Tokio 2020

Ella es Esmeralda Falcón, primera boxeadora mexicana en participar en Juegos Olímpicos

Debutará la noche de este lunes en Tokio 2020 frente a la italiana Rebecca Nicoli en la categoría de los 60 kilogramos con la ilusión de avanzar a la fase donde pueda pelear las medallas.
lunes, 26 de julio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Este lunes 26 de julio a las 11 de la noche, Esmeralda Falcón se convertirá en la primera boxeadora mexicana en participar en una justa olímpica. Debutará en Tokio 2020 frente a la italiana Rebecca Nicoli en la categoría de los 60 kilogramos con la ilusión de avanzar a la fase donde pueda pelear las medallas.

Su clasificación llegó vía ranking, con todo y que el año pasado por la pandemia no tuvo fogueo. Sus cartas de presentación son el oro que obtuvo en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla 2018 y un bronce en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

“Ya llevo 18 meses sin pelear. Mi última pelea internacional fue en los Panamericanos. Soy una boxeadora resistente, con buena estrategia a nivel técnico y táctico, puedo resolver rápido en una pelea. No domino todas las distancias, pero sí puedo ser una boxeadora de contra golpe y de ataque; entonces puedo ser tanto estilista como fajadora.

“Tengo carencias por la falta de fogueo. Voy a depender de lo que he entrenado, de la preparación física y sicológica que tengo. Voy a esforzarme para mostrar la mejor versión de mí, voy a engrandecerme yo sola y quiero pelear por una medalla”, dice Esmeralda Falcón.

El ascenso de Esmeralda Falcón en el boxeo podría decirse que es milagroso si no fuera porque tiene cualidades natas para este deporte. Apenas hace seis años pisó por vez primera un gimnasio y fue por casualidad. A ella, los deportes de contacto la enamoraron.

Quiso practicar kung-fu para emular a su hermano mayor y aprender a brincar como Bruce Lee, se le atravesó el gimnasio de Raúl Martínez que está en el pueblo de San Gregorio Atlapulco en la alcaldía Xochimilco, muy cerca de donde ella vive, en Santiago Tulyehualco.

El boxeo ni siquiera le gustaba. Esmeralda pasó dos semanas yendo sólo a ver los entrenamientos hasta que decidió que quería inscribirse. La primera traba que encontró fue el no de su mamá y sus hermanas. En ese deporte de hombres la iban a lastimar, le advirtieron. En un barrio tan tradicional como el suyo es mal visto que las mujeres practiquen deportes de hombres.

Esmeralda se aferró. Le rogó a su mamá que le firmara el permiso. Comenzó a acomodar su agenda para que le diera tiempo de ir a la escuela, hacer la tarea, ayudar en casa e irse a entrenar todos los días a las cinco de la tarde.

“Mi papá me preguntó si estaba segura de practicar boxeo. Se preocupaba, pero aceptaba mi decisión y mi gusto. Mis hermanos estaban emocionados.  Le dije: ‘quiero entrenar para pelear, quiero competir’. Me contó que él había practicado boxeo, pero que no destacó porque entrenaba o le ayudaba a mi abuelita a trabajar porque no tenían los recursos. Así nos enteramos mis hermanos y yo que había practicado boxeo. Mi papá me dijo que si de por si iba a encontrar mucho rechazo afuera porque es un deporte de hombres y la mujer no es bien vista, que eso no iba a empezar en mi casa y que él iba a estar orgulloso. Me pidió tomar como prioridad la escuela”, narra Falcón.

Esmeralda estaba egresando del CCH Sur y se preparaba para presentar el examen de ingreso a la UNAM cuando se tropezó con el boxeo. Es una buena estudiante, tanto que era una asidua participante en las Olimpiadas del conocimiento, pero le boxeo la flechó. La primera semana de entrenamientos tenía tanta emoción que sólo pensaba en aprender más rápido para empezar a competir. Su mamá juraba que iba a desistir.

“No me gustaba el boxeo profesional. Solo quería competir. Veía a muchas boxeadoras y decía: ‘no quiero pelear como ellas, yo quiero pelear como Manny Pacquiao’. Por eso me convertí en zurda, yo soy derecha natural. Le pedí a Raúl Martínez que me enseñara a cambiar la guardia, él fue boxeador e iba iniciando como entrenador. Aprendí rápido a boxear. Muchos no creían que llevaba poco tiempo practicando, quizá fue que como entrenaba con hombres cuando me ponían con mujeres me veía superior a ellas porque los hombres son más rápidos”, explica Falcón.

–¿Cómo aprende una derecha natural a golpear por la izquierda?

–Es algo que también asombró. Fue raro que haya aprendido. Con la guardia zurda perdí un poco de fuerza en el golpeo. No es que sea débil, si me pongo de derecha siento mi pegada más sólida, pero de zurda soy más hábil. No se me dificultó. Ahora entiendo que quizá porque mi mamá me ponía a hacer cosas con la mano izquierda sin querer desarrollé una lateralidad cruzada y sin saberlo le saqué provecho.

Para Esmeralda Falcón aprender a boxear fue cosa de niños. Prestaba atención al entrenamiento y repetía todos los ejercicios hasta que le salía perfecto. De los tres boxeadores que integran la delegación olímpica mexicana (Brianda Cruz en 69 kilos y Rogelio Romero en 81 kilos), ella es la que menos años ha practicado esta disciplina.

En el gimnasio Martínez todavía le tocó enfrentar las miradas extrañas y medio de desprecio de los hombres que entrenaban. No sabían ni cómo portarse ni querían entrenar con ella. Esmeralda los retaba: “pégame, pégame fuerte”. Y los otros con los brazos caídos y las manos enguantadas volteaban a ver al entrenador con cara de no me chingues.

