador tan desconcertado como ellos. Se hundieron todos juntos. Minuto 26, otro gol de Kroos. Error en la salida de Brasil. Fernandinho de frente a su marco, con la cabeza en otro lado. Sami Khedira le robó el balón por la espalda. Brasil un desastre. Su defensa hecha agua. 4-0 ante el azoramiento de los aficionados que ya derramaban lágrimas. Otros que se marchaban del estadio. Al 29, Khedira en una jugada individual, una pared con Özil y el disparo por en medio de la piernas de Maicon. 5-0. Con el partido sentenciado los equipos se fueron al descanso. Felipao echó mano de Paulinho y Ramires. Sentó a Fernandinho y a Hulk. Alemania mandó a descansar a Hummels y metió a Mertesacker. Los muchachos de Joachim Löw le prestaron la pelota a los brasileños. En tres minutos tuvieron sus primeras llegadas a gol. Fred mandó servicio para Ramires, éste centro para Oscar que alcanzó a disparar, pero, atento, el portero Manuel Neuer salvó su marco. Después otra vez lo intentó Ramires. Neuer reaccionó bien. Disparo potente de Paulinho dentro del área, y Neuer tapó otra vez. Contrarremate y el arquero resolvió sin problemas. Y el juego volvió a "la normalidad", al vendabal germano. La tragedia se convirtió en catástrofe. Julio César evitó que cayera el sexto en la pierna de Thomas Muller. Pero al 69 fue irremediable. La llegada de Lahm por derecha y Andre Schüerrle en el centro para empujar el balón. 6-0. Los brasileños pasaron de la tristeza a la indignación. Salieron del estado de shock para abuchear a los suyos. Minuto 79. Schüerrle por izquierda. Un disparo endemoniado que congeló a Julio César. El portero ni una mano levantó. La pelota pegó con fuerza en la parte interna del travesaño y aterrizó dentro de la portería. 7-0. En las gradas, los aficionados brasileños terminaron coreando óles cuando los alemanes paseaban el balón por todo el campo. Los fanáticos más fieles del "dios redondo" convertidos le daban la espalda a sus once apóstoles que habían prometido reivindicarlos. Y pudieron ser más goles alemanes. Posesión de balón total de los alemanes. Todavía Ozil se dio el lujo de fallar el octavo. Y ya en el tiempo complementario en un servicio desde antes de medio campo, Oscar se fue solo y por el centro fusiló a Neuer. El 7-1 final. Ignominioso. Lapidario. Alemania conseguía de una manera inesperada su octava final mundialista, a la espera del vencedor del duelo Argentina-Holanda. Antes del partido había quien comentaba que este Mundial estaba arreglado para que lo ganara Brasil. [gallery type="rectangular" ids="376736,376739,376735,376731"]

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