La cálida fornax de Cruz Mejía

lunes, 6 de marzo de 1995
No hay quinto malo para Cruz Mejía. El compositor sinaloense y productor radiofónico envalentona su fina voz a Baja California "así nomás, porque me dio la gana" en dieciocho piezas (polkas, corridos, boleros, chotís, danzas) que integran su quinta grabación: Calida Fornax. Nacido en La Noria, Guasave, en 1952, Cruz Mejía recorre con sus dedos sobre la guitarra sexta esa península llevando el corazón de México en su garganta, entonando apasionado detalles y costumbres (reflexiones históricas, comentarios paisajistas), tópicos que los comerciantes de la canción grupera eluden en su temática, acompañando al cantor una pléyade artística norteña de primer orden. Cruz Mejía nos lleva con instrumentales bailables y melodías bien entonadas mientras viaja a lo largo y ancho de la Calida Fornax ("Cálido infierno", la bautizó Cortés), desde donde comienza la patria (En Tijuana también somos mexicanos, Hasta la calle primera, No existe la frontera) a la punta de Los Cabos (Finisterre). La hora que duran estas canciones camineras ruedan sobre La Transpeninsular y Por la orilla del mar, por Tecate o, como dice el autor, cuando Voy a Mexicali y En la Ensenada, llegando a la división geográfica de las dos Bajas (Latitud 28 norte y La sal de Guerrero Negro), o narrando Cómo nació la Santa Rosalía, su defensa de Nuestro mar patrimonial, y el teñir azul con pañuelos del adiós amoroso cuando La embarcación se aleja. La típica parte humorística de Cruz Mejía no posee los punzantes alfileres localistas del dueto paceño Los Huizapoles; sin embargo, sus canciones, polkas y danzas de contraste dibujan con tonos mayores y menores un arte intenso y popular que igual da paso a lamentos o nostalgias, así como arrebatos con fuertes síntomas de alegría nacional y festiva. Canta así al norteamericano abusivo: Güerillo melón, te sientes mucha pieza. Güerillo melón, aquí no es lo que crees. Debes entender que México no es tuyo, respeta mi patria ya deja ese orgullo y no me eches inglés. Cruz Mejía perdió la vista a los 14 años de edad. Su memoria sonora fluye cual mirada fotográfica de versos con los que aprendemos a tocar flores de damiana, caracteres bajacalifornios, riquezas y miseria. El acordeón, los coros, las redoba, los saxofones, guitarrones, violines y demás instrumentos invitados suenan como anillo al dedo. La primera grabación de Cruz Mejía en un programa para Radio Educación la realizó el 9 de octubre de 1974, trabajando de base ahí desde julio de 1984. Produce dos programas cada sábado temprano por esa emisora: con Edmundo Zepeda Cachivaches, para niños, y Quién canta. Buscando por años apoyo oficial para grabar estas piezas surgidas en los estudios de Radio Educación en 1987, finalmente la paceña Sonia González y el "guanaja" Juan Pablo Balcázar lo invitaron a su empresa TV Imagen para el compacto que también incluye textos de Enrique Rivas Paniagua (Calida Fornax, de Cruz Mejía. TLALLI, Radio Educación y TV Imagen, TLP9104, prod. 1994).

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