Liberalismo extiende la desigualdad y profundiza la pobreza: CCE

lunes, 8 de mayo de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) reconoció que en la historia del liberalismo se ha extendido la desigualdad y profundizado la pobreza. Al emitir su mensaje semanal, el organismo presidido por Juan Pablo Castañón justificó que el resurgimiento del proteccionismo tiene una explicación clara: “La baja movilidad social, el estancamiento del ingreso y la persistencia de la pobreza han cuestionado los beneficios de la integración y la apertura, el liberalismo y la democracia. Tanto en países desarrollados como en desarrollo, los discursos políticos que promueven límites a la integración son cada vez más rentables”. El CCE ejemplificó sobre la desigualdad que ha arrojado el liberalismo en los últimos años. “Mientras las grandes empresas incrementaron su productividad a una tasa de 5.8% anual; las pequeñas decrecieron en 6.5%. Mientras que el ingreso creció hasta 40% en las zonas urbanas, en las rurales decreció hasta 27%. Este fenómeno no es exclusivamente mexicano, la desigualdad ha crecido globalmente: ocho personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial”. Proteccionismo no es solución Pese a los inconvenientes que implica el modelo económico liberal, la iniciativa privada cerró filas y rechazó todo tipo de “proteccionismo”, pues según el empresariado mexicano, el libre mercado ha tenido más virtudes que defectos, desatando mayor crecimiento económico. Entonces comparó a México con la situación que vive Venezuela, donde la apertura comercial prácticamente no existe. En nuestro país, explicó, la eliminación de barreras comerciales y su inserción en la economía global ha traído beneficios importantes. “Nos permitió convertirnos en una potencia mundial manufacturera: hoy, somos el cuarto exportador de automóviles. También incrementamos la productividad del campo: actualmente, las exportaciones de hortalizas se multiplicaron más de cuatro veces y los productos mexicanos llegan a un mayor número de países”, señaló. No paró ahí. Juan Pablo Castañón dijo que la inversión extranjera directa también creció, empresas de tecnología de todo el mundo tienen operaciones en México hoy en día. Por si fuera poco, el sector privado como el público han invertido en innovación, si bien todavía por debajo de su potencial, “hoy, por ejemplo, Guadalajara es un referente importante para la industria de tecnología. Incluso se le ha llamado el Silicon Valley mexicano”, presumió. En cambio, el CCE lamentó que países como Venezuela, donde el proteccionismo fue la regla, los resultados económicos han sido desastrosos. En los últimos 10 años, precisó, se perdieron alrededor de medio millón de empresas y la tasa de desempleo se elevó hasta a un 21%, la más alta de América Latina. Tan sólo en 2016, Venezuela perdió aproximadamente un millón de empleos. Mientras la región crece a 1.2%, el país bolivariano cae a un ritmo de 6.4% anual. El Consejo Coordinador Empresarial defendió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) pues según el organismo,  el número de empleos aumentó 23%, es decir, se crearon 39 millones de empleos en México, Estados Unidos y Canadá. En ese mismo periodo, nuestras exportaciones manufactureras se multiplicaron por 10. Además, las empresas exportadoras o que cuentan con inversión extranjera directa pagan salarios 30% más altos que las que participan en el resto de la economía mexicana. Modelo necesita actualizarse Para la iniciativa privada del país, el modelo liberal necesita cambiar transformarse, actualizarse, pero no para eliminar los beneficios de la libre empresa sino para extenderlos, multiplicarlos y permearlos, en todas las ramas de la economía, hacia abajo. El CCE precisó que “el foco no puede ser solamente el crecimiento económico, sino el desarrollo social compartido, a través de la creatividad y la generación de valor. La solución no está en varitas mágicas, sino en educar y capacitar para la productividad, creatividad e innovación; en generar un ecosistema que promueva la inversión; en ser más competitivos y creativos. El punto es desarrollar destrezas y herramientas que nos permitan agregar valor”. El verdadero problema, señaló, es que no hemos conseguido generar un ambiente propicio para la creación y crecimiento de micro y pequeñas empresas. Tan sólo en nuestro país, 95% de las empresas son pequeñas; sin embargo, 53% de ellas tiene un déficit en el acceso a servicios bancarios. Advirtió: “La regulación es tan demandante, que en estas empresas seis de cada 10 empleados atienden trámites en lugar de dedicarse a producir, a buscar proveeduría, a nuevos productos, a vender y a cobrar”. Remató: “Si los empresarios tuviéramos la oportunidad de capitalizar nuestras ventajas comparativas, de incorporar nuevas tecnologías sin importar el tamaño de nuestros negocios, podríamos seguir ofreciendo cada vez mejores productos a menores precios; seríamos capaces de generar cada vez más empleos y mejor remunerados, con tecnología que incorpore innovación para el mercado”.