España-EU: cediendo soberanía

miércoles, 6 de julio de 2016
MADRID (apro).— Barack Obama aterriza este sábado 9 en Sevilla para una visita oficial de tres días a España, tan solo a cuatro meses de las elecciones estadunidenses, que sellarán el inminente término de su mandato en la Casa Blanca, que se producirá en enero de 2017. Es la primera visita de un presidente estadunidense en 15 años, desde la protagonizada por George Bush, en junio de 2001, en lo que el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo reconoce como la “culminación de un proceso de normalización” de las relaciones bilaterales, marcadas por una suerte de bipolaridad. Dos hechos reflejan esos extremos, uno, la famosa “foto de las Azores”, que registró el encuentro del 16 de marzo de 2003, en el que el conservador José María Aznar puso a España en primera línea de apoyo a la estrategia de Estados Unidos y Reino Unido para la invasión a Irak, con el objetivo de derrocar a Sadam Hussein y destruir las supuestas armas de destrucción masiva, que nunca se encontraron. El otro extremo: Una vez perdido el gobierno por el PP en 2004, producto del castigo del electorado por meter al país en esa guerra ajena, el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero cumplió su promesa de campaña y retiró las tropas españolas de Irak, lo que produjo que Estados Unidos enfriara la relación bilateral con España. Obama llegará procedente de Varsovia (Polonia), donde participará en la Cumbre de la OTAN. Esta visita está marcada como un gran acontecimiento en la agenda española, tal y como se produjo también con la reciente visita que hizo Michelle Obama, que recibió un tratamiento de gran acontecimiento en la prensa española. Resulta sintomático que la visita presidencial se produzca seis meses antes de que Obama abandone la Casa Blanca, y cuando Mariano Rajoy conserva el estatus de presidente en funciones, porque aún no constituye gobierno. La presencia del mandatario estadounidense también se dará cuando en España aún no se constituyan formalmente las nuevas Cortes Generales (Congreso de los Diputados y Senado), que se instalará el 19 de julio, con lo cual los contenidos de la agenda bilateral pueden resultar de poco contenido. Hasta ahora, en forma extraoficial se difundió que en los encuentros con el rey Felipe VI y con Rajoy, se abordarán entre otros temas la expansión del yihadismo, el Brexit, y las tensiones con la Rusia de Vladimir Putin en la región este de la Unión Europea. Pero quizá el asunto que marque la presencia del presidente estadounidense en España, sea su visita a la Base Naval de Rota (Cádiz), que desde hace un par de años se convirtió en una de las instalaciones estratégicas para el Escudo Antimisiles de la OTAN, liderado por Estados Unidos. Estados Unidos tiene en esa base naval cuatro destructores: En febrero de 2014 atracó el destructor US Donald Cook; y, paulatinamente, arribaron el USS Ross, el USS Porter y, en 2015, lo hizo el USS Carney, para completar el escudo antimisiles para la zona del Mediterráneo. Esta presencia fue gracias a la reforma que en 2012 aprobó el Congreso español del Convenio de Cooperación para la Defensa firmado por España y Estados Unidos, para permitir el despliegue de estos cuatro destructores de la clase Arleigh Burke, para integrarse al escudo antimisiles. Asimismo, en agosto de 2015, sin mayor ruido mediático (salvo la publicación del diario El País), la mayoría parlamentaria del PP y con el apoyo del PSOE, hizo otra modificación al referido convenio para lograr la conversión de Morón de la Frontera (a 56 kilómetros de Sevilla) de una base militar temporal en una base permanente para las fuerzas estadunidenses. Esta base militar es la sede de la Fuerza Especial Tierra-Aire de Respuesta de Crisis del Cuerpo de Marines (SP-MAGTF Crisis Response), cuyo principal objetivo es combatir el avance del yihadismo en las zonas del Magreb y el Sahel (que incluyen los países mediterráneos del norte de África y sus consecuentes vecinos del sur, desde el norte de Senegal, en la costa atlántica, hasta Eritrea, en la costa del Mar Rojo, delimitada por el Sahara). La presencia estadunidenses en esta base creció de 500 a 850 marines del cuerpo de élite, más 500 civiles y 21 aeronaves, incluidos aviones de despegue vertical MV-22 Osprey. En referida publicación del diario El País, que en primicia abordaba el cambio que sufriría este convenio en materia de defensa, recordaba que esta fuerza especial de los marines fue creada tras el asalto al consulado de Estados Unidos en Bengasi (Libia), en septiembre de 2012, lo que provocó que el Pentágono viera la necesidad de contar en la región con una unidad capaz de intervenir rápido en caso de crisis. Esta unidad arribó a España en 2013, con una autorización temporal para un año, y en 2014 se prorrogó su presencia por un año más. Finalmente, el Pentágono renunció a buscar otro emplazamiento y pidió a España el despliegue definitivo, el cual se les concedió. Cuando fue presentada la autorización del Consejo de Ministros, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría defendió que la relación bilateral en materia de defensa y seguridad es “una de las más importantes, junto con nuestra pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea”. En una entrevista a fines de 2015 con la revista Proceso, el prestigiado jurista y doctor en Ciencias Políticas, Joan Garcés, criticó con severidad esta cesión de soberanía por parte de España ante los requerimientos de la OTAN, liderada por Estados Unidos. Recordó que esta cesión de soberanía sobre estas dos bases militares, Rota y Morón, inició durante la dictadura de Francisco Franco, a raíz de la firma de los Pactos de Madrid, en septiembre de 1953, que permitieron la presencia militar en cuatro bases militares españolas, incluidas las dos citadas. Esto ayudó al asentamiento de la dictadura de Franco en el llamado “bloque occidental”, tras años de aislamiento desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. “He sabido que la dictadura de Franco se prolongó más allá de 1945, en que fueron derrotadas las potencias fascistas alemana e italiana, porque entregó a Estados Unidos las bases militares permanentes en territorio español, que es Rota y Morón”, explicaba Garcés, quien fue asesor político personal del presidente chileno Salvador Allende y en 1974 lo fue del director general de la UNESCO. En 2015, prosigue, pese al malestar popular existente en España, el gobierno del PP y el PSOE aprobaron una ley que puso “las bases bajo la total jurisdicción, 100% de Estados Unidos, es decir, fueron más allá de lo que fue la cesión que hizo el franquismo”. Y, acto seguido, explica, el rey de España, Felipe VI, fue recibido por Barack Obama en la Casa Blanca (septiembre de 2015), como un mensaje de que “Estados Unidos respalda  a la monarquía española, incluyendo una postura sobre la ofensiva del soberanismo catalán”. El trueque es clarísimo”, explicaba este profesor en Relaciones Internacionales. Al margen de la importancia estratégica de la visita, a nivel regional y doméstico, tanto el rey Felipe VI como Mariano Rajoy podrán aprovechar la visita de Obama como un espaldarazo a sus propias gestiones, el primero como jefe de Estado y el segundo como presidente que ahora intenta formar un gobierno para una segunda legislatura.

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