Trump: Luna de miel con los eurófobos

miércoles, 18 de enero de 2017
Madrid (apro).- Durante su campaña, Donald Trump soltó un dardo envenenado para los socios europeos de Estados Unidos en la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuando declaró que no acudirá al rescate de sus aliados en caso de una invasión rusa a los países bálticos, a menos que paguen más por su defensa. No solo era un mensaje para agradar a Moscú, sino que también fijaba las bases de lo que se entiende será su relación con Europa, con una abierta afinidad por las posiciones más nacionalistas, como el Brexit, al que no tiene empacho en considerar como algo “fabuloso” e “inteligente”. Como presidente electo, unos días antes de asumir el poder de Estados Unidos, este viernes, Trump volvió a la carga y no solo consideró la Alianza Atlántica como “obsoleta”, sino que criticó la política de acogida de los refugiados de la canciller alemana, Angela Merkel, que calificó como un “error catastrófico”. Lo hizo durante una entrevista conjunta con los medios europeos, el inglés The Times y el alemán Bild, cuando se refirió a la decisión de Merkel de admitir más de un millón de refugiados procedentes de Medio Oriente, siendo el país europeo que ha acogido a un mayor número de refugiados. “Creo que ella (Merkel) cometió un error catastrófico y fue aceptar a todos esos ilegales”. Lo dice en su acostumbrado tono agresivo que alimenta tanto al discurso del miedo al pretender equiparar a inmigrantes con delincuentes o, en el caso de los musulmanes, de terroristas, tan lejos de la realidad. En su crítica a la gobernante alemana advertía que ella es la líder más importante de Europa y que la Unión Europea es “un vehículo para Alemania”, mostrando con ese dicho un desprecio por la integración europea. A esto se suman las declaraciones del próximo inquilino de la Casa Blanca calificando la salida de Reino Unido de la Unión Europea como algo fabuloso e inteligente. “El Brexit será fabuloso”. El Reino Unido “fue inteligente al salirse”, dijo Trump, y se comprometió a establecer un “rápido” acuerdo comercial con el gobierno inglés. En esa entrevista, señaló a los representantes de los dos diarios europeos que “los países desean su propia identidad y Reino Unido deseaba su propia identidad, pero pienso que si no se les hubiera forzado a aceptar a todos los refugiados ustedes nunca hubieran tenido un Brexit”. Y predijo que más países europeos podrían imitar al Reino Unido y salirse de la UE. La respuesta europea a las palabras de Trump fue realmente tibia. Desde Alemania y Francia hubo llamados a la unidad. Merkel señaló que “los europeos tienen su destino en sus propias manos”. El presidente francés Francoise Holande habló en un tono similar. “Europa estará siempre preparada para dar continuidad a la cooperación transatlántica, pero se moverá en función de sus intereses y valores. No necesita de consejos ajenos sobre lo que debe hacer”. Son significativas estas declaraciones tanto de Trump como de los principales líderes políticos, si a eso se añade que una de las primeras reuniones que tuvo Trump después de conseguir su triunfo electoral, fue con Nigel Farage, el principal impulsor del Brexit, el polémico eurófobo que fungió como líder interino del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP). El gobierno británico, aliado sin parangón de Estados Unidos, mostró su malestar por ese encuentro. Aparte de subir a las redes sociales una foto con el presidente electo ante las puertas doradas de la torre Trump, Farage consideró que el próximo mandatario estadunidense “es un hombre con el que podemos hacer negocios”. La dirigente del partido de ultraderecha francés Frente Nacional, Marine Le Pen, fue la primera en aplaudir entonces la victoria de Trump y consideró que “es el principio de un nuevo mundo”. En esa ocasión, como lo hace en cualquier foro, Le Pen insistió en su deseo de que la Unión Europea se disuelva “en el menor tiempo posible”, un mensaje de una enorme afinidad con el magnate estadunidense. Semanas después, Le Pen fue fotografiada en la torre Trump, aunque no existe registro de que haya mantenido algún encuentro con el presidente electo. Este año Francia se enfrenta a unas elecciones, donde el partido de Le Pen va sumando apoyos. En sus recientes presiones a las compañías automotrices, hay que recordar que Trump también lanzó amenazas a la alemana BMW, a la que advirtió que le impondrá aranceles de más del 30% si mantiene su plan de invertir en San Luis Potosí, México –de donde Ford retiró su inversión–. Incluso, Trump ya ha lanzado su intención de endurecer los requisitos migratorios para los europeos que entren a Estados Unidos, un gesto poco amistoso. No se puede olvidar que la democracia en Europa está cada vez más sujeta a los partidos de la ultraderecha, con rasgos xenófobos, anti-inmigrantes y anti-musulmanes, que seguro escucharán a Trump como un aliado. En el Parlamento Europeo tienen representación 124 eurodiputados (16.5% de los 751 escaños) que provienen de partidos de extrema derecha de 19 países, que seguro estarán igual de felices que Le Pen o Farage. Ya no solo México, China o Japón saben qué les espera con el gobierno de Trump. También Europa tiene claro que el nuevo residente de la Casa Blanca será el presidente más alineado con los eurófobos, que alimentará la debilidad de la integración europea y que está por verse cómo será su relación en el seno de la OTAN.

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