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Banxico recorta pronóstico de crecimiento del PIB al 5.4%

Sobre el aumento de la inflación, la institución encargada de la política monetaria del país, señaló que los choques derivados de la pandemia continúan presionando a la inflación en nuestro país en múltiples frentes.
miércoles, 1 de diciembre de 2021 · 18:35

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-El Banco de México (Banxico) advirtió de un panorama nada halagüeño para la economía mexicana en el cual se conjuga un crecimiento menor al esperado y una inflación disparada.

En su Informe Trimestral de Inflación, el banco central  recortó su previsión de crecimiento económico del país de 6.2% a 5.4% para el presente año, al tiempo que elevó su pronóstico de inflación de 5.7% a 6.8%, lejos de la meta del Banxico que es del 3%.

La revisión del crecimiento para 2021 responde, principalmente, a un desempeño del PIB por debajo de lo anticipado en el tercer trimestre del año, de acuerdo con el reporte.

Ello fue resultado, en parte, de una desaceleración de los servicios mayor a la prevista, lo cual se puede asociar con el recrudecimiento de la pandemia de covid-19 durante el periodo. A este resultado también contribuyó el menor gasto en los servicios de apoyo a los negocios ante la transición a la nueva regulación en materia de subcontratación laboral.

El Banco de México anticipa que a partir del cuarto trimestre del año en curso, la actividad económica retome un ritmo de expansión, apoyada tanto por la demanda externa, como por la interna, si bien con diferencias entre sectores.

Asimismo, se espera que la demanda externa se vea apoyada por una expansión de la actividad industrial de Estados Unidos.

Por el lado de la demanda interna, se prevé que los avances en la campaña de vacunación y la gradual disminución del número de nuevos contagios por covid-19, contribuyan a una normalización en las condiciones de oferta y a una recuperación en la demanda, particularmente del gasto en servicios.

No obstante, se considera que la economía mexicana continuará enfrentando un entorno complejo en el horizonte de pronóstico, toda vez que se prevé que prevalezcan diversos cuellos de botella en la producción, así como incertidumbre a nivel global en torno a la evolución de la pandemia y la aparición de nuevas variantes del virus.

Entre los riesgos para el crecimiento económico, el banco central destacó que ocurra un recrudecimiento de la pandemia, posiblemente por el surgimiento de nuevas variantes o una cobertura insuficiente de la vacunación, que implique la adopción de nuevas medidas para contenerla o una recuperación económica menos vigorosa.

Que se prolonguen o se intensifiquen los problemas de cuellos de botella en las cadenas de suministro a nivel global que han generado escasez de insumos para algunos sectores en México, particularmente el automotriz. Del mismo modo, que la pandemia conduzca a mayores costos de insumos y de producción en diversos sectores de la economía.

Otro de los riesgos es que se observen episodios adicionales de volatilidad en los mercados financieros internacionales que afecten los flujos de financiamiento para las economías emergentes.

Y por último, que la recuperación del gasto en inversión sea menor a lo esperado o insuficiente para apoyar el proceso de reactivación de la economía y el crecimiento de largo plazo. En este sentido, que una posible reorganización del sector eléctrico dé lugar a un clima de negocios menos propicio para la inversión.

Sobre el aumento de la inflación, la institución encargada de la política monetaria del país, señaló que los choques derivados de la pandemia continúan presionando a la inflación en nuestro país en múltiples frentes.

“El desbalance entre oferta y demanda a nivel mundial, ampliado por el lento restablecimiento de los canales de logística y la presencia de cuantiosos estímulos al gasto en las principales economías avanzadas, se ha traducido en aumentos de costos de diversos bienes y servicios”, abundó.

Asimismo, dijo, las referencias internacionales de los energéticos siguen sujetas a presiones por los bajos niveles de inventarios, en un entorno de baja inversión en ese sector y de recuperación de la demanda mundial por combustibles derivada de la mayor actividad económica global.

Ello en un contexto en el que, a nivel global y nacional, ha tenido lugar una reasignación del gasto de los hogares de los servicios hacia las mercancías, al tiempo que la producción se ha visto afectada por cuellos de botella o la escasez de insumos.

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