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Ella es la mexicana Dalia Ramos y por esto es ingeniera de Alpine en la F1

Discriminada en la máxima categoría del automovilismo por su color de piel y por ser mujer, y en México por ser hija de un locatario de comida en Tepito, esta es la historia de la única mexicana que ensambla monoplazas.
jueves, 26 de octubre de 2023 · 19:28

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Dalia Ramos se encarga de transformar tornillos y metales en un automóvil que corre a más de 300 kilómetros por hora. Ella es la primera mexicana en trabajar en una escudería de la Fórmula 1 y actualmente encabeza el área de Ensamblaje y Pruebas (Build and Test) en la fábrica del equipo francés BWT Alpine F1 Team. Es la responsable de la seguridad de los monoplazas que manejan los pilotos. Prácticamente tiene en sus manos la vida de los conductores. 

Su llegada a Alpine y a la máxima categoría del automovilismo mundial no fue suave. Sufrió de la discriminación de sus compañeros, quienes la menospreciaban por ser mujer y por su nula experiencia en la industria.

Ramos, fue víctima de mansplain, es decir, cuando un hombre le explica algo a una mujer de forma condescendiente o paternalista. Fueron los hombres de su propio equipo de trabajo los que la trataron así. Dice que no sabe realmente por qué la discriminan: si es por ser una mujer trabajando en un entorno dominado por hombres o por ser latina. 

A eso se suma que es una jefa joven, apenas tiene 34 años. Los 48 mecánicos e ingenieros que tiene a su cargo son mayores y con más experiencia que ella, darles órdenes se convirtió en un reto. Cuando comenzaron a ver su trabajo la actitud de todos cambió, no obstante, la discriminación ha sido una constante para esta ingeniera durante su estadía en Europa que inició en 2014.

“Honestamente a veces la gente me pregunta: ‘¿Y tú crees que te hacen menos por ser mujer o por ser mujer latina?’. A lo largo de mi carrera lo he sentido. Desafortunadamente ya estoy acostumbrada a que cuando llego a un sitio nuevo me voy a encontrar con rechazo, con miradas que parecen que preguntan si debo estar allí y (con caras de) que no les voy a decir qué hacer.

“Cuando llegué a Alpine me decían: ‘Es que no sabes cómo se hacen las cosas, aquí es diferente’, me lo decían porque yo no he estado 25 años en la F1, porque yo no llevo toda la vida viajando ni conociendo a las leyendas desde que tenía cinco años y la mayoría de trabajadores de aquí sí. Me decían con desdén: ‘Es que no tienes el conocimiento, pero no te preocupes nosotros sí sabemos lo que hacemos’”, cuenta Dalia Ramos, en entrevista con Proceso.

Ramos. "Nunca cambiaría quien soy". Foto: Cortesía de Dalia Ramos

En la temporada 2023 es más notoria la presencia de mujeres en las carreras. Según el Reporte de Brecha Salarial de Género de 2022 —que dio a conocer la F1— el 31 por ciento de sus trabajadores son mujeres. Los puestos que suelen ocupar son: pilotos de prueba en las escuderías, doctoras o fisioterapeutas, asistentes personales y publirrelacionistas. En cargos de mayor rango encontramos ingenieras, directoras de equipo y jefas de estrategias.

Uno de los casos de mayor éxito ha sido el papel de la inglesa Hannah Schmitz, jefa de estrategia de Red Bull, quien tomó el cargo en 2011 y con el resurgimiento de la escudería ha sido un elemento clave para lograr las victorias del tricampeón mundial Max Verstappen, de Daniel Ricciardo y del propio Sergio “Checo” Pérez.

Como jefa del área de ensamblaje y pruebas Dalia Ramos es la única mujer que puede presumir que ocupa ese puesto. Actualmente se encuentra ampliando su departamento y explica que ha buscado reclutar más mujeres en su equipo, pero ha sido difícil, pues aún no es tan común que las mujeres sepan que pueden trabajar como ingenieras en un equipo de la Fórmula 1.

“Sé que cada vez hay más presencia de mujeres en la F1, sobre todo en los puestos de estrategia, pero no en operaciones, no con los mecánicos. Con mi trabajo quiero que las niñas sepan que pueden trabajar de mecánicas, técnicas, armadoras. Parece que cuando hablamos de trabajar en la F1 sólo nos enfocamos en marketing, diseñadores o pilotos y no, somos 950 empleados en una fábrica”, subraya.

De cara al Gran Premio de México, que se llevará a cabo este fin de semana del 27 al 29 de octubre, Ramos recalca que Alpine no pasa por su mejor momento. La sexta posición del campeonato de constructores con apenas 100 puntos no es como para presumir. En su equipo ya trabajan en las mejoras que se necesitan para la siguiente temporada. 