“Hubo compañeros que de plano no aceptaban entrenar conmigo, fueron pocos, pero salían con que me iban a lastimar. Cuando hacíamos sesiones de sparring sí me llegaron a sangrar y me hacían sentir impotente porque eran tan rápidos que yo no podía hacer nada, pero siempre pensaba: ‘voy a aprender y me voy a ir quitando los golpes’. Cuando salíamos a correr al cerro yo era de las últimas y siempre que iba atrás de alguien me repetía: ‘poco a poco, una espalda menos y trataba de ir pasándolos’. Me gusta mucho correr y cuando voy detrás de alguien a quien puedo ganarle me adelanto y me digo: ‘ya miré muchas espaldas, ya no quiero verlas; tengo que pasarlos’ y así me voy motivando”.

Los primeros combates de Esmeralda fueron en torneos delegacionales donde a la primera quedó campeona. Así de fácil, en tres meses, escaló al distrital, al regional y terminó en la Olimpiada Nacional donde tras siete peleas se colgó su primer oro. Se sentía rara de llegar a las competencias y ver que sus rivales habían comenzado a boxear desde los ocho años. Algunas tenían mínimo 30 peleas.

“Por mi resultado Raúl Martínez me dijo que me convocarían para entrenar en el Comité Olímpico Mexicano y me llevó a una visita. Cuando vi el Muro Olímpico le pregunté qué es esto. Me dijo que es la lista de mexicanos ganaron una medalla olímpica. Le pregunté: ‘yo qué tengo qué hacer para estar ahí con mi nombre en letras doradas’. Me contestó que ganar una medalla. ‘Pues lo voy a hacer porque quiero que mi nombre esté ahí’. Se empezó a reír, me abrazó y nomás me dijo: ‘ay, chamaca’”. 

Falcón inició su camino hacia la cima. A finales de aquel año ya era seleccionada nacional. Fue campeona continental junior de la mano del entrenador César Morales. Fue convocada para el Campeonato Mundial 2014 en Corea donde de entre 42 boxeadoras culminó en el lugar siete. “Ahí empecé a creer que si tenía posibilidades de llegar a los Juegos Olímpicos. Me aferré y dije que iba a ser todo para lograrlo”.

La ruptura con Raúl Martínez no tardó en llegar. El entrenador veía a Esmeralda con una potencial boxeadora profesional, pero ella tenía la mira bien puesta en el deporte olímpico. Encontró en otro entrenador, Martín Escamilla, el refugio que quería. Desde Tulyehualco se iba todos los días hasta Texcoco a entrenar.

Al mismo tiempo seguía en la Facultad de Ciencias en la carrera de actuaría y se partía en dos para boxear y entrenar. “Con él gané mi lugar en la categoría de 60 kilos en el COM en 2015. Con él, en 2016, volví a ser campeona en el Festival Olímpico”.

Decidió no concentrarse en las instalaciones del COM con la selección nacional. Consciente de que ahí sólo entrenaría, pero no tendría peleas y a ella le urgía competir para seguir mejorando.

Al equipo de Martín después se integraron Fabián y Emilio Ramírez con quienes se quedó a entrenar cuando Escamilla abandonó el boxeo. El Deportivo Los Galeana, en la alcaldía Gustavo A. Madero, fue su nueva casa. Durante esos años y hasta el 2018 que la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte le otorgó su primera beca toda la preparación de Falcón corrió por cuenta de sus padres, un albañil y un ama de casa que ha trabajado en labores doméstica y como mesera en una fonda de su barrio donde Esmeralda trabajó cuando niña llevando tortillas en charolas de colores con un delantal rosado que le mandaron a hacer.

“Me concentré en el COM hasta 2017 cuando Francisco Bonilla (entrenador nacional fallecido en septiembre de 2020) me dijo que era necesario que me quedara porque no me iban a respetar mi lugar como seleccionada. Estaba en la licenciatura y llegó un momento en que no le daba el tiempo ni al boxeo ni a la escuela. Casi no dormía y todos me decían que no era sano, me veía totalmente cansada y se mermaba mi desempeño. Me di de baja en la UNAM y entré a la Escuela Nacional de Educación Física. 

“Antes de que me dieran la beca ya me iba a retirar. Le dije a Bonilla que a mi edad no había acabado la carrera, mis papás ya están grandes y me da pena que ellos me estén pagando la vida. Le dije: ‘ya tengo que ser realista, me voy a retirar para terminar mi carrera. Me dijo que me esperara, que me veía futuro para tener un logro. Mis hermanos y papás me dieron su apoyo, me pidieron que me concentrara en el deporte. Poco después gané la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos”.

–Y la medalla te dio impulso…

–Es mi medalla mas bonita porque me costó mucho trabajo llegar a ella. Personas que se van de tu vida, decisiones que te duele tomar. Me encantan las matemáticas, me dolió cambiarme de carrera. Estaba sola en el COM, yo era la única mujer, y no era como en mi casa que siempre había un cómo te fue, un te queremos. La soledad pesa. Por eso esa medalla es muy importante porque valió la pena todo lo que decidí.

“Esa medalla me abrió muchas puertas. En la Marina me contrataron y ya tengo un seguro para mis papás. El boxeo dejó de ser mi hobbie y pasó a ser mi trabajo. Trabajo en lo que más amo que es el boxeo que ya me dio la oportunidad de tener un futuro. En comparación con mis compañeros mi carrera fue rápida. Me siento bendecida y Dios ha sido muy misericordioso conmigo”.

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