Baja desnutrición en AL, pero se disparan sobrepeso y diabetes: FAO

jueves, 19 de enero de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) indicó este jueves que la reducción de la desnutrición en América Latina y el Caribe se acompañó con un disparo en la incidencia de sobrepeso y diabetes, sobre todo en las poblaciones más vulnerables, debido entre otros a los bajos precios de la comida chatarra. Además, informó que en la región se desperdicia un promedio de 223 kilos de comida por persona cada año, lo que equivale al 34% de los alimentos producidos e implica que mil 400 millones de hectáreas de tierras agrícolas son explotadas para nada. “Si bien en la región la malnutrición está presente en todas sus formas, el sobrepeso y la obesidad son problemas de salud que muestran una tendencia generalizada al alza, afectando mayormente a las mujeres”, planteó la FAO, al añadir que “uno de los factores más importantes que promueven el aumento de peso es el consumo de productos ultraprocesados de bajo valor nutricional y contenido alto de azúcar, grasa y sal”. En un informe que publicó hoy, la FAO planteó que las ventas de refrescos y comida ultraprocesada se dispararon en un 48% en América Latina entre 2000 y 2013. En la región se venden 129.6 kilos de comida chatarra y refrescos por persona cada año, y en México esta cifra se eleva a 214 kilos por persona y por año –un 30% más que en 2000--, lo que coloca el país en el primer lugar de la región y el cuarto a nivel mundial. Con más del 64% de su población en sobrepeso, México resultó el segundo país con mayor prevalencia de esta afectación en la región, detrás de Bahamas. La FAO señaló las “proporciones preocupantes” del fenómeno, “a causa del alto costo económico y social que tiene este problema”. De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2016), con datos levantados el año pasado, el 72.5% de la población adulta mexicana tiene exceso de peso –un incremento de 1.3% respecto a la encuesta levantada en 2012--, con una prevalencia mayor entre las mujeres –75.6%--. La FAO reiteró que el sobrepeso y la obesidad fomentan el surgimiento de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres, que causaron 2.6 millones de muertes en la región en 2012, una cifra superior en un 30% respecto al año 2000 y podrían costar 7 billones de dólares durante el periodo 2011-2025. A la par que la subalimentación y la desnutrición crónica infantil disminuyeron entre 1990 y 2016 –de 14.7% a 5.5% y de 24.5% a 11.3%, respectivamente--, el sobrepeso en niños menores de 5 años aumentó de 6.6% a 7.2%, lo cual implica que 3.9 millones de niños y niñas latinoamericanos no cumplen 5 años y ya se encuentran en sobrepeso. En México, esta tasa es incluso mayor: uno de cada once niños menores de 5 años se encuentra en sobrepeso, el cuarto nivel más grave en la región. Este fenómeno está directamente correlacionado con el escaso ingreso, subrayó la FAO. Las razones, según el informe: “la urbanización amplía la distancia entre productores y consumidores y produce cambios en los patrones de producción y consumo; en particular, implica una aumento en la disponibilidad y demanda de alimentos calóricamente densos, nutricionalmente pobres, menos diversos y más baratos en comparación con otros alimentos más saludables”. Grasas y azúcares, demasiado disponibles La FAO sostiene que la región de América Latina y el Caribe dispone de la cantidad de alimentos suficiente para surtir a toda la población, con una dieta que rebasa las 3 mil calorías diarias por persona en promedio –un incremento de 15% desde el trienio 1990-1992--. Sin embargo, la FAO detectó que la región, y particularmente Mesoamérica y Sudamérica, presenta una disponibilidad de grasas superior a la ingesta máxima recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que la disponibilidad de grasas se disparó en un 26% desde los años 90. Además, la FAO subrayó que una mayor disponibilidad de alimentos no garantiza que toda la población accede a ellos, sobre todo en una de las regiones con más pobreza y desigualdad del mundo –uno de cada tres latinoamericanos es pobre, y uno de cada nueve se encuentra en situación de pobreza extrema--, lo que vulnera el derecho a la seguridad alimentaria. “El costo por caloría de las frutas y verduras es mayor al costo por caloría del azúcar”, observó el organismo, al precisar que esta diferencia genera efectos negativos sobre la dieta y la salud. “El consumo de alimentos está determinado no solo por su disponibilidad, sino también por su precio”, añadió. Y notó que los productos ultraprocesados y calóricamente densos –la comida chatarra y los refrescos-- “suelen ser más baratos que los alimentos tradicionales (carnes magras, pescados, frutas y verduras) y usualmente desplazan a las dietas más saludables” en la población más pobre. La FAO determinó que, en la región, 100 calorías provenientes de verduras cuestan 140 veces más caro que 100 calorías derivados de la ingesta de azúcar, mantequilla y aceites; dos veces más caro que el equivalente en refrescos y dos veces y medio más caro que las golosinas. “Este es un dato preocupante, en vista de que en una dieta de 2 000 calorías el consumo de azúcar no debería superar los 50 gramos al día, lo que representa 10% de las calorías diarias recomendadas. Del mismo modo, respecto a las grasas la recomendación es que no superen el 30% del total de calorías diarias, es decir que no más de 600 calorías deben provenir de las grasas”, insistió. Para combatir esta tendencia, la FAO urgió a los países a incrementar el ingreso de la población a través de programas de empleo y de aumento del salario mínimo, así como a través de programas de transferencias monetarias. Producir mejor Otro problema de mayor relevancia para la región, según el organismo, es la deterioración ambiental –uso intensivo de insumos, degradación de suelos, pérdida de biodiversidad y deforestación-- generada por los modelos de producción agrícola. En los últimos 50 años, la superficie destinada a la agricultura se incrementó en un 34% en la región. A la par, se redujo en un 9% la superficie de bosques –cada año entre 2010 y 2015 se perdieron 2.2 millones de hectáreas -- y se duplicó la extracción de agua –7 de cada 10 diez litros se destinan a la agricultura--. Así, por ejemplo, los cultivos de soya y azúcar –que dañan el agua, el suelo y la biodiversidad-- se dispararon en el subcontinente en los últimos 15 años: de 103 millones a 164 millones de hectáreas para la soya y de 8.5 millones a 13.5 millones para el azúcar. De acuerdo con la FAO, el cultivo de frutas, hortalizas y legumbres ocupaba apenas una superficie inferior al 11% que la ocupada por la producción de soya. La situación es alarmante: la humanidad arroja a mil 300 millones de toneladas de alimentos cada año, sobre todo de cereales, frutas y hortalizas, y se estima que para el año 2050 la producción agrícola tendrá que aumentar entre 60% y 100%, a cuesta de los ya dañados ecosistemas terrestres. Por ello, el organismo llamó a migrar hacia “sistemas alimentarios sostenibles y sensibles a la nutrición”, que se enfoque en la reducción de desnutrición y de la malnutrición; en otras palabras: que los alimentos sean disponibles y sanos, y que su producción se realice respectando el medio ambiente. “Los Estados deben fomentar la producción sostenible de alimentos frescos, seguros y nutritivos, asegurando su oferta, diversidad y el acceso a los mismos, especialmente para los sectores más vulnerables. Esto debe ser complementado con educación nutricional y advertencias para los consumidores sobre la composición nutricional de alimentos altos en azúcar, grasas y sal”, sostuvo.

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