"Los líderes de México perdieron hace tiempo el rumbo": David Ibarra

jueves, 14 de enero de 2010

MEXICO, D.F., 14 de enero (apro).- La debacle financiera global puso de relieve la crisis interna gravísima que vive el país, y la complicó, pero en sí misma no explica ni la naturaleza y las verdaderas dimensiones de esa crisis.
    “Hace tiempo que los líderes del país perdieron el rumbo, al confiar los problemas nacionales a mercados carentes de sensibilidad social, histórica e institucional”, afirmó hoy David Ibarra Muñoz, secretario de Hacienda en el gobierno de José López Portillo, durante una comida-homenaje que se le brindó por sus 80 años de vida.
    Ante unos 200 comensales congregados en un hotel de la zona rosa –la mayoría, exfuncionarios públicos del sector económico, pero también dirigentes partidistas, empresarios, intelectuales, politólogos y académicos--, Ibarra Muñoz expuso:
    “A la influencia avasalladora de la ideología neoliberal, se sumaron las inclinaciones de servir a los intereses de los pocos, para hacer posible –en palabras de Daniel Cosío Villegas y de Jesús Reyes Heroles-- el sacrificio paulatino de la nacionalidad. Y lo que es peor: estamos perdiendo nuestra confianza colectiva en conformar respuestas propias a la remodelación de nuestro futuro.”
    En la mesa principal, acompañaron a David Ibarra el magnate Carlos Slim –quien patrocinó la comida--; la presidente del PRI, Beatriz Paredes; el también exsecretario de Hacienda Jesús Silva Herzog, y el excandidato presidencial priísta Francisco Labastida, entre otros.
    El homenajeado, quien también estuvo acompañado por su esposa y sus hijos, hizo un repaso crítico de los gobiernos –sin mencionar nombres-- de los últimos 30 años.
    “Los gobiernos mexicanos, acaso agobiados por el envejecimiento de su ideología, abrazaron el neoliberalismo, como una tabla de salvación, sin percibir que ahondaría, antes que resolver, los dilemas nacionales, al sustituir la justicia social en un país de desiguales, por la libertad económica individual, postulada ahora como el objetivo medular a perseguir”, afirmó.
    En las últimas tres décadas, dijo Ibarra, se han desmantelado las instituciones estatales “para hacer prevalecer en la realidad o en la apariencia, reglas económicas acotadoras de las libertades republicanas, naturalmente atropellando los muchos avances de la democracia”.
    Explicó: Se han reducido “casi a la nada, los instrumentos fiscales, financieros, de promoción industrial, de justicia social, del Estado, que delimitan su capacidad de responder a las demandas ciudadanas.
    Todo ello, añadió, ha llevado a “una derechización de la política. La pobreza se combate no con empleo sino con dádivas, que ahora se llaman subsidios, que la perpetúan”.
    Ahora, sostuvo, “el crecimiento ya no se finca en la decisión propia de invertir y de elegir las actividades a fomentar, sino en atraer inversionistas foráneos que vengan a enseñarnos el camino”.
    Todo se ha trastocado, señaló: “Lejos de buscar la prosperidad general, la meta dominante se reduce a la  estabilidad de precios o al combate a la criminalidad, arraigada en el caldo de cultivo de la pobreza”.
    Así, dijo, “el abismo creado por la combinación de demandas sociales pospuestas y políticas económicas importadas, lleva a perder el sentido de la historia, a fragmentar los (dolores) compartidos, y también explica la primera gran derrota electoral del PRI”.
    De allí surgió la alternancia política, explicó. “Pero la alternancia política resultante se voltea, y se voltea paradójicamente hacia la derecha, por lo que los poderes fácticos ya enraizados acaban dictando los resultados electorales”.
    Durante la alternancia, dijo, lo que ha sucedido es que, “en los hechos, se auspicia no la convergencia, sino la divergencia social, con el abandono de las políticas enderezadas a la incorporación de los excluidos.
    “Como consecuencia, prevalecen desacuerdos fundamentales, confusión, que polarizan y paralizan a la sociedad”, por lo que “no es de extrañar que el país se vaya quedando a la zaga continental y del mundo”.
    Destacó Ibarra que si algo sobresale en la crisis mexicana, “es la parálisis”. Enjuició: “El mercado, sin un Estado orientador, regulador y mediador, poco o nada resuelve de las debacles políticas y económicas. El Estado sin sociedad da tumbos, incapaz de aglutinar constructivamente a las fuerzas colectivas”.
    Pero la crítica de Ibarra Muñoz no se quedó en los gobiernos, en quienes han conducido al país. Dijo que los partidos políticos también han tenido gran responsabilidad en la grave crisis interna que hoy vive el país, pues poco han contribuido a subsanar las hondas divergencias que hay en el país.
    Y a cada partido, de los grandes, le asestó una crítica severa:
    “El PAN no logra, quizás ni intenta, encabezar una derecha ilustrada, como ingrediente de acceso a la prosperidad, capaz de persuadir y, sobre todo, de hacer concesiones que auspicien la armonía social.
    “El PRI –y aquí van mis disculpas anticipadas a Beatriz (Paredes), que me honra con su presencia--, en el afán por modernizarse, abandona las tesis sociales en las que descansaba y descansa su identidad moral. Abraza una mezcla contradictoria de principios del neoliberalismo y de la socialdemocracia europea, sin advertir –o quizás advirtiendo-- esa contradicción entre neoliberalismo, que auspicia la primacía del mercado, y la democracia social, que auspicia la prevalencia de la política y las decisiones fundamentales de los países”.
    El mayor riesgo del PRI, dijo, “consiste en participar, a los ojos del electorado, en una suerte de entente con el PAN y con los poderes fácticos, que prolongue la agonía de una derechización insostenible en el país”.
    Y también le tocó al PRD. Este partido, señaló, “lejos de vertebrar las reivindicaciones populares y las del nacionalismo, se divide y subdivide, y se dedica a socavar a sus mejores liderazgos. Se gasta en la crítica, más que en propuestas, desaprovechando coyunturas acaso irrepetibles. Casi ayuno del respaldo de organizaciones de trabajadores, el PRD gira principalmente en torno a captar un descontento popular, de difícil vertebración, casi amorfo”.

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