Desde su llegada a la escudería los mejores resultados han sido la victoria del piloto francés Esteban Ocon en el GP de Hungría en 2021, en una inesperada carrera, y el quinto puesto del campeonato de constructores en 2022 cuando Alpine sumó 173 unidades, gracias al desempeño del español Fernando Alonso, quien fue décimo en el campeonato de pilotos.

Fue así que Alpine pudo vencer a Alfa Romeo y McLaren en la pugna por la quinta posición, pero se quedó muy lejos de Mercedes, Ferrari y Red Bull. 

Una familia de lucha

Dalia Ramos nació en Azcapotzalco, proviene de una familia de clase media encabezada por su papá, Adolfo, quien es propietario de un puesto de comida en uno de los mercados del barrio de Tepito. Su mamá, María Isabel Guerra, es una ama de casa amante del arte. Su hermana mayor fue su cómplice en una niñez increíble en la que ambas fueron educadas sin ninguna distinción de género. Podían jugar futbol, a los carritos o con muñecas. Daba igual.

Desde muy pequeñas a las dos les interesaban las matemáticas y la construcción, posteriormente se convirtieron en las primeras ingenieras de toda la familia. Para los Ramos la educación era muy importante. Sus padres siempre buscaron que estudiaran en escuelas privadas. Como el dinero escaseaba las colegiaturas se cubrieron con las becas que las niñas obtenían por su buen aprovechamiento académico. 

Dalia Ramos estudió ingeniería en mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Estado de México. El plantel ubicado en la zona del Lago de Guadalupe le quedaba a más de 20 kilómetros de su casa. Para llegar hasta allá usaba el Transportec y en ocasiones su papá solía llevarla.

La institución le otorgó una beca de excelencia académica a cambio de sacar mínino nueve de calificación en sus materias, también estaba obligada a practicar un deporte y una actividad cultural. Dalia, en ese entonces de 18 años, se enfocó por completo en su vida escolar, no salía a ningún lado y tampoco tenía novio como muchas de las muchachas de esa edad. “Me cerré, no tenía tiempo para nada. Tenía que mantener la beca y seguir avanzando. No quería correr el riesgo de perderla porque significa perder mis sueños y perder todo”, explica. 

Su llegada a la universidad significó entrar a un mundo que no conocía. Enfrentó la discriminación y el clasismo por ser mujer y no de una clase económica privilegiada. En el Tec le hicieron el feo por ser hija de ese padre locatario en un mercado. Cientos de veces escuchó que ella no pertenecía a esa escuela. 

“Siempre hubo comentarios por el trabajo de mi papá, pero nunca pensé que fuera culpa de él y yo sabía que no debía de avergonzarme. Era un problema de la sociedad, no era un problema mío”, dice con orgullo.

Dalia está en la Fórmula 1, pero tuvo la oportunidad de colaborar para Rolls-Royce. Foto: cortesía de Dalia Ramos

Al terminar sus estudios de mecatrónica comenzó a trabajar en la empresa Procter & Gamble que se encarga de la producción masiva de productos de higiene. Refiere que era el lugar a donde todos los alumnos del Tec querían pertenecer. Ella, ya con 24 años, se sentía cómoda y eso fue suficiente para decidir que estaba lista para más experiencias. 

En 2014 se mudó a Inglaterra para estudiar la maestría en ingeniería y gestión de fabricación, por supuesto, cobijada por el Consejo Nacional de Ciencias y Tecnologías (Conacyt). Luego, se quedó a trabajar en la Rolls-Royce, especialista en la fabricación de autos de lujo y en la industria aeroespacial, área donde Ramos se desempeñaría. 

Gracias a su trabajo, Ramos vivió en Irlanda y Alemania, lugares donde estuvo en fábricas rodeada de más de 500 hombres con mucha más edad que ella. Fue entonces que comenzó a forjar su carácter, pues sabía que estaba ahí por su conocimiento y a pesar del idioma, el clima o la soledad que podía sentir su esfuerzo valía la pena. 

En 2019, con la llegada de la pandemia del covid-19, se vio obligada a abandonar las fábricas para trabajar desde su casa y todo se complicó, pues con el parón de los aeropuertos las turbinas de avión que manufacturaba no se estaban vendiendo. Ramos comenzó a buscar opciones de trabajo por si acaso tenía que cambiar y fue así que encontró el anuncio de la escudería Renault (ahora Alpine) en la red social LinkedIn.

En 2021 con el cambio de Grupo Renault se apostó por una reestructuración completa y por un cambio en la imagen de la escudería, convirtiéndose a partir de ese año en Alpine F1 Team. Las áreas operativas y de diseño también sufrieron cambios y así las puertas del automovilismo se abrieron para la mexicana. Ramos estuvo casi tres meses en pruebas y entrevistas con Philippe Krief, director ejecutivo, y Matt Harman, director técnico de Alpine, quien ahora es uno de sus mejores amigos y guía en la escudería francesa. 

