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Él es Jonathan Muñoz Martínez, debutante mexicano de halterofilia en Juegos Olímpicos

Literalmente creció en el gimnasio y comenzó a entrenar a los 13 años. Este domingo a las 6:00 horas de la Ciudad de México iniciará su participación en levantamiento de pesas de 67 kilogramos.
sábado, 24 de julio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Jonathan Muñoz Martínez, campeón panamericano de halterofilia en Lima 2019 en la categoría de 67 kilogramos, siempre quiso ser como David, su papá y, además, entrenador desde que incursionó en esta disciplina.

El señor David Muñoz fue un destacado pesista y seleccionado nacional en los 80; campeón nacional, ganó dos medallas en Juegos Centroamericanos y participó en dos ediciones en los Juegos Panamericanos.

Jonathan supo de los logros de su papá por las preseas que colgaban en las paredes de la sala de su casa y por los recortes de los periódicos.

Literalmente creció en el gimnasio -ahí aprendió a caminar- y comenzó a entrenar a los 13 años. Desde entonces, el señor David le vio facultades. "Hijo, serás muy bueno con las pesas", le confío en una ocasión tras ver la manera con la cual levantaba las barras y la forma en la que practicaba diferentes deportes que terminaron por aburrirlo: futbol, natación y judo.

"Desde que comenzó a caminar le decía: 'corre para allá, cuélgate acá, ahora realiza unas lagartijas…'. Trataba de jugar con él poniéndole ejercicios de coordinación sin esperar a que llegara a ser pesista", recuerda David. 

Pero la admiración por su papá no se limita al levantamiento de pesas, Jonathan, de 23 años, dice que cuando se retire buscará ser entrenador de halterofilia.

El gusto por este deporte es hereditario: el menor de los Muñoz, Juniel, también aprendió a caminar en el gimnasio y levanta pesas. Ahora es seleccionado nacional juvenil y se prepara para disputar el Campeonato Panamericano Sub-17, que se realizará a finales de agosto en Guayaquil, Ecuador. Ambos compiten en la categoría de 67 kilos.

Sin embargo, para la familia Muñoz Martínez no ha sido fácil apoyar a sus dos hijos atletas de alto rendimiento, debido al salario que el señor David percibe como entrenador del Instituto del Deporte de Aguascalientes y de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. "Y es más difícil en este deporte, pues a la hora de la comida haga de cuenta que tengo seis hijos y no dos", agrega.

En Aguascalientes, donde vive la familia, la esposa del entrenador, Evangelina Martínez, va al tianguis todos los sábados, por las cantidades que compra hasta los vendedores de verduras le preguntan si tiene una cocina económica. Lo mismo pasa con los carniceros que quieren saber cuántos hijos tiene.

David explica que la situación económica la resuelven en parte con la beca deportiva que percibe Jonathan. "Es un apoyo para comprar sus alimentos y la dieta que lleva".

El entrenador añade: "Espero que la medalla de oro de mi hijo cambie el panorama, más que nada porque estuve 12 años representando a México y a mi estado, pero como dicen: 'Nadie es profeta en su tierra y a mí el veinte me llegó muy caído'".

Compitió sin su papá

Para David, los logros de sus hijos compensan todo lo sufrido. Relata: "Perdimos un hijo y luego tuvimos otro -Juniel- con cáncer. Por eso valoramos la vida por encima de lo material. Ahí va saliendo. Lo principal es que Dios nos socorre; no nos ha dejado abajo y ha salido para todo".

Cuenta que Jonathan tenía 15 años cuando perdió a su hermano Brian David, de 7 años, por un tumor cerebral. "Eran casi gemelos (…) De ahí todos nos venimos para abajo. Yo caí en el alcoholismo, estuve mal durante 11 meses; cuando murió el pequeño mi esposa tenía cuatro meses de embarazo de Juniel".

Sin embargo, año y medio después de nacido, a Juniel le fue detectado un tumor testicular. Fue necesario aplicarle cinco quimioterapias. "Jonathan estaba muy preocupado: '¿Otra vez va a pasar lo mismo?', nos preguntaba. Por la cabeza de Jonathan pasó que se iba a morir su otro hermano, y a uno también le ocurre lo mismo.

