Desmemoriados, Aspe, Gil y Ortíz, critican conducción económica de Calderón

miércoles, 12 de mayo de 2010

MÉXICO, DF, 12 de mayo (apro).- Fueron secretarios de Hacienda, es decir, responsables de la conducción económica del país. Hoy pertenecen a la elite empresarial, como consejeros o directivos de emporios trasnacionales.

Y, como si no hubieran tenido en sus manos responsabilidad alguna desde el gobierno federal, este miércoles Pedro Aspe Armella, Francisco Gil Díaz y Guillermo Ortiz se erigieron como severos críticos de la realidad económica y social del país.

Invitados por el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, aspirante presidencial del PRI, participaron en un panel de los llamados “Foros de reflexión: compromiso por México” –con los que Peña se “placea” y muestra su capacidad de convocatoria--, y dijeron cosas tan ciertas como estas, pero de las que en algún momento fueron responsables:

El sistema impositivo en México es un lastre. “Los municipios no recaudan por impuesto predial ni 1% del PIB”, cuando otros países de América Latina recaudan hasta 5% por ese concepto.

“El gobierno gasta poco y mal”. Es un hecho la recuperación económica del país, pero “no es suficiente apostar sólo a recuperar lo perdido en la crisis; falta una mayor productividad”. “El ahorro y la inversión son totalmente insuficientes”, acusaron.

También: si no se permite la inversión privada en Petróleos Mexicanos (Pemex), que es una empresa mal organizada, improductiva y mal manejada, “en cinco años seremos importadores de petróleo”.

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En efecto, Pedro Aspe, secretario de Hacienda en todo el gobierno de Carlos Salinas; Francisco Gil Díaz, con Vicente Fox, y Guillermo Ortiz en el primer trienio de Ernesto Zedillo, participaron –en Toluca, Estado de México-- en el panel sobre “Financiamiento y desarrollo sustentable”, que siguió a la ponencia magistral de Jeffrey Sachs, asesor de Naciones Unidas y uno de los economistas más influyentes del mundo.

Un día antes estuvieron Eric Maskin y Paul Krugman, premios Nobel de Economía 2007 y 2008, respectivamente. De ese calibre son los invitados de Peña Nieto a sus “foros de reflexión”.

Y de ese tamaño son los reflectores que quiere. Y de esa magnitud deben ser los recursos con los que cuenta para “mostrarse”… pues, de gratis, seguro que no vinieron.

La presencia de tan ilustres panelistas, así como la de los exsecretarios de Hacienda –los tres de extracción priista--, se antojaba para un buen debate, un buen “agarrón” entre quienes, en su momento, se toparon con las mismas cosas y que poco pudieron hacer para revertirlas: la petrolización de los ingresos públicos, la dependencia hacia la economía de Estados Unidos, el pobre desempeño del mercado interno y la magra recaudación fiscal.

Optaron por guardar distancia. Por respetarse. Por no cuestionarse. Como si revivieran aquellos tiempos en que Gil y Ortiz fueron subordinados de Aspe, en el salinismo; uno como subsecretario de Ingresos, el otro como subsecretario de Hacienda. “Paco”, “Pedro” y “Guillermo” se decían en el panel.

Mejor la crítica etérea, ajena a las antiguas responsabilidades, que el cuestionamiento a la gestión de cada uno. Priistas todos, al fin.

Director general de Protego Asesores, co-presidente del Consejo de Evercore Partners y miembro de los consejos de administración de The McGraw Hill Companies, Carnegie Corporation (Nueva York) y Grupo Televisa, Pedro Aspe descubrió el hilo negro.

Dijo que para que la economía mexicana crezca más y sea más productiva, hay que invertir mucho más en infraestructura. Ya se hace, dijo, pero hay que invertir más y hay que hacer que la iniciativa privada participe más en ello.

Enfatizó en esto último, en promover más las asociaciones público-privadas para proyectos de infraestructura multianuales, en los que ya doce entidades se adelantaron a la Federación.

Elogió que ahora el gasto público lo ejerzan en dos terceras partes los estados y municipios y sólo una tercera parte el gobierno central. Pero criticó que los municipios no hagan nada para generar recursos propios.

“Han perdido la recaudación del predial. No pueden hacer infraestructuras sólo con recursos federales”, advirtió.

Francisco Gil Díaz lo secundó. El hoy presidente ejecutivo para México y Centroamérica de la trasnacional española Telefónica, dijo que es ridícula la recaudación por predial, que apenas alcanza 1% del producto interno bruto, cuando otros países de América Latina recaudan más de lo que México recauda por IVA, poco más de 4% del PIB.

Y que sería muy fácil incrementar la recaudación del impuesto predial. Basta con cruzar el padrón de contribuyentes con el Registro Público de la Propiedad. Pero no se hace.

Es más, dijo, el impuesto debería cobrarse aun con una sobretasa, y la diferencia debería usarse para el servicio de la deuda pública de los municipios.

Guillermo Ortiz, que apenas el último día de 2009 dejó la gubernatura del Banco de México y hoy es flamante consejero del Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur) y de la trasnacional mexicana Vitro, no se quedó atrás en el tema. El problema de los impuestos en México, la paupérrima recaudación, “es estructural y gigantesco”, acusó.

Y corrigió a Aspe y a Gil: los ingresos municipales totales, en México, apenas son de 0.6% del PIB, mientras que el promedio de los países de la OCDE es de más de 5%.

Gil Díaz apenas atisbó una crítica a la conducción actual de la economía, al mando ahora del panista Ernesto Cordero: es cierto que la economía se está recuperando, pero no basta con sólo recuperar lo que se perdió por la crisis, dijo.