“Teníamos reuniones de casi de tres horas, pero todo se sentía muy natural. Ellos estaban apostando por un cambio, se dieron cuenta que tenían que traer gente nueva y mirar hacia otro lado para nutrir esta industria que históricamente ha sido muy cerrada”, añade.

Ramos es la responsable de el ensamblaje, las pruebas y la manufactura del auto de carreras en la fábrica hasta que esté listo y pueda correr en los diferentes circuitos a lo largo del año. Se encarga de la mano de obra: el ensamblaje mecánico de todos los sistemas internos del auto como son la caja de velocidades, el sistema hidráulico, el de gasolina, la transmisión, frenos, pedales, la suspensión y el pre ensamblado del chasis.

En el ensamblaje final se arman los componentes externos del carro. Esto incluye partes como los alerones delanteros y traseros, los neumáticos y hasta los asientos que se diseñan específicamente a la medida de Esteban Ocon y Pierre Gasly, los dos pilotos de Alpine. 

En el área de validación se realizan todas las pruebas mecánicas gracias a unas máquinas especiales hasta asegurarse de que el auto es confiable y tendrá la durabilidad necesaria. Además, es Ramos quien se pone de acuerdo con las peticiones de seguridad de los componentes con la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

Por último, en el área de coordinación de piezas se hace toda la logística para que los componentes del monoplaza se envíen a los circuitos en donde competirá los fines de semana y se garantice que todas las partes del carro lleguen completas, así como también su regreso a la fábrica. Allí se ponen de acuerdo con el equipo que viaja a los grandes premios para coordinar lo que debe regresar a la fábrica para reparación y servicio. Es en esta fase donde también se fabrican las herramientas que Alpine utiliza en las paradas de pits.

Adicta a los coches

Aunque Ramos y su equipo no tienen trato directo con los pilotos sí les dan retroalimentación sobre lo que pueden mejorar para la siguiente temporada. Esto es vital, pues tienen que estar preparados para enviar piezas a los circuitos en caso de cualquier accidente del vehículo. La capacidad de reacción del equipo repercute directamente en los resultados de la escudería. 

“Nosotros como tal no le damos performance al auto, no lo hacemos más rápido o más lento, pero sí lo hacemos confiable y seguro. Entonces si nosotros cometemos un error puede repercutir en que el auto se destruya a mitad de una carrera, de que algo salga mal y ya no podamos terminar”. 

Dalia Ramos se considera una mujer de retos, ya lleva dos años y medio al frente del equipo y hasta ahora dice encontrarse con situaciones diferentes cada día. Asegura que hay momentos donde aún se siente “desbalanceada” porque hay personas que aún la hacen dudar de sus capacidades. 

“Que yo tenga muy claro mi objetivo no quiere decir que sea inmune. Lo he hablado con mis directores, ha habido veces que me he enojado y tengo que llegar a mi casa a descargarme con la persona que esté o hablarle a mi mamá. No es tan fácil, pero creo que es parte del camino. Hay gente que está viendo que mi trabajo puede cambiar las cosas”.

La ingeniera reconoce que antes de encontrar el mayor reto de su carrera en la F1, ella no era consumidora del automovilismo. Ahora acepta de buena manera “intoxicarse” de este deporte con el que lleva una relación de amor-odio, pues prácticamente la mitad de los fines de semana de cada año tiene que estar atenta a las carreras. Trata de no dejar de hacer las cosas que le gustan y admite que cuando ha tenido que ir a una fiesta no puede evitar seguir los pormenores desde su celular. 

—¿Cómo es el ambiente después de una carrera en la fábrica de un equipo de F1?—se le pregunta.

—Es radical, se vive en una montaña rusa todo el tiempo. Antes pensaba que lo que veía en Drive To Survive (el reality show sobre la Fórmula 1 que produce Netflix) era exagerado, pero ahora me doy cuenta que en realidad nos la pasamos en un drama total. Te vuelves adicto, puedo ver por qué la gente se obsesiona en trabajar aquí, porque cuando las cosas están bien, entonces estás en la cima del mundo, pero cuando las cosas salen mal todos están desmotivados y es muy difícil convencerlos de que debemos seguir y continuar trabajando. 

Con el monoplaza francés. Foto: cortesía Dalia Ramos

Ramos normalmente no viaja con el equipo a las carreras del calendario, sin embargo, cuando tiene lugar el GP de México sí acompaña a la escudería. A pesar de lo difícil que es su trabajo y la discriminación que ha tenido que pasar, asegura que está agradecida por tener un trabajo que genere conciencia en las nuevas generaciones de niñas mexicanas. 

“Al principio no sabía que iba a ser la primera mujer mexicana, yo amo a mi país, siento un compromiso muy grande con México, siento que con mi trabajo estoy motivando a niñas y ese es el único objetivo. Hay momentos difíciles donde digo: ‘Bueno, si fuera hombre, si fuera de su mismo color de piel, o si tuviera el mismo acento todo sería más fácil, pero honestamente nunca cambiaría quien soy”, sentencia. 

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