Argentina: un año de peligro
Buenos Aires -- Argentina acaba de dejar atrás el peor año de su historia 12 meses después del derrocamiento del presidente Fernando de la Rúa, el 20 de diciembre del 2001, los argentinos salieron a las calles para recordar lo que para algunos fue una “revolución” y para otros un colapso institucional que hizo temblar a la joven democracia en el país sudamericano
“El 20 de diciembre significó la toma de conciencia de los argentinos del nivel de empobrecimiento al que lo han llevado, a partir de los innombrables crímenes políticos y económicos de la dictadura militar, sucesivos gobiernos democráticos plagados de políticos más preocupados por su beneficio personal que por el bienestar del pueblo”, dice en una entrevista con Apro el intelectual y escritor Diego Paszkowski
Ese día, decenas de miles de argentinos salieron a las calles de Buenos Aires batiendo sus cacerolas para pedir la renuncia de De la Rúa, en medio de una feroz crisis socioeconómica que se siguió agudizando a lo largo del último año, con su secuela de exclusión, hambre y violencia
Saqueos, 33 muertos, cinco de ellos a metros de la histórica Plaza de Mayo frente a la Casa de Gobierno, decenas de heridos, confiscación de los depósitos bancarios (“corralito”), una profunda crisis institucional, el default de la deuda externa privada, devaluación y un país a la deriva, fueron el corolario de un gobierno que había asumido dos años antes entre un optimismo inédito de la población tras 10 años de gestión de Carlos Menem
La “era menemista” había dejado un tendal de denuncias de corrupción y había instalado el insostenible modelo de la “convertibilidad” (1 dólar igual a 1 peso vigente desde 1991) que agobiaba a la economía de un país que, hasta ese entonces, presentaba los mejores índices sociales de América latina
“Fue el fracaso de un sistema político y el derrumbe de toda una dirigencia”, dice en diálogo con Apro el gobernador de la provincia patagónica de Santa Cruz y precandidato presidencial por el partido peronista, Néstor Kirchner
Cuesta abajo
En los 10 días siguientes, Argentina vivió una virtual acefalía de poder, con un total de cinco presidentes alternándose en el sillón de Rivadavia (presidencial) sin poder tomar las riendas de una nación destruida que se encaminaba peligrosamente a una “guerra civil”, como llegó a alertar quien el 1 de enero se convertiría en presidente, Eduardo Duhalde, elegido por la asamblea legislativa
Duhalde, curiosamente, había sido el candidato derrotado por De la Rúa en las últimas elecciones presidenciales y asumió el gobierno sin ningún respaldo popular y político con el mandato de llevar la transición, mientras la sociedad ganaba las calles al grito de guerra de “que se vayan todos” (los políticos)
“Algunos vivieron (los hechos de diciembre) como una revolución y como tal siguen conmemorándola Para otros, de lo que se trató fue del estallido de un colapso institucional”, dice el sociólogo Juan Carlos Portantiero, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la más prestigiosa del país
Argentina estaba al borde del abismo Los índices sociales, que durante décadas fueron el gran orgullo nacional, con la salud y la educación pública como emblemas de un país asentado en su poderosa clase media, se desbarrancaron La pobreza, que en la década de los años 60 era un fenómeno marginal y que en los años 90 abarcaba a entre el 15% y el 20% de la población, trepó al 53% La indigencia se palpó por primera vez en el país del trigo y la carne, considerado alguna vez como “el granero del mundo” La muerte de una veintena de niños por desnutrición conmociona aun al país, mientras el aumento de la violencia llevó a las grandes ciudades, con Buenos Aires a la cabeza, a una degradación difícil de sobrellevar para una sociedad acostumbrada a pasearse durante la madrugada por las calles sin ningún miedo
