Niveles de bienestar en México, lejos del promedio en países de la OCDE

miércoles, 18 de mayo de 2011
MÉXICO, D.F., (apro).- La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos dio a conocer una buena y una mala sobre México. La buena: el país “se está recuperando fuertemente de la recesión global”. La mala, la desigualdad sigue siendo alta y los niveles de bienestar de la población están lejos de la media de la OCDE”. En su documento Estudios económicos de la OCDE: México 2011, que presentó hoy en su sede de París, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos hace un examen de la economía del país en el que prácticamente éste sale reprobado. Si bien elogia la solidez de la recuperación económica de México, que luego de una fuerte caída de 6% del Producto Interno Bruto en 2009, al año siguiente logró un crecimiento de 5.5% y espera otro de 4.4% para 2011, prácticamente en todos los indicadores económicos y sociales el país, a juicio de la OCDE, anda mal. Es largo el recuento: Empleo y desempleo. Ciertamente, el empleo ha amentado, “incluso en el sector formal”; pero por la crisis ha disminuido la calidad de los mismos, que se han concentrado en los puestos con salarios más bajos y en la informalidad. La tasa de desempleo, que superó el 6% en 2009, ha ido descendiendo lentamente, pero sigue estando por arriba de los niveles previos a la crisis. PIB a la baja. Luego del fuerte aumento de la producción en 2010, que hizo crecer 5.5% al Producto Interno Bruto, se desacelerará “para asumir un ritmo más sostenible”. Se espera un crecimiento de 4.4% en 2011; y 3.8% en 2012. Ingresos tributarios, de los más bajos del mundo. “La proporción de recaudación tributaria como porcentaje del PIB es baja desde una perspectiva internacional”. Lo peor es que más de un tercio de esos ingresos depende del petróleo, que cubre una parte del gasto presupuestario. Pero el petróleo agrega volatilidad y está sujeto a una perspectiva incierta. Los bajos ingresos fiscales se deben a la estrechez de la base tributaria: pocos pagan impuestos; muchos de los que pagan, lo hacen al mínimo usando la planeación fiscal. Las tasas cero, las exenciones y las tasas reducidas en IVA, así como regímenes especiales en ISR, “complican el sistema impositivo, dejando un margen amplio para la planeación fiscal e incluso la evasión”. Se pierde casi 2% del PIB por los tratamientos especiales en el IVA. “El esquema actual contempla tasas cero para alimentos y medicinas, y exenciones para renglones como la educación y los servicios médicos, así como tasas reducidas en la frontera”. Dichos tratamientos “son ineficientes como mecanismo para reducir la pobreza, pues las familias de mayores recursos captan la mayor parte de los beneficios en términos absolutos. Sería conveniente eliminar las tasas cero y las exenciones dentro del IVA de manera gradual”. Subsidio a energéticos, irracionales. “México gasta montos significativos en subsidios a la energía en renglones como electricidad, gasolina, diesel y gas LP que, en conjunto, sumaron más de 1.5% del PIB en promedio por año entre 2005 y 2009”. Por ejemplo, el PIB nominal de 2009 fue –según el Inegi-- de 11 billones 823 mil millones de pesos. El 1.5% significa 177 mil 345 millones de pesos. Los deslices de precios para la gasolina y el diesel “pueden generar ingresos adicionales en los periodos en los que el precio del petróleo desciende, pero resulta en mayores subsidios implícitos en los periodos en que aumenta”. “Los subsidios a la energía son ineficientes como mecanismo para reducir la pobreza ya que en gran parte es absorbida por los grupos de mayores ingresos”. Además, “los subsidios a la energía crean incentivos para consumir más e invertir menos en eficiencia energética, reduciendo la seguridad energética y amentando las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto es incongruente con el ambicioso objetivo de México de reducir (dichas emisiones) en 50% para 2050, en comparación con los niveles del año 2000. En tal estrategia no hay lugar para subsidios generalizados al uso de energía”. Informalidad, abultada. Un sector informal en México tan grande es “a la vez síntoma y causa de la baja productividad. La proporción de trabajadores y empresas en México que no cumplen con las leyes tributarias y laborales es considerable”. A su vez, la informalidad puede obstaculizar la productividad y el crecimiento de las empresas y las personas que operan en ese sector, pues podrían buscar no crecer para ocultar sus actividades y a menudo carecen de acceso a clientes, al financiamiento, la capacitación formal y la protección de los derechos de la propiedad”. Los anteriores son algunos de los indicadores que, a consideración de la OCDE, el país anda mal, y en los que ya en otros estudios ha enfatizado. Pero donde verdaderamente el país está peor, según el organismo, es en materia de competencia. Dice el documento en su apartado más amplio: “La competencia en el mercado de productos es débil en muchos sectores mexicanos, lo cual a menudo daña la eficiencia, la productividad y el bienestar del consumidor. Existen monopolios del Estado en la distribución de la electricidad y la producción de petróleo, pero la concentración es alta en muchos otros sectores”. El estudio refiere un análisis conjunto de a Comisión Federal de Competencia y la propia OCDE, en el que se señala que “las familias mexicanas gastan, en promedio, cerca de una tercera parte de su presupuesto en bienes producidos en mercados monopólicos o altamente oligopólicos, y que la proporción es aun más alta para las familias de más bajos ingresos”. Y revisa caso por caso: En el transporte aéreo no hay acceso equitativo a lugares de despegue y aterrizaje en el aeropuerto de la Ciudad de México, que opera a toda capacidad. No hay competencia abierta; la asignación actual no es transparente y se basa en gran arte en derechos de antigüedad, además de estar controlada por un comité en el que se encuentran representadas solamente las empresas dominantes. En el transporte foráneo de pasajeros hay muchas restricciones para obtener permisos y el acceso a las instalaciones esenciales es discriminatorio. Es difícil la entrada de nuevas empresas al sector. En la banca al menudeo la concentración de mercado es alta, en parte por los altos costos que representa para los clientes cambiar de banco. Al banco central le falta adoptar criterios de eficiencia claros en su determinación de las comisiones de cambio para las tarjetas de débito y crédito. Otra: “Los precios de los medicamentos en México son excepcionalmente altos, en parte como reflejo de la débil competencia en el sector farmacéutico. Este es un problema para la salida y las finanzas públicas. El aumento de la transparencia en los procedimientos de adquisiciones públicas será clave para fortalecer la competencia en el sector.” Finalmente, “los precios de las telecomunicaciones son muy superiores al promedio de la OCDE en algunos renglones. Los precios por el uso moderado de servicios de telefonía móvil exceden en 30% el promedio de la OCDE y los precios por el uso moderado de líneas fijas residenciales y empresariales superan los promedios de la OCDE en 67% y 82% respectivamente”. Además, “en la mitad de las 400 áreas deservicio local (ASL) del país, sólo el operador dominante, Telmex, cuenta con la infraestructura necesaria para realizar llamadas de línea fija a clientes y cobra tarifas excepcionalmente altas por el servicio”.