Economía

Pescaderías y restaurantes sustituyen pescados que venden por otros más baratos

La organización Oceana alertó que restaurantes y pescaderías de la CDMX, Ensenada, Guadalajara, Mérida y Tijuana ofertan ciertos tipos de pescado pero, en realidad, entregan otra especie hasta 700% más barata en 44% de los casos.
miércoles, 10 de marzo de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El 44% de los pescados que se venden en pescaderías y restaurantes de algunas ciudades del país son sustituidos por otras especies que en muchas ocasiones son de menor costo, provocando un sobreprecio al consumidor hasta del 700%, reveló Oceana, la mayor organización internacional centrada exclusivamente en la conservación de los océanos.

De acuerdo con la segunda edición del estudio #GatoXLiebre: estudio genético sobre sustitución de especies en el comercio de pescados en México, elaborado por el organismo, un kilo de robalo o huachinango puede llegar a los 490 o 412 pesos, respectivamente, cuando en realidad el consumidor está comprando tilapia, cuyo precio de venta es de 68 pesos por kilo.

Lo mismo pasa con la cabrilla cuyo costo por kilo es de 495 pesos, y se sustituye por basa, que tiene un precio de 80 pesos por kilo.

El engaño no sólo afecta a los consumidores. Para los pescadores genera afectaciones económicas graves, debido a que se vende pescado importado, como la basa, como si fuera producto nacional.

“Para el sector es difícil competir en el mercado con productos importados baratos, ya que sus costos de producción son considerablemente menores, más aún si estos se venden como si fueran especies nacionales de mucho mayor valor”, advirtió la organización.

Para llevar a cabo el estudio, se recolectaron e identificaron genéticamente 174 muestras de pescaderías y restaurantes en cuatro ciudades de México, de las cuales 57 muestras provenían de Tijuana-Ensenada (muestreo conjunto), 62 de Guadalajara y 55 de Mérida.

Además, se tomaron muestras de pescados vendidos con los siguientes 10 nombres comerciales: marlín, mero, dorado, robalo, sierra, huachinango, atún, mojarra, lenguado y curvina. Adicionalmente, se tomaron muestras de algunos nombres comerciales típicos de cada localidad ya que en Ensenada-Tijuana se incluyó el jurel y en Mérida el esmedregal y el chac-chi.

Se detectó que, en esas ciudades, la sustitución más común ocurre con especies como el huachinango, que a menudo es suplantado por la basa, un pescado de mucho menor precio e importado de China y Vietnam.

Los resultados revelan que en las ciudades donde se tomaron la muestra los “maestros del disfraz” son el marlín (100% de sustitución), el huachinango (88% de sustitución), y la curvina (53% de sustitución). Esta sustitución ocurrió en pescaderías la mitad de las veces en que se compró el producto dos de cada cinco veces en restaurantes.

“Los consumidores son los más perjudicados, ya que pagan un sobreprecio por pescados que no son los que ordenaron o pidieron. Con este estudio aportamos la evidencia de un problema público de grandes dimensiones y también nuestras propuestas para solucionarlo, con la participación de la industria pesquera y las autoridades del sector”, afirmó Renata Terrazas, directora ejecutiva de Oceana.

Afectación a los mares

Eso no es todo, el engaño también afecta la salud de los mares y se contrapone con los esfuerzos de protección de especies amenazadas.

 Por ejemplo, el marlín y cabrilla que son pescados de alta demanda, “encontramos que fueron sustituidos por tiburón mako, una especie amenazada de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)”, alertó el reporte.

Oceana propuso una política de trazabilidad de los productos pesqueros, con la que podamos rastrear el camino que recorre un pescado para llegar a las mesas de los consumidores, también conocido como cadena de valor y así brindar información veraz sobre la especie y origen del pescado que consumen los mexicanos.

“Esta política nos permitirá tener información clara en cada etapa de la cadena de valor del pescado, e identificar en cuál ocurre la sustitución y poner manos a la obra.  Una buena política de trazabilidad nos ayudará a tener la certeza de que estamos consumiendo el pescado que nos vendieron, y que el producto es resultado de la pesca legal”, afirmó Mariana Aziz, directora de Campañas de Transparencia.

Actualmente Oceana trabaja con la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) para construir una norma de trazabilidad que permita rastrear el pescado del barco al plato. Este proceso se encuentra en una etapa temprana, pero se encuentra dentro de las prioridades contenidos en el Programa Nacional de Pesca y Acuacultura 2020-2024.

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