Hoy un ejército de “cartoneros” revisa todas las noches la basura en los grandes centros urbanos buscando no sólo cartones y diarios para reciclaje, sino comida El gobierno debió salir a anunciar apresuradamente la entrega de planes sociales de 150 pesos (unos 35 dólares) mensuales para los jefes o jefas de familia desocupados, mientras negocia un esquivo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional
Argentina cambió sus orgullosas íconos for export (tango, cultura, fútbol, amplia clase media de origen europeo y una capital llamada la “París de Sudamérica”) por las terribles imágenes de noticieros de TV mostrando a empobrecidos habitantes “faenando” una vaca “robada” para paliar el hambre o un niño famélico a punto de morir por desnutrición como en los países más miserables del África
“Nada ha cambiado (desde entonces): el hambre sigue y la pobreza avanza Queremos trabajo y alimentos”, dice el líder “piquetero” (que agrupa a organizaciones sociales y de desocupados) Luis D`Elia, uno de los organizadores de las protestas que enmarcaron las conmemoraciones por el primer aniversario de la caída de De la Rúa
Primero fue la devaluación de la moneda (del orden del 250%) y luego la inflación que agravaron el desempleo para llevarlo hasta el 21% de la población económicamente activa, en medio de una frenética caída del PIB (15% este año) y de la industria, el comercio y todos los sectores pilares de la economía nacional Y en el medio, una población que pedía a gritos cambios profundos, dolida y destrozada, mientras veía que el país se desbarrancaba sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo
Default múltiple
“Creo que este fue, para los argentinos, un año de transición, de replanteos, de pensamientos profundos en relación a la injusta distribución de la riqueza en el mundo, de los mezquinos privilegios de la clase política y de las inhumanas consecuencias que produce el sistema capitalista en los sectores más empobrecidos de la sociedad”, dice Paszkowski en su diálogo con Apro
Para Portantiero, a partir del 20 de diciembre del 2001 “Argentina vive un default múltiple --financiero, económico, político y social-- y atraviesa un equilibrio de fondo de pozo en el que las perspectivas de salida se ven todavía confusas”
“Esta sociedad ha visto crecer la pobreza y la indigencia hasta límites crueles, ha sufrido una caída estrepitosa de su producto bruto interno, ha cortado sus vínculos con el mundo y no ha resuelto ninguno de los problemas de ilegitimidad de su sistema político”, agrega
Pero un año después, el gobierno de Duhalde desparrama optimismo, de la mano de una serie de indicadores económicos que muestran un panorama más claro de cara al futuro
La industria aumentó 2% en noviembre en relación a igual mes del año anterior, el PIB creció en los últimos dos trimestres en forma leve pero continua, el fantasma de la hiperinflación fue derrotado, el dólar se mantiene estable (350 pesos por unidad) desde mayo y la liberación del “corralito” (depósitos en cuentas corrientes y de ahorro) a principios de diciembre no alteró en nada al mercado de cambios Incluso, los depósitos bancarios aumentaron (falta liberar aun el “corralón”, donde están atrapados los depósitos a plazos) y los analistas estiman que lo peor ya pasó y que Argentina crecerá a partir del año próximo
El secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América latina (CEPAL), José Ocampo, resumió ese optimismo en el reciente informe de ese organismo sobre la economía regional, presentado el 18 de diciembre en Santiago de Chile: “Argentina debería experimentar una recuperación aún más vigorosa” que la proyectada inicialmente para el 2003 con un crecimiento del 2%
Claro que Ocampo lo condicionó a que se diera “estrictamente hablando, un contexto político más estable y un acuerdo con el FMI con reglas aceptables”, y recordó que “es una recuperación que de todas maneras mantiene la actividad económica muy por debajo del nivel de hace algunos años”
Mientras tanto, el FMI continúa su política de “estira y afloja” con Argentina, que está a un paso de entrar en default con organismos internacionales al incumplir un pago por más de 700 millones de dólares al Banco Mundial, al que le abonó sólo intereses en forma simbólica como demostración de “voluntad política”