"Al final, eso nos ha hecho más fuertes y valoramos mejor la vida. Le echamos ganas y sorteamos las envidias que nunca faltan. Eso nos da mayor fortaleza", asegura David.

Explica que el origen de esos celos está relacionado con los éxitos de sus hijos y por su condición de entrenador empírico en el Instituto del Deporte de Aguascalientes. "Estoy capacitado y actualizado por la exigencia de Jonathan, que ha estado subiendo de nivel. Soy padre y entrenador. A veces tenemos nuestras diferencias, aunque la madre siempre entra al quite. Ella es muy importante porque controla y nivela la situación y los roces; no todo es color de rosa".

Común entre padres e hijos, las desavenencias ocurren cuando David le dice a Jonathan indicaciones que le incomodan. "Te dije que no hicieras esto, que no le subieras de peso a las barras y que realizaras un buen calentamiento", por ejemplo.

No obstante, Jonathan ya maduró mucho, asegura su papá. Ahora las diferencias que tiene son con su hijo el más chico. "Es diferente. Lo que importa es que los tengo conmigo en casa y convivo con ellos. Incluso, Jonathan me ha dicho: 'Oye, papá, quiero saber si me aguantas hasta los 30 años viviendo aquí'. Y yo le contesto que 'los años que quieras'. Por ahora, él no piensa en casarse y está dedicado al deporte. Entre hermanos ya se llevan mejor".

Aunque ha sido su único entrenador, su papá no siempre lo acompaña a las grandes competencias, como a los Juegos Panamericanos. ¿La razón?, no es entrenador nacional y debe combinar su trabajo en el instituto del deporte estatal con el de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Después de terminar en cuarto lugar en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018, y luego de repetir el casillero en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, Jonathan llegó a Lima dispuesto a mejorar "y pelear por algunas de las medallas. Gracias a Dios se dio el título que tanto esperábamos".

El 27 de julio de 2019 ganó la medalla de oro en la categoría de 67 kilogramos (138 en arranque y 168 en envión). En total levantó 306 kilos y superó al guatemalteco Édgar Pineda (297 kilos) y al peruano Luis Bardalez (291 kilos).

El mexicano fue el dueño absoluto de la prueba con un buen arranque al ejecutar sus tres levantamientos en 130, 135 y 138, para encarar la segunda parte de la competencia con una ventaja de seis kilos sobre su cercano perseguidor, Édgar Pineda. En envión, Muñoz confirmó su buen momento al marcar 163, 168 antes de errar en su tercer levantamiento, en 173.

El mejor de todos

Con el reacomodo de categorías ordenado el año pasado por la Federación Internacional de Halterofilia, el colombiano Óscar Albeiro Figueroa -oro en los Panamericanos de Guadalajara 2011, plata en los Olímpicos de Londres 2012 y oro en los Olímpicos de Río 2016- se presentó en los Panamericanos de Lima 2019 como uno de los más claros aspirantes al oro.  

Jonathan llegó a Lima sin tener la certeza de que entre los contendientes al podio figuraba el monarca olímpico, a quien admira. Apenas llegó a la sede de los actuales Juegos Panamericanos, Muñoz se enteró de la presencia del pesista colombiano.

"Dijimos: 'No pasa nada. Figueroa será un competidor muy fuerte. De todas maneras, hemos entrenado, vamos a darle pelea y no vamos a quedar tan despegados de su marca para disputar la medalla.

"No sabíamos de las condiciones en las que venía, pero junto a los entrenadores que me acompañaron calculamos las marcas que podría hacer. Nuestro planteamiento era levantar 130 kilos para asegurar una medalla. Después (aumentarla a) 35 para propiciar que él se saliera de su primer intento", dice Jonathan.

"Luego, en la modalidad de envión, él tenía para abrir con 175. Yo pensaba que se iba a salir e iba a ser como en el arranque. Al final se retiró de la competencia. Traía una lesión fuerte y ya no pudimos estar en la tarima de nuevo", agrega el campeón panamericano. 

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