“Faltan cambios para impulsar la productividad, pues sólo con eso se pueden mejorar los salarios, el empleo, los niveles de bienestar de la población”, anotó.

Es necesario, agregó, reconocer los nudos que impiden la productividad y deshacerlos, lo mismo en telecomunicaciones, en energía y en tecnología. “Hay un potencial enorme para hacer crecer la economía, pero primero hay que deshacer esos nudos”, sentenció.

Guillermo Ortiz presentó una imagen dramática del país. En los últimos 50 años, el desempeño económico ha sido “muy pobre”, evaluó.

Explicó: en 1960, el ingreso per cápita de México era igual al de España; más del doble del de Corea y casi tres veces el de Singapur.

Ahora, en 2010, el ingreso per cápita de España es dos veces y media el de México; el de Corea es dos veces mayor, y el de Singapur, tres veces el de México.

Ese desempeño tan pobre, arremetió, se debe no sólo a las crisis económicas recurrentes, que han llevado por largos periodos a tasas cero de crecimiento económico, como en los años ochenta, que fue la “década perdida”. Pero también a los niveles bajísimos de inversión y ahorro.

México apenas invierte poco más de 20% del PIB; España se acerca a 27% y el sudeste asiático a más de 30%.

Una causa más del pobre desempeño económico es el “uso improductivo de los recursos”, señaló Ortiz Martínez.

Por ejemplo, 17% de la población económicamente activa (PEA) se desempeña en actividades primarias, en el agro; pero el campo apenas aporta 5% del PIB. Es decir, la productividad promedio de las actividades agropecuarias es apenas una tercera parte del promedio nacional.

Sostuvo también que es muy reducido el gasto público. México gasta apenas 21% del PIB, mientras que otros países similares, como Brasil, gastan más de 40% del PIB.

“El gobierno gasta poco y mal”, acusó.

Y se engolosinó Ortiz en la crítica, pero otra vez, sintiéndose ajeno a cualquier responsabilidad.

En materia de energía, advirtió, también hay graves problemas. “Se agotó el petróleo fácil, y queremos compensarlo con nuevos yacimientos que no alcanzarán para ello, pues no tenemos tecnología para perforar en aguas profundas y no impulsamos las energías alternativas”.

Una crítica más de Ortiz, ahora en el tema de la educación. “México es uno de los países que gastan más en educación, cerca de 7%, el doble que Brasil, más que Argentina, Francia o Inglaterra. Pero la mayor parte de ese gasto es para sueldos y salarios.

“Muy poco de ese gasto –agregó-- va a infraestructura educativa, a equipamiento, a computadoras, a laboratorios. Por eso siempre obtenemos muy malos resultados en las pruebas internacionales. México siempre está al fondo en esas pruebas”, sentenció.

En una primera ronda de preguntas y respuestas, Pedro Aspe se mostró más crítico que en su intervención inicial, que fue libre para todos.

A una pregunta sobre la petrolización de las finanzas públicas, respondió que el descubrimiento de Cantarell, a fines de los setenta, uno de los yacimientos petroleros más grandes del mundo, “fue una fortuna y una desgracia”, pues los generosos ingresos que produjo también propiciaron “un relajamiento y no se ahorró”.

Y antes que adjudicarse alguna responsabilidad en ello, Aspe atajó: “Bueno, ya sucedió”. Ahora hay que ver hacia delante. Y lo primero que hay que hacer es una revisión total de Pemex, que tiene “una mala organización”, “es una empresa improductiva” y tiene “un mal arreglo económico”.

Sin ambages: “La productividad de Pemex es apenas una quinta parte de la productividad que tienen las petroleras estatales de Noruega y de Brasil. Ese es el problema, la falta de productividad de Pemex. Pemex está muy mal: tiene exceso de personal, mal capacitado; no invierte en investigación y desarrollo, no hay imaginación empresarial”.

Entonces Aspe recomendó poner en práctica lo que hace Brasil: permitir la asociación con empresas privadas de alta tecnología.

Relató un caso, resultante de no permitir la inversión privada en Pemex: 22% de la producción total de petróleo en Estados Unidos proviene de campos que se habían desechado hace décadas. Pemex no recupera, por falta de tecnología e inversión privada, ni 1% de sus campos antes descartados.

De seguir así, auguró Aspe, “en cinco años seremos importadores de petróleo”. Y entonces sí nos vamos a ‘despetrolizar’, “porque vamos a ser importadores”.

Gil Díaz secundó: urge cambiar la legislación en materia energética para salir del hoyo. Hasta Cuba y Venezuela “van adelante de nosotros”, pues sí permiten la inversión privada. En materia administrativa, Pemex va para atrás; en materia de gestión, es una empresa paralizada”, acusó.

Y Ortiz no se podía quedar atrás.

“Es incomprensible lo que pasa con el petróleo en México. Las cosas se han hecho muy mal. Y los sucesivos gobiernos la van descomponiendo más”.

Dirigiéndose a Aspe, soltó: “Antes se manejaba mal Pemex, pero menos mal que ahora. Cuando estábamos en la secretaría –recordó los tiempos de Aspe como titular y él de subsecretario--, venían a vernos los brasileños para ver cómo hacíamos las cosas. Pero más bien creo ahora que venían a aprender cómo no hacer las cosas”, dijo. Porque hay que ver lo que es ahora Petrobras (la paraestatal petrolera de Brasil), su flexibilidad para aprovechar las tecnologías que hay en el mundo”.
Por mitos y tabúes “le hemos dado la vuelta al tema energético”, concluyó Ortiz.

Así de fácil es hablar a la distancia. Sin autocrítica. La desmemoria. O el cinismo.

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