Cuando los primeros “piqueteros” tomaban el jueves 19 Buenos Aires para conmemorar el primer aniversario de la caída de De la Rúa, el FMI se apresuró a desmentir un “anuncio inminente” sobre un acuerdo con Argentina por su deuda externa del orden de los 140 mil millones de dólares
En ese contexto, Duhalde intenta sobrevivir hasta las elecciones previstas para abril y anunció exhultante que la recesión “termina a fines de este mes”
A matar o morir
Pero más allá de los serios problemas sociales y de que una pequeña luz comenzó a alumbrar la desmembrada economía argentina, Duhalde debe enfrentar aun una turbulenta crisis política dentro de su propio Partido Justicialista, donde se libra una feroz batalla de poder por la candidatura presidencial
Duhalde se enfrenta en una guerra a muerte con el ex presidente Carlos Menem, quien aspira a sucederlo en el poder el 25 de mayo, cuando el actual mandatario cederá el gobierno a quien resulte electo en los comicios
“Ambos salieron a matar o morir” en la interna del justicialismo, el histórico partido fundado por el tres veces presidente Juan Domingo Perón, confió a Apro una fuente del partido que pidió el anonimato
Duhalde sumó ya varios triunfos en su lucha contra Menem: logró posponer dos veces la fecha de las internas, ahora previstas para febrero, con el fin de ganar tiempo para “preparar mejor” a su candidato presidencial, el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, y al mismo tiempo darse un respiro en los próximos dos meses dejando de lado un “candidato justicialista fuerte”, elegido en internas, que lo dejaría virtualmente sin poder dentro del partido, agregaron las mismas fuentes
Lo cierto es que la candidatura de De la Sota no arranca en las encuestas, que siguen siendo lideradas por el exfugaz presidente Adolfo Rodríguez Saa y Menem, ambos peronistas y representantes de la “vieja política” argentina, en contrapartida con los gritos de cambio de la sociedad
Muy detrás los sigue la diputada centroizquierdista Elisa Carrió, quien perdió poder en los sondeos en los últimos meses, y el gobernador santacruceño y peronista Néstor Kirchner, a quien Duhalde comienza a “coquetear” para cobijarlo bajo su ala ante el virtual fracaso de De la Sota en las encuestas
“Se terminó la vieja política y es hora de la nueva dirigencia Los presidentes argentinos han tenido legalidad y legitimidad de origen, pero les faltó siempre legitimidad de ejercicio porque no hicieron lo que prometieron”, indica Kirchner en su entrevista con Apro
Ya sin “cacerolazos” en las calles, los argentinos ven como los candidatos se dirimen a la usanza de la “vieja política”, ignorando sus reclamos de cambios La primera muestra la dio la Unión Cívica Radical (UCR), de De la Rúa, que en las elecciones internas del 15 de diciembre de 2002 no logró designar su candidato Tanto Rodolfo Terragno como Leopoldo Moreau, ambos legisladores, se atribuyeron la victoria en medio de denuncias de fraude en un partido desmebrado después del fracaso “delarruista”
“Una nueva legitimidad sólo llegará cuando sea el producto de una articulación entre sociedad y política Hoy todavía estamos pagando el precio de esa escisión”, dice Portantiero
Mientras tanto, los argentinos recordaron los trágicos hechos de diciembre del 2001 entre el miedo a saqueos y violencia, y con la mirada puesta en un futuro mejor: “Creo que la Argentina aun cuenta con gente por demás valiosa, y que no es de ninguna forma el país miserable que los noticieros se empeñan en mostrar”, dice Paszkowski
En las calles decenas de miles de argentinos que sufrieron el “corralito” aun piden a gritos un cambio para devolverle a sus hijos el país que forjaron sus abuelos inmigrantes En la Plaza de Mayo, los “piqueteros” argentinos, desocupados e indigentes, ganaban la Plaza de Mayo con un reclamo más urgente: comida para los más pobres; un reclamo que encierra la gravedad de una crisis de un año en que los argentinos vivieron en peligro